Barioná (JP Sartre)

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BARIONÁ Sartre escribió Barioná en el otoño de 1940, en campo de concentración nazi en el que estuvo prisionero tras la capitulación de Francia en la Segunda Guerra Mundial. Lo hizo a petición de sus compañeros de prisión, en especial de un grupo de sacerdotes que estaban prisioneros con él. Se representó en el campo el día de Navidad de 1940 y Sartre hizo el papel del rey Baltasar. Después, Sartre no permitió su publicación aunque circularon algunas copias piratas elaboradas a partir de las partes de cada actor. Veintidós años después, en 1962, Sartre autorizó una publicación de 500 ejemplares que se agotaron inmediatamente. Acompañando esta edición apareció la siguiente nota del autor. “Si he tomado el tema de la mitología del cristianismo, eso no significa que la dirección de mi pensamiento haya cambiado ni siquiera por un momento durante el cautiverio. Se trataba simplemente, de acuerdo con los sacerdotes prisioneros, de encontrar un tema que pueda hacer realidad, la noche de Navidad, la unión más amplia posible entre los cristianos y los no creyentes” . Jean Paul Sartre 31-10-62 Años más tarde, en 1967, ante la petición de la editora Elisabeth Marescot, 3, rue Joseph Sansboef, Paris (8º), Sartre autorizó una nueva edición de la que no conozco el número de ejemplares y que es casi imposible de encontrar. La editora encabezó esta segunda edición con la siguiente nota: Nota del editor con ocasión de la segunda edición de “BARIONÁ” Desde 1962, los 500 ejemplares de la primera edición de Barioná han seguido su destino... Estudiantes alemanes, americanos, ingleses, franceses, italianos y japoneses que, por su relaciones culturales francesas o por frecuentar la Biblioteca Nacional, descubrieron un Jean Paul Sartre insólito, desearon tener su propio texto de esta obra.

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OJO EDICIN DE BARIONA DE Contat y Rybalka

BARION

Sartre escribi Barion en el otoo de 1940, en campo de concentracin nazi en el que estuvo prisionero tras la capitulacin de Francia en la Segunda Guerra Mundial. Lo hizo a peticin de sus compaeros de prisin, en especial de un grupo de sacerdotes que estaban prisioneros con l. Se represent en el campo el da de Navidad de 1940 y Sartre hizo el papel del rey Baltasar. Despus, Sartre no permiti su publicacin aunque circularon algunas copias piratas elaboradas a partir de las partes de cada actor. Veintids aos despus, en 1962, Sartre autoriz una publicacin de 500 ejemplares que se agotaron inmediatamente. Acompaando esta edicin apareci la siguiente nota del autor.

Si he tomado el tema de la mitologa del cristianismo, eso no significa que la direccin de mi pensamiento haya cambiado ni siquiera por un momento durante el cautiverio. Se trataba simplemente, de acuerdo con los sacerdotes prisioneros, de encontrar un tema que pueda hacer realidad, la noche de Navidad, la unin ms amplia posible entre los cristianos y los no creyentes.

Jean Paul Sartre 31-10-62

Aos ms tarde, en 1967, ante la peticin de la editora Elisabeth Marescot, 3, rue Joseph Sansboef, Paris (8), Sartre autoriz una nueva edicin de la que no conozco el nmero de ejemplares y que es casi imposible de encontrar. La editora encabez esta segunda edicin con la siguiente nota:

Nota del editor con ocasin de la segunda edicin de BARION

Desde 1962, los 500 ejemplares de la primera edicin de Barion han seguido su destino... Estudiantes alemanes, americanos, ingleses, franceses, italianos y japoneses que, por su relaciones culturales francesas o por frecuentar la Biblioteca Nacional, descubrieron un Jean Paul Sartre inslito, desearon tener su propio texto de esta obra.

Entre estos ltimos, los hay que esperaban una reimpresin de la obra para terminar la elaboracin de una tesis desarrollada a travs del existencialismo y su padre.

Si el Sr. J.P. Sartre ha accedido a responder a nuestra solicitud ha sido en parte para ayudar a aquellosa los que la consulta de Barion supona un oneroso viaje.Y damos las gracias al autor de Barion, tanto ms calurosamente cuanto que ha sido a ttulo rigurosamente graciable por su parte, el haber autorizado una segunda y limitada edicin de su obra.

Diciembre de 1967

El presente texto est traducido a partir de un ejemplar de esta segunda edicin encontrado por la Universidad Francisco de Vitoria en la biblioteca de la Universidad de Indiana.

PROLOGO

(msica de acorden)

El Mostrador de imgenes.

Mis buenos seores, voy a contaros las extraordinarias e inauditas aventuras de Barion, el hijo del Trueno. Esta historia tiene lugar en el tiempo en que los romanos eran dueos de Judea y espero que os interese. Podis mirar, mientras hablo, las imgenes que estn detrs de m; os ayudarn a representaros las cosas como eran. Y si quedis contentos, sed generosos. Suene la msica, empezamos

(Acorden)

Mis buenos seores, he aqu el prlogo. Soy ciego por accidente, pero antes de perder la vista he mirado ms de mil veces las imgenes que vais a contemplar y las conozco de memoria porque mi padre era mostrador de imgenes como yo y me ha dejado estas en herencia. Esta que veis detrs de m y que sealo con el bastn, s que representa a Mara de Nazaret. Un ngel acaba de anunciarle que tendr un hijo y que ese hijo ser Jess, Nuestro Seor.

El ngel es inmenso, con dos alas como dos arcos iris. Ustedes pueden verlo, yo no, pero lo veo an en mi cabeza. Ha penetrado como una inundacin en la humilde casa de Mara llenndola con su cuerpo fluido y sagrado y con su gran vestido flotante. Si miris atentamente el cuadro, os daris cuenta de que se pueden ver los muebles de la habitacin a travs del cuerpo del ngel. Se ha querido remarcar as su transparencia anglica. Est delante de Mara, que apenas le mira. Mara reflexiona. El ngel no tiene necesidad de hacer or su voz, similar a la del huracn. No ha hablado; ella le presenta ya en su carne. En este momento el ngel est delante de Mara y Mara es innombrable y misteriosa como un bosque por la noche y la buena noticia se ha adentrado en ella como un viajero de pierde en los bosques. Y Mara est llena de pjaros y de largos murmullos de hojas. Y mil pensamientos sin palabras se despiertan en ella, pesados pensamientos de madres que sienten dolor. Y mirad, el ngel parece no poder penetrar en esos pensamientos demasiado humanos: siente ser ngel, porque los ngeles no pueden nacer ni sufrir. Y esta maana de Anunciacin delante de los ojos sorprendidos de un ngel, es la fiesta de los hombres porque es el momento en el que el hombre va a ser sacralizado. Mirad bien la imagen, mis buenos seores, y suene la msica; el prlogo ha terminado; la historia va a comenzar nueve meses ms tarde, el 24 de Diciembre, el las altas montaas de Judea.

(Msica Nueva imagen)

El Recitador

Ahora, he ah las rocas y he ah un asno. El cuadro representa un desfiladero salvaje. El hombre que viaja sobre el asno es un funcionario romano. Es gordo y flccido, pero est de muy mal humor. Han pasado nueve meses desde la Anunciacin y el romano se apresura a travs de las rocas porque la noche va a caer y quiere llegar a Bethaur antes de que oscurezca. Bethaur es un pueblecito de ochocientos habitantes, situado a veinticinco leguas de Beln y a siete de Hebrn. El que sepa leer podr, cuando vuelva a casa, encontrarlo en un mapa. Ahora van a ver las intenciones de este funcionario, porque acaba d llegar a Bethaur y ha entrado a casa de Lev, el publicano.

(Se levanta el teln)

PRIMER CUADRO

(En casa de Lev, el publicano)

Escena I (Lelius y el publicano)

Lelius (Inclinndose hacia la puerta)

Mis respetos, seora, Querido, vuestra esposa es encantadora. Hum! Vamos, tenemos que hablar de cosas importantes. Sintese. S, s, sentaos y hablemos. Estoy aqu por ese censo...

El publicano

Cuidado, Seor Superintendente, cuidado! (Se quita su zapatilla y golpea el suelo).

Lelius

Qu era? Una tarntula?

El publicano

Una tarntula. Pero en esta poca del ao el fro les atonta notablemente. sta, medio se arrastraba, medio dorma.

Lelius

Encantador. Y tambin tenis escorpiones, por supuesto. Escorpiones igual de dormidos que mataran limpiamente, bostezando de sueo, a un hombre de ciento ochenta libras. El fro de vuestras montaas puede aterir a un ciudadano romano, pero no puede hacer reventar a vuestros sucios bichos. Se debera advertir, en Roma, a los jvenes que se preparan en la escuela colonial, de que la vida de un administrador de las colonias es un condenado tormento.

El publicano

Oh, Seor Superintendente...

Lelius

Lo dicho: un condenado tormento, querido. Llevo dos das vagando a lomos de mula por estas montaas y no he visto ni un ser humano; ni siquiera una planta, ni tan siquiera una mala hierba. Slo bloques de piedras rojas, bajo un cielo implacable de un azul helado, y con este fro, siempre este fro, que me pesa como un mineral y, de cuando en cuando, un pueblacho como ste, una boiga de vaca. Brrr... Qu fro!.. Incluso aqu, en vuestra casa... Por supuesto vosotros, los judos, no sabis calentaros; cada ao os sorprende el invierno, como si fuese el primer invierno del mundo. Sois verdaderos salvajes.

El publicano

Puedo ofreceros un poco de aguardiente para haceros entrar en calor?

Lelius

Aguardiente? Hum... Os dir que la administracin colonial es muy estricta: No debemos aceptar nada de nuestros subordinados cuando estamos en gira de inspeccin. Veamos, tendr que hacer noche aqu. Partir para Hebrn pasado maana. Por supuesto, no hay albergue.

El publicano

El pueblo es muy pobre, Seor Superintendente; nunca viene nadie. Pero si me atreviese...

Lelius

...me ofreceras una cama en vuestra casa? Pobre amigo mo, sois muy amable, pero es como siempre: Prohibido hospedarse en casa de nuestros subordinados cuando estamos en gira. Qu queris, nuestros reglamentos han sido redactados por funcionarios que nunca han salido de Italia y que no tienen ni idea de lo que es la vida colonial. Dnde debera pasar la noche? Al raso? En un establo? Esto no se corresponde con la dignidad de un funcionario romano.

El publicano

Puedo permitirme insistir?

Lelius

S, amigo mo. Insistid, insistid. Tal vez acabe por ceder a vuestras instancias. Queris decir, si os comprendo bien, que vuestra casa es la nica del pueblo que puede aspirar al honor de recibir al representante de Roma? Bueno... Oh, y en el fondo, en resumidas cuentas, no estoy del todo en gira de inspeccin... Querido, me quedar en vuestra casa esta noche.

El publicano

Cmo podr agradeceros el honor que me hacis? Estoy profundamente emocionado...

Lelius

Me lo imagino, amigo mo, me lo imagino. Pero no vayis a gritarlo por los tejados: Os incomodarais ms a vos que a m.

El publicano

No dir una palabra a nadie.

Lelius

Perfecto. (Extiende las piernas). Uf, estoy agotado. He visitado quince pueblos. Decidme una cosa, me estabais hablando de un aguardiente hace un momento... Qu demonios, tengo que beber! Y ya que me ofrecis alojamiento, sera conveniente que me dieseis tambin de beber y de comer. Excelente aguardiente, merecera ser romano.

El publicano

Gracias, Seor Superintendente.

Lelius

Uf... Querido, este censo es una historia imposible y no s que cortesano alejandrino a podido sugerir la idea al divino Csar. Se tata, simplemente, de contar a todos los hombres de la tierra. Daros cuenta, es una idea grandiosa. Pero luego, id a llevarla a la prctica en Palestina: la mayor parte de vuestros correligionarios no saben ni siquiera la fecha de su nacimiento. Han nacido el ao del gran crecida, el ao de la gran cosecha, el ao de la gran tempestad... Autnticos salvajes. No os sents molesto, por supuesto. Sois un hombre cultivado, aunque seis israelita.

El publicano

Tengo la gran ventaja de haber estudiado en Roma.

Lelius

Bien hecho. Se nota en vuestras maneras. Veamos, vosotros sois Orientales, captis el matiz? No seris nunca racionalistas, sois un pueblo de magos. Desde este punto de vista, vuestros profetas os han hecho mucho dao, os han habituado a la solucin perezosa: el Mesas. El que vendr a arreglar todo, el que liquidar con un toque la dominacin romana y establecer la vuestra en todo el mundo. Y consums Mesas... Cada semana surge uno nuevo y os cansis de l en das, como hacemos en Roma con los actores del teatro o con los gladiadores. El ltimo que me han enviado era albino e idiota en sus tres cuartas partes, pero vea en la noche como todos los de su especie: las gentes de Hebrn se maravillaban. Qu queris que os diga: El pueblo judo es an muy inmaduro.

El publicano

En efecto, Seor Superintendente, sera deseable que muchos de nuestros estudiantes pudieran ir a Roma.

Lelius

S. Eso proveera de mandos. Tomad nota que el gobierno de Roma, siempre que fuese consultado con antelacin, no vera con malos ojos la eleccin de un Mesas conveniente. Alguien que viniese de una antigua familia juda, por ejemplo, que hubiese hecho sus estudios con nosotros y que presentase garantas de respetabilidad. Pudiera se incluso que nosotros financisemos la empresa porque que esto quede entre nosotros- empezamos a hartarnos de los Herodes y, por otra parte, querramos, en su propio inters, que el pueblo judo pusiese de una vez un poco de plomo en su cabeza. Nos vendra bien un verdadero Mesas, un hombre que diese pruebas de una comprensin realista de la situacin de Judea.

Hum... Brr... Brr... Qu fro hace en vuestra casa. Decidme, habis convocado al jefe del pueblo?

El publicano

S, Seor Superintendente, estar aqu en un instante.

Lelius

Es necesario que tome a su cargo toda esta historia del censo; debera poder darme las listas maana por la tarde.

El publicano

A vuestras rdenes.

Lelius

Cuntos sois?

El publicano

Alrededor de ochocientos

Lelius

Es rico el pueblo?

El publicano

Ay...!

Lelius.

Ah, ah!

El publicano

Me pregunto como la gente puede vivir. Hay algunos pastos ralos; pero hay que hacer varias leguas para llegar a ellos. Eso es todo. La aldea se va despoblando poco a poco. Cada ao, cinco o seis de nuestros jvenes bajan a Beln. La proporcin de viejos supera ya a la de jvenes. Adems, la natalidad es baja.

Lelius

Qu esperis? No se puede criticar a los que se van a la ciudad. Nuestros colonos han instalado fbricas admirables en Beln. Puede ser que por ah venga la luz. Una civilizacin tecnificada, ya sabis lo que quiero decir, eh? Pero no he venido solamente por lo del censo. Decidme, cuntos impuestos recaudis.

El publicano

Bueno, hay doscientos indigentes que no aportan nada y los dems pagan sus diez dracmas. Contad, ao bueno con ao malo, cinco mil quinientos dracmas. Una miseria.

Lelius

S. Hm... Bien, sin embargo habra que tratar de sacar ocho mil. El procurador eleva la capitacin a quince dracmas.

El publicano

Quince dracmas... Es... Es imposible.

Lelius

Ah!, he ah una palabra que no debisteis or a menudo cuando estuvisteis en Roma. Vamos, vamos, seguro que tienen ms dinero del que dicen. Y, adems... Hm... Sabis que el gobierno no quiere meter las narices en los asuntos de los publicanos, pero, de todas maneras, creo que vos no perdis con ellos, no es as?

El publicano

No digo que no... No digo que no... Son diecisis dracmas lo que habis dicho?

Lelius

Quince

El publicano

S, pero el decimosexto es para mis gastos.

Lelius

Hm... Ah... (se re) Este jefe... Qu clase de hombre es?

Se llama Barion, no es as?

El publicano

S, Barion

Lelius

Esto es delicado. Muy delicado. Se ha cometido un gran error en Beln. Su cuado viva en la ciudad, tuvo all no s qu embrollada historia de un robo y, finalmente el tribunal judo le conden a muerte.

El publicano

Lo s. Fue crucificado. La noticia nos lleg hace ms o menos un mes.

Lelius

S. Hm... Y, cmo se ha tomado la cosa el jefe?

El publicano

No ha dicho nada.

Lelius

S. Malo. Muy malo eso... Ah!, es un grave error. S. Entonces, que tipo de persona es el Barion ese?

El publicano

Poco tratable.

Lelius

De la raza de los pequeos jefes feudales. Me lo tema. Estos montaeses son rudos como sus rocas. Recibe dinero nuestro?

El publicano

No quiere aceptar nada de Roma.

Lelius

Lstima! Ah!, eso no huele nada bien. No nos quiere mucho, me imagino.

El publicano

No s. No dice nada.

Lelius

Casado? Nios?

El publicano

Querra, dicen, pero no tiene. Es su mayor preocupacin.

Lelius

No me gusta; no me gusta nada. Tiene que tener un punto dbil... Las mujeres?... Las condecoraciones?... no? En fin, ya veremos.

El publicano

Aqu est

Lelius

Esto va a ser duro. (Entra Barion)

El publicano

Buenos das, seor.

Barion

Fuera, perro. Pudres el aire que respiras y no quiero estar en la misma habitacin que t. (Sale el publicano). Mis respetos, Seor Superintendente.

Escena II (Lelius, Barion)

Lelius

Os saludo, gran jefe, y os traigo el saludo del Procurador.

Barion

Soy tanto ms sensible a este homenaje cuanto ms s que soy totalmente indigno de l. Soy, en estos momentos, un hombre deshonrado, el jefe de una familia hundida.

Lelius

Queris hablar de este deplorable asunto? El Procurador me ha encargado especialmente de deciros cuanto lamenta los rigores del tribunal judo.

Barion

Os ruego que transmitis al Procurador mi agradecimiento por su graciosa solicitud. Me refresca y me sorprende como una corriente bienhechora en el corazn trrido del verano. Conociendo el poder absoluto del Procurador y viendo que permita a los judos semejante arresto, haba pensado que lo aprobaba.

Lelius

Pues bien, os equivocabais. Os equivocabais de medio a medio. Intentamos presionar al tribunal judo, pero, qu podamos hacer? Fue inquebrantable y deploramos su celo intempestivo. Haced como nosotros, jefe: Endureced vuestro corazn y sacrificad vuestro resentimiento a los intereses de Palestina. Decos que no hay inters ms urgente para estos intereses, incluso si conlleva aspectos desagradables para algunos, que conservar sus costumbres y su administracin local.

Barion

No soy ms que un jefe de pueblo y me excusaris si no entiendo nada de esa poltica. Mi razonamiento es, ciertamente, ms obtuso: me digo que he servido a Roma con lealtad y que Roma es todopoderosa. Es necesario que haya dejado de agradarle para que deje a mis enemigos de la ciudad hacerme esta injuria. Por un momento cre ponerme a salvo de sus odios deshacindome de todos mis poderes. Pero los habitantes de este pueblo, que han mantenido su confianza en m, me rogaron que siguiera a su cabeza.

Lelius

Y Habis aceptado. En buena hora. Habis comprendido que un jefe debe poner los asuntos pblicos por delante de sus rencores personales.

Barion

No tengo ningn rencor hacia Roma.

Lelius

Perfecto. Perfecto. Perfecto. Hmm... Los intereses de vuestra patria, jefe, son dejar guiar suavemente sus pasos hacia la independencia por la mano firme y benevolente de Roma.

Queris que os d, en este momento, la ocasin de probar al Procurador que vuestra amistad por Roma est tan viva como siempre?

Barion

Os escucho.

Lelius

Roma est involucrada, contra su deseo, en una guerra larga y difcil. Ms que como una ayuda efectiva, apreciara una contribucin extraordinaria de Judea a sus gastos de guerra como un testimonio de solidaridad.

Barion

Queris subir los impuestos?

Lelius

Roma lo necesita.

Barion

La capitacin?

Lelius

S

Barion

No podemos pagar ms.

Lelius

No se os pide ms que un pequeo esfuerzo. El Procurador eleva la capitacin a diecisis dracmas.

Barion

Diecisis dracmas! Venid a ver. Esos viejos montones de tierra roja, agrietados, hendidos, cuarteados, como nuestras manos, esas son nuestras casa. Se deshacen en polvo; tienen cien aos. Mirad a esa mujer que pasa, encorvada bajo el peso de su fardo, a ese tipo que lleva un hacha: no son ms que viejos. Todos viejos. El pueblo agoniza Habis odo el grito de un nio desde que estis aqu? Puede que quede una veintena de muchachos. Pronto se irn ellos tambin. Qu podra retenerles? Para comprar la miserable carreta que utiliza todo el pueblo nos hemos endeudado hasta el cuello. Los impuestos nos agotan, nuestros pastores necesitan hacer diez leguas para llevar nuestros corderos a unos pastos miserables. El pueblo se desangra. Desde que vuestros colonos romanos han puesto las serreras mecnicas en Beln, nuestra sangre ms joven corre de roca en roca, como una fuente clida, en hemorragias y cascadas, a regar las tierras bajas. Nuestros jvenes estn all, en la ciudad. En la ciudad, donde se les reduce a servidumbre, donde se les paga un salario de hambre, en la ciudad, que les matar a todos como ha matado a Simn, mi cuado. Este pueblo agoniza, Seor Superintendente, ya apesta. Y vens a apretar ms a esta carroa, vens todava a pedirnos oro para vuestras ciudades, para la llanura. Dejdnos morir tranquilos. Dentro de cien aos no quedar ni rastro de nuestra aldea, ni en esta tierra ni en la memoria de los hombres.

Lelius

Y bien, gran jefe, por lo que a m respecta, soy muy sensible a lo que tan bien habis querido decirme y comprendo vuestras razones; pero qu puedo hacer yo? El hombre est de corazn con vos, pero el funcionario romano ha recibido rdenes y tiene que ejecutarlas.

Barion

S. Y si rehusramos pagar el impuesto?

Lelius

Sera una grave imprudencia. El Procurador no admitira esa mala voluntad. Creo poderos decir que sera muy severo. Confiscara vuestros corderos.

Barion

Vendan los soldados a nuestro pueblo como lo hicieron en Hebrn el ao pasado? Violaran a nuestras mujeres y se llevaran nuestros animales?

Lelius

Sois vos quien puede evitarlo.

Barion

Est bien. Voy a reunir el Consejo de Ancianos para darle cuenta de vuestras peticiones. Contad con una rpida ejecucin. Deseo que el Procurador se acuerde durante mucho tiempo de nuestra docilidad.

Lelius

Podis estar seguro. El Procurador tendr en cuenta vuestras dificultades actuales, que yo le describir fielmente. Estad seguros de que si podemos ayudaros no nos quedaremos inactivos. Os saludo, gran jefe.

Barion

Mis respetos, Seor Superintendente. (Sale).

Lelius (Solo)

Esta sbita obediencia no me dice nada bueno; este salvaje de ojos de fuego medita un golpe bajo. Lev! Lev! (Entra el publicano). Dadme un poco ms de vuestro aguardiente, amigo mo, porque tengo que prepararme para grandes problemas.

TELN

El recitador

Tiene razn este funcionario romano. Tiene razn al desconfiar, porque Barion, saliendo de casa del publicano, ha hecho sonar la trompeta para llamar a los Ancianos al Consejo.

SEGUNDO CUADRO

(Delante de los muros del pueblo)

Escena I (Consejo de ancianos de Bethaur)

El coro de Ancianos (Recitando al modo de los coros de las tragedias griegas)

(Sonidos de trompetas entre bastidores, los ancianos van entrando poco a poco)

He aqu que la trompeta ha sonado.

Nos hemos revestido con nuestros trajes de ceremonia

y hemos franqueado las puertas de bronce

y nos sentamos delante del muro de piedra roja

como en tiempos pasados.

Nuestro pueblo agoniza y sobre nuestras casas

de tierra seca

planea el vuelo del negro cuervo.

Para qu tener consejo

cuando nuestro corazn est en cenizas

y rondan por nuestra cabeza

pensamientos de impotencia?

1 Anciano

Qu se quiere de nosotros? Para qu reunirnos? Antao, en el tiempo de mi juventud, las decisiones del Consejo eran eficaces y jams me ech para atrs, ni siquiera ante los propsitos ms atrevidos. Pero, de qu sirve hoy?

El coro de ancianos

Para qu hacernos salir de nuestros agujeros

donde nos enterramos para morir

como bestias enfermas?

Desde lo alto de esos muros, en otro tiempo,

nuestros padres rechazaron al enemigo,

pero ahora estn agrietados, se caen en ruinas.

Odiamos mirarnos cara a cara

porque nuestros rostros arrugados nos recuerdan tiempos perdidos.

2 Anciano

Se dice que un romano ha llegado al pueblo y que se ha alojado en casa de Lev, el publicano.

3 Anciano

Qu quiere de nosotros? Se puede arrear a un asno muerto? No tenemos dinero y seramos malos esclavos. Que nos dejen reventar en paz!

El coro de ancianos

Aqu est Barion, nuestro jefe.

Es joven todava, pero

su corazn est ms arrugado que los nuestros.

Llega, y su frente

parece arrastrarle a tierra.

Anda lentamente, y su alma est llena de holln.

(Barion entra lentamente, todos se levantan)

Escena II (Consejo de ancianos de Bethaur, Barion)

Barion

Oh, mis compaeros!

El coro de ancianos

Barion! Barion!

Barion

Un romano ha venido al pueblo trayendo rdenes del Procurador. Parece que Roma est en guerra. Pagaremos, por lo tanto, una capitacin de diecisis dracmas.

El coro de ancianos

Ay!

1 Anciano

Barion, no podemos, no podemos pagar ese impuesto. Nuestros brazos son demasiado dbiles y nuestros animales revientan. Un mal hado se ha cernido sobre nuestro pueblo. No obedeceremos a Roma.

2 Anciano

Bien. Entonces los soldados vendrn aqu a coger tus corderos, como hicieron en Hebrn el invierno pasado; te arrastrarn por la barba por los caminos y el tribunal de Beln har que te flagelen.

1 Anciano

Entonces t ests por pagar? Ests vendido a los romanos.

2 Anciano

No estoy vendido, pero soy menos estpido que t y s ver las cosas: cuando el enemigo es ms fuerte s que hay que agachar la cabeza.

1 Anciano

Me escuchis, compaeros? As de bajo hemos cado? Hasta aqu hemos cedido ante la fuerza, pero ya basta: lo que no podemos hacer, no lo haremos. Iremos a coger a ese romano a casa de Lev y le colgaremos de las almenas de nuestras murallas.

2 Anciano

Quieres rebelarte, t que tienes menos fuerza que un nio. Tu espada caera al primer choque y haras que nos masacrasen.

1 Anciano

Acaso he dicho que hara la guerra yo mismo? Todava hay entre nosotros quien no tiene ni treinta y cinco aos.

2 Anciano

Y les predicas la rebelin a ellos? Quieres que ellos luchen para que t puedas guardar tus cobres?

3 Anciano

Silencio! Escuchemos a Barion.

El coro de ancianos

Barion! Barion! Barion! Escuchemos a Barion!

Barion

Pagaremos ese impuesto.

El coro de ancianos

Ay!

Barion

Pagaremos ese impuesto. (Pausa) Pero nadie, despus de nosotros, pagar ms impuestos en este pueblo!

1 Anciano

Cmo podr hacerse eso?

Barion

Porque no habr nadie para pagar el impuesto. Oh, mis compaeros!, ved en qu estado nos encontramos: Vuestros hijos os han abandonado para bajar a la ciudad y vosotros habis querido quedaros, porque sois orgullosos. Y Marcos, Simn, Balarm, Jerevh, aunque son jvenes todava, siguen entre nosotros porque son orgullosos tambin. Y yo, que soy vuestro jefe, hago como ellos. As me lo ordenan mis ancestros. Y sin embargo, mirad: el pueblo es como un teatro vaco cuando el teln ha cado y los espectadores lo han abandonado. Las grandes sombras de las montaas han cado sobre l. Os he reunido y estamos todos aqu, sentados ante el ocaso del sol. Sin embargo, cada uno de nosotros est solo, en la negrura, y el silencio nos rodea como un muro. Un silencio muy extrao: El menor sollozo de un nio bastara para romperlo, pero si nosotros unisemos nuestras fuerzas y gritsemos todos juntos, nuestras viejas voces se romperan contra l. Estamos encadenados a nuestra roca como viejas guilas sarnosas. Los que todava somos jvenes de cuerpo, hemos envejecido en el alma y nuestro corazn est duro como una piedra porque no esperamos nada desde nuestra infancia. No esperamos nada, salvo la muerte. Todo esto era ya as en tiempos de nuestros padres: El pueblo agoniza desde que los romanos entraron en Palestina y aquel de entre nosotros que engendra una nueva vida es culpable de prolongar esta agona. Escuchad: el mes pasado, cuando me contaron la muerte de mi cuado, sub a lo alto del monte Sarn; vi nuestro pueblo aplastado bajo el sol y medit en mi corazn. Pens: nunca he salido de mi terruo y sin embargo conozco el mundo, porque all donde se encuentre un hombre, el mundo entero se agolpa a su alrededor. Mi brazo es todava vigoroso, pero soy sabio como un anciano. Ahora es el momento de dar rienda suelta a mi sabidura. Con las guilas sobre mi cabeza en el cielo fro, yo miraba nuestro pueblo y la sabidura me dijo: el mundo no es ms que una cada interminable, el mundo no es ms que una mota de polvo que no termina nunca de caer. Las personas y las cosas aparecen de repente en un punto de la cada y, apenas aparecidos, son arrastrados por esta cada universal y empiezan tambin a caer, se atomizan y se deshacen. Oh, compaeros!, mi sabidura me ha dicho: la vida es una derrota, nadie sale victorioso, todo el mundo resulta vencido; todo ha ocurrido para mal siempre y la mayor locura del mundo es la esperanza.

El coro de ancianos

La mayor locura del mundo es la esperanza!

Barion

Entonces, mis compaeros, no debemos resignarnos a la cada, porque la resignacin es indigna del hombre. Por eso os digo: tenemos que acostumbrar con resolucin nuestras almas a la desesperanza. Cuando descend del monte Sarn mi corazn estaba cerrado como un puo sobre mi dolor, lo apretaba fuerte y duramente, como un ciego aprieta su bastn con su mano. Mis compaeros, cerrad vuestros corazones sobre vuestra pena, apretad fuerte, apretad duro porque la dignidad del hombre est en su desesperanza. Esta es mi decisin: no nos rebelaremos a un viejo perro tioso se le manda a su perrera de una patada. Pagaremos el impuesto para que nuestras mujeres no sufran. Pero el pueblo va a amortajarse con sus propias manos. No haremos ms nios. He dicho!

1 Anciano

Qu? No ms nios?

Barion

No ms nios. No tendremos ms relaciones con nuestras mujeres. No queremos perpetuar la vida ni prolongar los sufrimientos de nuestra raza. No engendraremos ms, consumiremos nuestra vida en la meditacin del mal, de la injusticia y del sufrimiento. Dentro de un cuarto de siglo, los ltimos de nosotros estarn muertos. Tal vez yo parta el ltimo. En ese caso, cuando sienta llegar mi hora, me revestir con mi vestido de fiesta y me tumbar en la plaza mayor con la cara mirando al cielo. Los cuervos limpiaran mi carroa y el viento dispersar mis huesos. Entonces el pueblo retornar a la tierra. El viento golpear las puertas de las casas vacas, nuestras murallas de tierra se derretirn como la nieve de primavera en las laderas de las montaas, no quedar nada de nosotros sobre la tierra ni en la memoria de los hombres.

El coro de ancianos

Es posible que pasemos el resto de nuestros das

sin ver la sonrisa de un nio,

con el oscuro silencio espesndose a nuestro alrededor?

Para quin, ay!, trabajaramos?

Podremos vivir sin nios?

Barion

Os lamentis? Osarais, entonces, crear vidas jvenes con vuestra sangre podrida? Queris refrescar con hombres nuevos la interminable agona del mundo? Qu destino deseis para vuestros futuros hijos? Qu se queden aqu, como buitres en una jaula, solitarios y desplumados? O bien que bajen all, a las ciudades, para convertirse en esclavos de los romanos, trabajar por salarios de hambre para acabar por morir en la cruz? Obedeceris. Y deseo que nuestro ejemplo sea anunciado por toda Judea y que sea el origen de una nueva religin, la religin de la nada, y que los romanos sean los dueos de nuestras ciudades desiertas y que nuestra sangre caiga sobre sus cabezas. Repetid conmigo el juramento que voy a hacer: Ante el Dios de la Venganza y de la Clera, delante de Jehov, juro no engendrar nunca ms. Y si falto a mi juramento, que mi hijo nazca ciego, que sufra la lepra, que sea un objeto de desprecio para los dems y de vergenza y dolor para m. Repetid, judos, repetid:

El coro de ancianos

Ante el Dios de la Venganza y de la Clera...

Sara (la mujer de Barion)

Parad!

Escena III (Consejo de ancianos de Bethaur, Barion, Sara)

Barion

Qu quieres, Sara?

Sara

Parad!

Barion

Qu pasa? Habla!

Sara

Yo... vena a anunciarte..., oh, Barion!, me acabas de maldecir: has maldecido mi vientre y el fruto de mi vientre.

Barion

No quieres decir que...?

Sara

S. Estoy embarazada, Barion. Vena a hacrtelo saber, estoy embarazada de ti.

Barion

Ay!

El coro de ancianos

Ay!

Sara

Has entrado en m y me has fecundado y yo me he abierto a ti y hemos rezado juntos a Jehov para que nos diese un hijo. Y hoy, que te lo traigo dentro de m y que nuestra unin ha sido por fin bendecida, me rechazas y ofreces nuestro hijo a la muerte. Barion, me has mentido. Me has posedo y me has hecho sangrar y he sufrido sobre tu cama y he aceptado todo porque crea que t queras un hijo. Pero ahora veo que me mentas y que buscabas simplemente tu placer. Y todas las alegras que mi cuerpo te ha dado, todas las caricias que te he dado y he recibido, todos nuestros besos, todos nuestros abrazos, yo, a mi vez, los maldigo.

Barion

Sara! No es verdad, no te he mentido. Quera un hijo. Pero hoy he perdido toda esperanza y toda fe. Es por este nio que tanto he deseado y que llevas dentro de ti por lo que no quiero que nazca. Es por l. Ve al hechicero, te dar unas hierbas y quedars estril.

Sara

Barion, te lo suplico

Barion

Sara, soy seor del pueblo y dueo de la vida y la muerte. He decidido que mi familia se extinguir conmigo. Ve. Y no tengas aoranza; hubiese sufrido, te hubiese maldecido.

Sara

Aunque tuviese la seguridad de que me traicionara, que morira en la cruz como los ladrones y me maldijera, incluso as, le traera al mundo.

Barion

Pero, por qu?, por qu?

Sara

No lo s. Acepto por l todos los sufrimientos que va a padecer aunque s que yo los sentir tambin en mi propia carne. No hay una espina en su camino que pueda clavarse en su pie sin clavarse tambin en mi corazn. Sangrar a borbotones por sus dolores.

Barion

Y crees que los aligerars con tu llanto? Nadie podr padecer por l sus sufrimientos: para sufrir y para morir se est siempre solo. Incluso si ests al pie de su cruz, estara solo para sufrir su agona. Es por tu alegra por lo que le quieres dar a luz, no por la suya. No le amas suficiente.

Sara

Le amo ya, tal y como pueda ser. A ti, te eleg entre todos, vine a ti porque eras el ms hermoso y el ms fuerte. Pero al que espero, no le he elegido y, sin embargo, le espero. Le amo por adelantado, incluso si fuese feo, incluso si fuese ciego, incluso si tu maldicin debe cubrirle de lepra, amo por adelantado a este nio sin nombre y sin cara, a mi nio.

Barion

Si le amas, ten compasin de l. Djale dormir el sueo tranquilo de los no nacidos. Quieres darle como patria una Judea esclavizada? Por morada esta roca helada y ventosa? Por cobijo este tejado desvencijado? Por compaeros estos viejos amargados? Y por familia nuestra familia deshonrada?

Sara

Quiero darle tambin el sol y el aire fresco y las sombras violetas de las montaas y la risa de las nias. Te lo ruego, deja nacer un nio, deja al mundo, una vez ms, una oportunidad.

Barion

Cllate! Es una trampa. Siempre creemos que hay una oportunidad ms. Cada vez que se trae a un nio al mundo creemos que le damos una oportunidad, y no es verdad. Los naipes estn marcados de antemano. La miseria, la desesperanza, la muerte, le esperan en cada esquina.

Sara

Barion, estoy ante ti como una esclava ante su Seor y te debo obediencia. Sin embargo, s que te equivocas y que haces mal. No conozco el arte de la oratoria y no encontrara ni las palabras ni las razones que pudieran confundirte. Pero tengo miedo delante de ti: ah ests, rebosante de orgullo y de mala voluntad como un ngel rebelde, como el ngel de la desesperacin, pero mi corazn no est contigo.

(Entra Lelius)

Escena IV (Los mismos, Lelius)

Lelius

Seora, seores.

El coro de ancianos

El romano... (Se levantan todos).

Lelius

Pasaba por aqu, seores y he sorprendido vuestro debate. Ejem! Permitidme, jefe, apoyar los argumentos de vuestra esposa y exponeros el punto de vista de Roma. La seora, si queris creerme, demuestra un sentido exquisito de las realidades cvicas y esto debiera avergonzaros, jefe. Ha comprendido que, en este caso, no estis solo y que hay que considerar en primer lugar los interesas de la Sociedad. Roma, institutriz benevolente de Judea, est involucrada en una guerra que promete ser muy larga y sin duda vendr el da en que llamar a concurso a los indgenas que protege, rabes, negros, israelitas. Qu ocurrira si no encontrase ms que viejos para responder a su llamada? Querrais que el derecho sucumbiese por falta de brazos que lo defendiesen? Sera escandaloso que las guerras victoriosas de Roma debieran detenerse por falta de soldados. Pero, aunque viviramos en paz durante siglos, no olvidis que entonces sera la industria la que reclamara vuestros hijos. En cincuenta aos los salarios han aumentado mucho, lo que demuestra que la mano de obra es insuficiente. Y aado que esta necesidad de mantener los salarios tan altos es una pesada carga para la patronal romana. Si los judos hacen numerosos nios, con la oferta de trabajo sobrepasando por fin la demanda, los salarios podran bajar considerablemente, liberndose as capitales que podran ser ms tiles en otra parte. Hacednos obreros y soldados, jefe, ese es vuestro deber. Esto era lo que la seora senta confusamente y yo estoy feliz de haberle podido prestar mi modesto concurso para explicar su sentimiento.

Sara

Barion, no me reconozco en ese discurso. No es en absoluto lo que quera decir.

Barion

Lo s. Sin embargo, mira quienes son tus aliados y agacha la cabeza. Mujer, este nio que t quieres hacer nacer es como una nueva edicin del mundo. A travs de l, las nubes y el agua y el sol y las casas y el dolor de los hombres existirn una vez ms. Vas a recrear el mundo, va a formarse como una costra espesa y negra alrededor de una pequea consciencia escandalizada que vivir ah, prisionera en el centro de la costra, como una larva. Comprendes qu enorme incongruencia, qu monstruosa falta de tacto, traer nuevos seres a este mundo fallido? Hacer un nio es aprobar la creacin en el fondo del corazn, es decirle al Dios que nos tortura: Seor, todo est bien y te doy gracias por haber creado el universo. Verdaderamente quieres cantar ese himno? Puedes asumir decir: si este mundo pudiera volverse a hacer, lo rehara exactamente como es? Djalo, mi dulce Sara, djalo. La existencia es una lepra vergonzosa que nos roe a todos y nuestros padres han sido los culpables. Mantn tus manos puras, Sara, y que puedas decir el da de tu muerte: no dejo a nadie detrs de m para perpetuar el sufrimiento humano. Vamos, vosotros, jurad:

Lelius

Yo sabr impedir eso.

Barion

Y como nos lo impediris, Seor Superintendente? Nos arrojaris en prisin? Sera el medio ms seguro de separar al hombre de la mujer y de hacerlos morir estriles, cada uno por su lado.

Lelius (Terrible)

Voy a... (Calmado) Hmm! Voy a informar al Procurador.. (Sale)

Barion

Ante el Dios de la Venganza y de la Clera, juro no engendrar.

Coro de ancianos

Ante el Dios de la Venganza y de la Clera, juro no engendrar.

Barion

Y si faltase a mi juramento, que mi hijo nazca ciego.

El coro d ancianos

Y si faltase a mi juramento, que mi hijo nazca ciego.

Barion

Que sea objeto de desprecio para los dems y para m, de vergenza y de dolor.

Coro de ancianos

Que sea objeto de desprecio para los dems y para m, de vergenza y de dolor.

Barion

Ya est! Estamos comprometidos. Id, y sed fieles vuestro juramento.

Sara

Y si, sin embargo, fuese voluntad de Dios que engendrsemos?

Barion

Entonces, que haga un signo a su servidor. Pero que se d prisa, que me enve sus ngeles antes del alba. Porque mi corazn est cansado de la espera y no se desprende uno fcilmente de la desesperanza una vez que se ha probado.

TELN

El recitador

He ah, he ah a Barion que pone al Seor en el trance de manifestarse. Ah! No me gusta esto, no me gusta en absoluto... Sabis lo que se dice en mi tierra? No despertis al gato que duerme. Cuando Dios est tranquilo todo va mal que bien, pero queda entre humanos. Nos arreglamos, nos explicamos, la vida se mantiene cotidiana. Pero si Dios empieza a moverse, patatrs! Es como un temblor de tierra y los hombres caen boca arriba o sobre sus narices. Es endiablado reencontrarse; hay que empezar otra vez. Y precisamente, en la historia que os estoy contando, Dios ha entrado en el juego. No ha debido gustarle que Barion le hable as. Se ha dicho: Qu es esto...? y en la noche ha enviado a su ngel a la tierra, a algunas leguas de Bethaur. Voy a ensearos el ngel; mirad bien y que suene la msica... Veis?, todos esos hombrecillos que se acurrucan, son pastores que apacientan sus rebaos en la montaa. Y, naturalmente, han pintado con cuidado las alas del ngel y el artista ha hecho lo que ha podido para mostrarlo imponente. Pero voy a deciros lo que pienso yo; las cosas no son as. Cre mucho tiempo en esa imagen, mientras vea claro, porque me deslumbraba. Pero desde que no veo, he reflexionado y he cambiado de opinin. Un ngel, sabis, no muestra sus alas de buen grado. Seguro que habis encontrado ngeles en vuestra vida. A lo mejor los hay entre vosotros. Y bien, habis visto alguna vez sus alas? Un ngel es un hombre como vosotros y yo, pero el Seor ha extendido su mano sobre l y le ha dicho: Mira, te necesito; por esta vez, hars de ngel... Y el buen hombre se mezcla entre los dems, completamente asombrado, como Lzaro resucitado entre los vivos, y tiene en su cara una expresin un poco estpida, una expresin ni carne ni pescado, porque no se acostumbra a ser ngel. Todos desconfan de l, porque es a travs suyo como llega el escndalo. Y os voy a decir lo que pienso: Cuando uno encuentra a un ngel, a uno de verdad, empieza por creer que es el Diablo. Para volver a nuestra historia, yo vera ms bien las cosas de esta manera: Una meseta, en lo alto de una montaa, los pastores estn ah, alrededor del fuego y uno de ellos toca la armnica.

(Se levanta el teln)

TERCER CUADRO

(En la montaa, por encima de Bethaur)

Escena I (Simn, Caifs, Pablo, pastores, otros tres pastores dormidos, el viajero)

Simn

(Toca la armnica)

El viajero

Buenas noches, muchachos!

Simn

Eh! Quin anda por ah?

El viajero

Soy Pedro, el carpintero de Hebrn. Vengo de vuestro pueblo.

Simn

Salud compadre! La noche es tranquila, no?

El viajero

Demasiado tranquila. Esto no me gusta! Caminaba por la oscuridad, sobre la roca dura y estril y crea atravesar un jardn lleno de flores enormes calentadas por el sol del final de la tarde, sabes?, cuando te dejan en la nariz todo su perfume. Me alegro de haberos encontrado, me senta ms solo en medio de esa dulzura que en medio de un huracn. Adems, he encontrado en los caminos un olor espeso como una niebla.

Simn

Qu tipo de olor?

El viajero

Ms bien bueno. Pero me envolva la cabeza, hubirase dicho que era un ser vivo, como un banco de peces, como una bandada de perdices o, ms bien, como esas densas nubes de polen que planean en primavera sobre la tierra fecunda y que a veces son tan espesas que ocultan el sol. Cay sobre m de repente y lo sent vibrar alrededor de m; me sent embebido por completo.

Simn

Tienes suerte. Tu olor no ha subido hasta nosotros y yo slo huelo el perfume natural de mis compaeros que evoca ms bien al ajo y al macho cabro.

El viajero

No! Si hubieses estado en mi lugar, hubieses sentido miedo, como yo. Lo que quiera que fuese cruja, canturreaba, susurraba por todas partes, a mi derecha, a mi izquierda, delante de m, detrs de m; hubirase dicho que miles de capullos florecan en unos rboles invisibles, hubirase dicho que la naturaleza haba elegido esta meseta desierta y halada para darse a ella sola, durante una noche de invierno, la fiesta magnfica de la primavera.

Simn

Loco de remate!

El viajero

Haba hechicera ah; no me gusta que huela a primavera en mitad del invierno; hay un tiempo para cada estacin.

Simn (Aparte)

Se ha vuelto tarumba el pobre... (En alto) Entonces, me decas que venas de Bethaur?

El paseante

S. Pasan cosas raras all.

Simn

Ah! Ah! Sintate y cuntanos todo con detalle! Me encanta charlar al lado de un gran fuego, pero los pastores nunca vemos a nadie, salvo a nosotros mismos. Esos duermen y estos otros dos que velan conmigo no tienen conversacin. Apuesto a que es Ruth, eh? La ha sorprendido su marido con Chalam? Siempre predije que eso acabara mal. No se escondan lo suficiente.

El viajero

No das ni una. Es Barion, vuestro jefe. Se ha dirigido a Dios y le ha dicho: dame una seal antes del alba. Si no, prohibir a mis hombres tener relaciones con sus mujeres.

Simn

Tener relaciones con sus mujeres? Loco de remate, se ha vuelto completamente chiflado. Sin embargo, no haca ascos a las caricias de la suya, si lo que dicen es verdad. Seguro que ella le ha puesto los cuernos.

El viajero

No, para nada.

Simn

Entonces?

El viajero

Parece que es por la poltica.

Simn

Ah! Si es por la poltica... Pero, vamos, colega, es una poltica muy chunga. Yo no hubiera nacido si mi padre hubiese hecho esa poltica.

El viajero

Eso es lo que quiere Barion: impedir a los nios nacer.

Simn

Ouaau! Bueno, si no yo hubiera nacido, lo echara de menos. No todos los das va como uno querra, no lo discuto. Pero mira: hay momentos que no son del todo malos, se toca un poco la guitarra, se bebe un poco de vino y, adems, uno ve alrededor suyo, en las otras montaas, fuegos de pastor como ste que le guian el ojo. Eh!, vosotros, os eso? Barion prohibe a los hombres acostarse con sus mujeres.

Caifs

No? Y, con quin se van a acostar?

El viajero

Con nadie.

Pablo

Pobrecillos! Van a acabar rabiosos.

Simn

Bah! A nosotros no nos fastidiar mucho. El invierno es una estacin muerta para los amores, pero en primavera las chicas de Hebrn vendrn a buscarnos a la montaa. Y, adems, si hubiese que descansar una temporada no lo echara demasiado de menos: para mi gusto me han calentado demasiado.

El viajero

Bueno, me voy, que Dios os guarde.

Caifs

No bebers antes un traguito?

El viajero

A fe que no! No estoy todava tranquilo. No s lo que pasa esta noche en la montaa, pero quiero darme prisa para llegar a casa. Cuando los elementos hacen fiesta, no es bueno estar en los caminos. Buenas noches!

Simn, Caifs y Pablo

Buenas noches!

(Sale el viajero)

Caifs

Qu es todo eso que cuenta?

Simn

Crees que lo s? Ha olido un olor, odo cierto ruido... Bobadas!

(Un silencio)

Pablo

Sin embargo, este Pedro tiene la cabeza en su sitio.

Caifs

Bah!... Es posible que haya visto algo. El que est a menudo en los caminos suele tener encuentros extraos.

Simn

Sea lo que sea lo que ha visto, espero que no llegue hasta aqu.

Pablo

Venga t, toca cualquier cosa.

(Simn toca la armnica) (al poco, deja de tocar)

Caifs

Qu pasa?

Simn

No tengo ganas de tocar

(Un tiempo en silencio)

Caifs

No se que tiene a los corderos inquietos: desde la cada de la noche no he hecho ms que or sus cencerros.

Pablo

Y los perros estn nerviosos: ladran a la luna y no hay luna.

(Un tiempo de silencio)

Caifs

No acabo de entenderlo: Barion prohibiendo a los hombres tener relaciones con sus mujeres. Ha debido cambiar mucho, era un conquistador. Y hay ms de una entre las mujeres de los alrededores de Bethaur que debe de acordarse.

Pablo

Es un mal asunto para su mujer: Es un tiarrn el Barion.

Caifs

Y ella! Dara cualquier cosa por tenerla en mi cama.

(Un tiempo de silencio)

Simn

Eh! Es verdad que hay alrededor de nosotros un olor que no es el nuestro.

Caifs

S, huele mucho. Es una noche extraa. Mirad que cerca estn las estrellas, se dira que el cielo se ha posado en la tierra. Y sin embargo est negra como boca de lobo.

Pablo

Hay noches como esta. Parece que van a parir algo, de tanto que pesan y, finalmente, no sale ms que un poco de viento al alba.

Caifs

T no ves ms que viento. Pero las noches como estas son ms ricas en signos que la mar en peces. Hace siete aos, me acordar siempre, velaba aqu mismo y era una noche que te pona los pelos de punta; gritaba y gema por todas partes; la hierba estaba tumbada como si el viento la hubiese azotado con sus pezuas y, sin embargo, no haba una brizna de viento. Al da siguiente, cuando llegu a casa, mi vieja me dijo que haba muerto mi padre.

(Simn estornuda)

Qu pasa?

Simn

Es este perfume, que me hace cosquillas en las narices. Es ms fuerte a cada momento. Se dira que estamos en el bazar de un peluquero rabe. Entonces, crees que pasar algo esta noche?

Caifs

S

Simn

Ser un acontecimiento considerable, a juzgar por la fuerza de este olor. La muerte de un rey por lo menos. No me siento nada tranquilo, no necesito que los muertos me hagan seales y pienso que podran morirse de una vez sin hacerse anunciar en la cima de las montaas. Las muertes de los reyes son historias para ocupar a las gentes ociosas de las ciudades. Pero nosotros no tenemos necesidad de eso aqu.

Caifs

Shhh... Cllate!

Simn

Qu pasa?

Caifs

Se dira que no estamos solos. Siento como una presencia, pero no podra decir cul de mis cinco sentidos me avisa. Es algo redondo y suave contra m.

Simn

Ay, ay, ay! Qu tal si despertamos a los otros? Hay cerca de m algo tierno y caliente que se frota. Es como los domingos, cuando cojo el gato de casa en mis rodillas.

(No despiertan a los otros)

Caifs

Mis narices se desbordan con un olor enorme y suave, el perfume me envuelve como el mar. Es un perfume que palpita, que me roza y que me ve, una suavidad gigante que fluye a travs de mi piel hasta mi corazn. Estoy penetrado hasta la mdula por una vida que no es la ma y que no conozco. Estoy perdido en el fondo de otra vida como en el fondo de un pozo, me asfixio, estoy ahogado en perfume, levanto la cabeza y ya no veo las estrellas; pilares inmensos de una ternura extraa se elevan alrededor de m hasta los Cielos y soy tan pequeo como un gusanillo.

Pablo

Es verdad, ya no se ven las estrellas.

Simn

Se est pasando, el olor es menos fuerte.

Caifs

S..., se va, se est pasando. Se acab. Como estn de vacos la tierra y los cielos ahora! Venga vuelve a tocar la armnica, vamos a seguir con nuestra guardia. Seguramente no ser la nica maravilla que veremos esta noche. Pablo, pon un tronco en el fuego, para que no se apague.

(Entra el ngel)

Escena II (Los mismos y el ngel)

El ngel

Puedo calentarme un momento?

Pablo

Quin eres?

El ngel

Vengo de Hebrn, tengo fro.

Caifs

Calintate si quieres. Y si tienes sed, ah tienes vino. (Un silencio) Has subido por el camino de las cabras?

El ngel

No lo s. S, creo que s.

Caifs

Has olido el olor que vaga por los caminos?

El ngel

Qu olor?

Caifs

Un olor... No, si no lo has olido, no hay nada que decir. Tienes hambre?

El ngel

No.

Caifs

Ests plido como la muerte.

El ngel

Estoy plido porque me han dado un golpe.

Caifs

Un golpe?

El ngel

S. Me alcanz como un puetazo. Pero ahora es necesario que vea a Simn, Pablo y Caifs. Sois vosotros, no es as?

Los tres

S

El ngel

T eres Simn, no es eso? Y t Pablo? Y t? T eres Caifs?

Caifs

De qu nos conoces? Eres de Hebrn?

Pablo (Aparte)

Tiene aspecto de estar dormido de pie, palabra. (En alto) Y quieres algo de nosotros?

El ngel

S, os he buscado entre vuestros rebaos y vuestros perros han aullado al verme.

Simn (Aparte)

Ahora comprendo!

El ngel

Tengo un mensaje para vosotros.

Simn

Un mensaje?

El ngel

S. Perdonadme, el camino es largo y ya no s lo que tena que deciros. Tengo fro. (Con ardor). Seor, mi boca tiene un sabor amargo y mis hombros se hunden bajo tu enorme peso. Os llevo, Seor, y es como si llevase la tierra entera. (A los otros) Os he asustado, no? Me he acercado a vosotros en la noche, los perros aullaban a la muerte cuando pasaba y tengo fro. Siempre tengo fro.

Simn

Es un pobre chiflado.

Caifs

Cllate! Y t, danos tu mensaje.

El ngel

El mensaje? Ah, s, el mensaje! Ah va: Despertaos compaeros y poneos en marcha. Iris a Bethaur y gritaris la buena noticia.

Caifs

Qu noticia?

El ngel

Escuchad: es en Beln, en un establo. Atended y haced el silencio. Hay en el cielo un gran vaco y una gran espera, porque todava no ha ocurrido nada. Y hay un fro en mi cuerpo similar al fro del cielo. En estos momentos, en un establo, hay una mujer acostada sobre la paja. Haced el silencio porque el cielo se ha vaciado entero como un gran agujero, est desierto y los ngeles tienen fro. Ah! Qu fro tienen!

Simn

Eso no se parece para nada a una buena noticia.

Caifs

Cllate!

(Un largo silencio)

El ngel

Ya est! Ha nacido! Su espritu infinito y sagrado est prisionero en un cuerpo de nio todo sucio y se extraa de sufrir y de ignorar. Ah est. Nuestro dueo no es nada ms que un nio. Un nio que no sabe hablar. Tengo fro, Seor, qu fro tengo! Pero ya basta de llorar sobre la pena de los ngeles y el inmenso desierto de los cielos. Por todas partes en la tierra corren olores ligeros y ha llegado el momento para los hombres de alegrarse. No tengis miedo de m, Simn, Caifs, Pablo; despertad a vuestros compaeros.

(Sacuden a los dormidos)

Primer pastor

Eh? Qu pasa?

Segundo pastor

Dejadme dormir. Estaba soando que tena entre mis brazos a una suave doncella.

Tercer pastor

Y yo soaba que me coma...

Los tres

Para qu nos despertis?

Y quin es ese con cara larga y plida que parece, como nosotros, despertarse?

El ngel

Id a Bethaur y gritad por todas partes: El Mesas ha nacido. Ha nacido en un establo, en Beln.

Todos

El Mesas?

El ngel

Decidles: Bajad en tropel a la ciudad de David a adorar al Cristo, vuestro Salvador. Le reconoceris en que encontraris un nio pequeo en paales y acostado en un pesebre. T, Caifs, ve a buscar a Barion, que sufre y tiene el corazn lleno de hiel y dile: Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

Todos

Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

Simn

Vamos todos, dmonos prisa y saquemos de su cama a todos los habitantes de Bethaur y nos alegraremos con su sorpresa. Porque nada es ms agradable que anunciar una buena noticia.

Pablo

Y quin guardar nuestros corderos?

El ngel

Yo los guardar.

Todos

Vamos! Vamos! Deprisa! Pablo, coge tu cantimplora y t Simn, tu acorden. El Mesas est entre nosotros. Hosanna! Hosanna!

(Salen atropellndose)

El ngel

Tengo fro...

TELN

CUARTO CUADRO

(La plaza de Bethaur, al rayar el alba)

Coro de los pastores

Hemos dejado la cima de la montaa

y hemos descendido entre los hombres

porque nuestro corazn estaba lleno de alegra.

All, en la ciudad de techos planos y casas blancas

que no conocemos y que a duras penas podemos imaginar,

en medio de una gran muchedumbre de hombres que dorman

tumbados sobre su espalda,

atravesando con su pequeo cuerpo blanco las tinieblas malficas de la noche de las . [ciudades,

de la noche de los cruces de caminos,

y subiendo desde las profundidades de la nada

como un pez de vientre plateado sube desde los abismos del mar,

nos ha nacido el Mesas!

El Masas, el Rey de Judea, el que nos prometieron los Profetas,

el Seor de los judos, ha nacido, trayendo la alegra sobre nuestra tierra.

Por eso, la hierba va a crecer en la cima de las montaas

y los corderos van a pastar solos

y no tendremos que hacer nada,

y nos tumbaremos de espaldas todo el da,

acariciaremos a las chicas ms guapas

y cantaremos himnos de alabanza al Seor.

Por eso hemos cantado y bebido por el camino

y estamos borrachos, con una borrachera ligera,

parecida a la de la bailarina de pies de cabra

que durante mucho tiempo ha girado al son de la flauta.

(Bailan. Simn toca la armnica)

Caifs

Eh, venga! Jerevh, ciete la cintura y ven a conocer la buena noticia.

Todos los pastores

Arriba! Arriba! Jerevh

Jerevh

Qu pasa? Estis chalados? Es que no puede uno dormir tranquilo? Haba dejado mis preocupaciones junto a mis vestidos al pie de la cama y estaba soando que era joven.

Todos los pastores

Baja, Jerevh, baja! Te traemos la buena noticia.

Jerevh

Y quines sois vosotros? Ah!, son los pastores del monte Sarn. Qu vens a hacer al pueblo y quin guarda vuestros corderos?

Caifs

Dios los guarda. Cuidar de que ninguno se extrave porque est es una noche bendita entre todas, fecunda como el vientre de una mujer, joven como la primera noche del mundo, porque todo vuelve a empezar desde el principio y todos los hombres de la tierra estn admitidos a probar suerte otra vez.

Jerevh

Es que los romanos se han ido de Judea?

Pablo

Baja! Baja! Lo sabrs todo. Vamos a despertar a los dems.

Simn

Shalam! Shalam!

Shalam

S? Acabo de saltar de la cama y no veo nada. Hay fuego?

Simn

Baja, Shalam, y ven a unirte a nosotros.

Shalam

Estis locos para despertar a un hombre a estas horas? Es que no sabis con cunta impaciencia esperamos el sueo en Bethaur, el sueo que se parece a la muerte?

Simn

Ms a mi favor, Shalam, ya no querrs dormir, corrers como un cabrito por los riscos de las montaas, incluso por la noche, y cogers flores para hacerte una guirnalda.

Shalam

Qu tonteras dices! No hay flores en los riscos de las montaas.

Simn

Las habr. Y van a crecer limoneros y naranjos en la cima de los montes y slo tendremos que extender la mano para coger unas naranjas de oro grandes como la cabeza de un nio. Te traemos la buena noticia.

Shalam

Habis encontrado un nuevo fertilizante? Se han revalorizado los productos del campo?

Simn

Baja! Baja! Te lo diremos todo.

(La gente sale poco a poco de sus casas y se agrupan en la plaza)

El publicano (Aparece en lo alto de su escalera)

Qu pasa? Estis borrachos? Hace ms de cuarenta aos que no oigo esos gritos de alegra por la calle. Y elegs para gritar el da en que tengo un romano en casa! Es un escndalo.

Pablo

Los romanos sern expulsados de Judea a patadas en el culo y colgaremos a los publicanos por los pies sobre braseros ardientes.

El publicano

Es la revolucin! Es la revolucin!

Lelius (En pijama con el casco puesto)

Hum! Que est pasando?

El publicano

Es la revolucin! Es la revolucin!

Lelius

Judos, sabis que el gobierno...

Caifs

Ciudadanos y pastores, cantemos y bailemos porque la edad de oro ha llegado!

Todos menos Lelius y el publicano. (Cantando)

El Eterno reina! Que la tierra se estremezca de alegra, que todas las islas se regocijen!

Las multitudes y la oscuridad le rodean, la justicia y el juicio son la base de su trono. El fuego va con l y cerca por todas partes a sus enemigos!

Los relmpagos brillan por todas partes. El mundo y la tierra tiemblan al verle!

Las montaas se funden como la cera por la presencia del Eterno, por la presencia del Seor de toda la tierra!

Los Cielos anuncian su Justicia y todos los pueblos ven su gloria!

Sin le ha odo y se ha regocijado y las hijas de Jud se han estremecido de alegra!

Que el mar exulte de alegra y la tierra y todos los que la habitan!

Que los ros batan palmas y las montaas canten!

Porque el Eterno viene para juzgar a la tierra: juzgar al mundo con justicia y a los pueblos con equidad!

(Entra Barion)

Barion

Perros! Es que no sois felices ms que cuando se os burla con palabras de miel? No tenis suficiente valor en el pecho para mirar a la verdad cara a cara? Vuestros cantos me destrozan los odos y vuestras danzas de mujer borracha me hacen vomitar de asco.

La muchedumbre

Pero, Barion, Barion, el Cristo ha nacido!

Barion

El Cristo! Pobres locos! Pobres ciegos!

Caifs

Barion, el ngel me ha dicho: Ve a buscar a Barion, que sufre y tiene el corazn lleno de hiel y dile: Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

Barion

Ha! La buena voluntad! La buena voluntad del pobre que se muere de hambre bajo la escalera del rico sin quejarse! La buena voluntad del esclavo al que flagelan y que dice: gracias! La buena voluntad de los soldados empujados a la masacre que luchan sin saber por qu! Por qu no est aqu vuestro ngel y no hace sus encargos l mismo? Le contestara: no hay paz para m en la tierra; y si quiero ser un hombre de mala voluntad?

(La muchedumbre grue)

La mala voluntad! He blindado mi corazn con una triple coraza; contra los dioses, contra los hombres y contra el mundo. No pedir compasin ni dir gracias. No doblar mi rodilla delante de nadie, pondr mi dignidad en mi odio, llevar cuenta exacta de todos mis sufrimientos y de los dems hombres. Quiero ser el testigo del dolor de todos; lo recoger y lo guardar en m como un blasfemo. Quiero elevarme contra el cielo como una columna de injusticia; morir solo e irreconciliado y quiero que mi alma suba hacia las estrellas como un gran clamor de metales, el clamor de la ira.

Caifs

Ten cuidado Barion! Dios te ha dado una seal y t rehusas orla.

Barion

Aunque el Eterno me hubiese mostrado su rostro entre las nubes, rehusara orle porque soy libre; y contra un hombre libre, ni el mismo Dios puede nada. Puede reducirme a polvo o incendiarme como a un arbusto, puede hacer que me retuerza en mis sufrimientos como el sarmiento en el fuego, pero no puede nada contra este pilar acerado, contra esta columna inflexible: la libertad del hombre. Pero lo primero, imbciles, de dnde sacis que me ha dado una seal? Ah estis, crdulos. Apenas stos os han contado su historia y os revolcis en la credulidad como si se tratase de depositar vuestros ahorros en las arcas de un banco de la ciudad. Vamos a ver, t, Simn, el ms joven de los pastores, acrcate, tienes aspecto ms ingenuo que los otros y me dars cuenta de los hechos con ms fidelidad, tal y como han pasado. Quin os ha anunciado la buena noticia?

Simn

Eh!, seor, era un ngel.

Barion

Por qu sabes que era un ngel?

Simn

Por el mucho miedo que he tenido. Cuando se acerc al fuego cre que me caa de culo.

Barion

S? Y cmo era el ngel? Tena grandes alas desplegadas?

Simn

Por mi vida, no. Tena el aspecto de haberle dado un aire y vacilaba sobre sus piernas. Y tena fro. Ah! El pobre, qu fro tena!

Barion

Bonito enviado del cielo, seguramente. Y qu prueba os ha dado de lo que os anunciaba?

Simn

Bueno... l nos... l nos... no nos dio ninguna prueba en absoluto.

Barion

Qu? Ni siquiera un pequeo milagrito? No cambi el fuego en agua? Ni tan solo ha hecho florecer el extremo de vuestros cayados?

Simn

No pensamos en pedirle ningn milagro y lo siento porque tengo un mal reumatismo que me hace polvo en el muslo y hubiera debido rogarle, mientras estaba con nosotros, que me lo quitase. Hablaba con dificultad. Nos dijo: Id a Beln, buscad el establo y encontraris un nio envuelto en paales.

Barion

Pardiez! Bonito asunto. Hay en estos momentos una muchedumbre en Beln por el censo. Los albergues no dan abasto, rechazan a mucha gente y muchos duermen bajo las estrellas y en los establos. Os apuesto a que encontris ms de veinte recin nacidos en los pesebres. Slo tendris el problema de elegir.

La muchedumbre

Es verdad.

Barion

Y luego? Qu hizo luego vuestro ngel?

Simn

Se fue.

Barion

Se fue? Quieres decir que desapareci, se evapor en una humareda como suelen hacer sus semejantes?

Simn

No, no. Se marcho andando sobre sus dos pies, cojeando un poco, de una forma muy natural.

Barion

He ah vuestro ngel, cabezas huecas! Basta que unos pastores borrachos de vino encuentren en la montaa un simple de espritu que les cuente no s qu sobre la venida del Cristo para que os pongis a babear de alegra y a lanzar vuestros sombreros al aire?

1 Anciano

Ay, Barion! Hace tanto tiempo que lo esperamos!

Barion

Y a quin esperis? A un rey, a un poderoso de la tierra que aparecer en toda su gloria y atravesar el cielo como un cometa, precedido de una explosin de trompetas. Y, qu os dan? Un nio miserable, sucio, gimiendo en un establo, con briznas de paja clavadas en su lengua. Ah! Bonito rey! Id, bajad, bajad a Beln, seguramente vale la pena el viaje.

La muchedumbre

Tiene razn! Tiene razn!

Barion

Volved a casa, buena gente, y mirad al futuro con ms discernimiento. El Mesas no ha venido y, que queris que os diga, no vendr nunca. Este mundo es una cada interminable, lo sabis bien. El Mesas sera alguien que parase esta cada, que invertira de repente el curso de las cosas y hara rebotar el mundo en el aire como una pelota. Entonces veramos los ros subir desde el mar hasta sus fuentes, las flores creceran sobre las rocas y los hombres tendran alas y naceramos viejos para empezar a rejuvenecer hasta nuestra ms tierna infancia. Es el universo de un loco el que os imaginis. Slo tengo una certidumbre, y es que todo seguir cayendo siempre; los ros hacia el mar, los pueblos viejos bajo la dominacin de los jvenes, las empresas humanas en la decrepitud y nosotros en la infame vejez. Volved a casa.

Lelius (Al publicno)

No creo que nunca ningn funcionario romano se haya encontrado en una situacin tan embarazos. Si no me equivoco, van a bajar en masa a Beln y montar all un guirigay que me traer problemas. Y si les desengao, perseverarn, con ms fuerza que nunca, en el error de ayer y no harn ms nios. Qu puedo hacer? Ejem! Lo mejor es no decir nada y dejar que los acontecimientos sigan su curso natural. Entremos y finjamos no haber odo nada.

Jerevh

Vamos, volvamos a casa! Tenemos todava tiempo de dormir un poco. Soar que soy feliz y rico. Y nadie podr robarme mis sueos.

(Amanece poco a poco. La gente va abandonando la plaza)

(Suena msica)

Caifs

Esperad! Esperad! Qu msica es esa? Y quines vienen hacia nosotros con tan maravilloso squito?

Jerevh

Son reyes de Orienete, todos vestidos de oro. Nunca he visto nada tan maravilloso.

El publicano (A Lelius)

He visto reyes parecidos en la exposicin colonial en Roma, hace casi veinte aos.

1 Anciano

Apartaos para abrirles paso. Su cortejo viene para aqu.

(Entran los Reyes Magos)

Melchor

Buenas gentes, quin est al mando aqu?

Barion

Yo.

Melchor

Estamos todava lejos de Beln?

Barion

Est a veinte leguas.

Melchor

Estoy contento de haber encontrado, por fin, alguien que me pueda dar indicaciones. Todos los pueblos de los alrededores estn desiertos porque sus habitantes han partido a adorar al Cristo.

Todos

El Cristo? Entonces, es verdad? Ha nacido el Cristo?

Sara (Que est mezclada con la multitud)

Ah, decidnos, decidnos que ha nacido y dad calor a nuestro corazn. Ha nacido el nio divino. Hay una mujer que ha tenido esa suerte! Ah, mujer doblemente bendita!

Barion

Tambin t Sara? tambin t?

Baltasar

El Cristo ha nacido! Hemos visto su estrella elevarse en Oriente y la hemos seguido.

Todos

El Cristo ha nacido!

1 Anciano

Nos estabas engaando, Barion, nos engaabas!

Jerevh

Mal pastor, nos has mentido, queras que reventsemos, eh?, sobre esta roca estril, y mientras tanto los de las tierras bajas hubieran gozado a su gusto de Nuestro Seor.

Barion

Pobres idiotas! Creis todo eso porque estn revestidos de oro.

Shalam

Y tu mujer? Mrala, mrala!, y dinos si ella no cree tambin. Porque la has engaado como a nosotros.

Lelius (Al publicano)

Ja, ja! Esto se pone feo para nuestro buitre oriental. He hecho bien en no inmiscuirme.

La muchedumbre

Sigamos a los Magos! Bajemos con ellos a Beln!

Barion

No iris! Mientras sea vuestro jefe, no iris.

Baltasar

Qu? Vas a impedir a tus hombres ir a adorar al Mesas?

Barion

No creo ms en el Mesas que en todas vuestras fbulas. Veo claro el juego de los ricos y los reyes como vosotros. Tomis el pelo a los pobres con engaos para que estn tranquilos. Pero os digo que a m no me tomaris el pelo. Habitantes de Bethaur, ya no quiero ser vuestro jefe, porque habis dudado de m. Pero os lo repito una ltima vez: mirad vuestra desesperanza cara a cara, porque la dignidad del hombre est en su desesperanza.

Baltasar

Ests seguro de que no est ms bien en su esperanza? No te conozco de nada, pero veo en tu cara que has sufrido y veo tambin que te has complacido en tu dolor. Tus rasgos son nobles, pero tus ojos estn medio cerrados y tus odos parecen taponados. Veo en tu rostro la gravidez que se percibe en los ciegos y los sordos; te pareces a uno de esos dolos trgicos y sanguinarios que adoran los pueblos paganos. Un dolo iracundo, con el ceo fruncido, ciego y sordo a las palabras de los hombres y que no oye sino los consejos de su orgullo. Sin embargo, mranos: nosotros hemos sufrido tambin y somos sabios entre los hombres. Pero cuando esta estrella nueva se ha elevado, hemos dejado nuestros reinos sin dudarlo, la hemos seguido y vamos a adorar a nuestro Mesas.

Barion

Bien: id a adorarle. Quin os lo impide y qu hay entre vosotros y yo?

Baltasar

Cul es tu nombre?

Barion

Barion. Y?

Baltasar

T sufres Barion.

(Barion se encoge de hombros)

Sufres y, sin embargo, tu deber es esperar. Tu deber de hombre. Es para eso para lo que el Cristo ha bajado a la tierra. Para ti ms que para cualquier otro, porque t sufres ms que cualquier otro. El ngel no espera nada, porque goza de su alegra y Dios le ha dado todo por adelantado y la piedra tampoco espera, porque vive estpidamente en un presente perpetuo. Pero cuando Dios dio forma a la naturaleza del hombre, fundi juntas la esperanza y la preocupacin. Porque el hombre, sabes? es siempre mucho ms de lo que es. Ves a este hombre, apesadumbrado por su carne, enraizado en su sitio por sus dos grandes pies y dices, extendiendo la mano para tocarle: Est aqu. Y no es verdad: est donde est un hombre, Barion, est siempre en otra parte. En otra parte, ms all de las cimas violetas que ves desde aqu, en Jerusaln; en Roma, ms all de este da helado, maana. Y todos estos que te rodean, hace tiempo que no estn aqu: estn en Beln, en un establo, alrededor del pequeo cuerpo caliente de un nio. Y todo este porvenir en el que el hombre est imbricado, todas las cimas, todos los horizontes violetas, todas las ciudades maravillosas que le deslumbran sin haber puesto nunca en ellas sus pies, todo eso, es la Esperanza. La Esperanza. (Dirigindose a los prisioneros del pblico). Mira a los prisioneros que estn delante de ti, que viven en el barro y el fro. Sabes lo que veras si pudieses seguir su alma? Las colinas y los dulces meandros de un ro. Y vias, y el sol del sur. Sus vias y su sol. Es all donde estn. Y las vias doradas de septiembre, para un prisionero aterido de fro y cubierto de piojos, son la Esperanza. La Esperanza es lo mejor de ellos mismos. Y t quieres privarles de sus vias y de sus campos y del brillo de las colinas lejanas, t no quieres dejarles ms que el barro y las pulgas y las chinches, t quieres darles el presente desorientado de los animales. Porque esa es tu desesperanza: rumiar el instante fugaz, mirarte el ombligo con una mirada rencorosa y estpida, arrancar de tu tiempo el futuro y encerrarlo en un crculo alrededor del presente. Entonces ya no sers un hombre, Barion, no sers ms que una piedra dura y negra en el camino. Las caravanas pasan por ese camino, pero la piedra permanece sola y rgida como un mojn en su resentimiento.

Barion

No haces ms que chochear, viejo.

Baltasar

Barion, es verdad que somos muy viejos y muy sabios y que conocemos todo el mal de la tierra. Sin embargo, cuando hemos visto esa estrella en el cielo nuestros corazones han palpitado con una alegra como la de los nios. Nos hicimos como nios y nos pusimos en camino porque queramos cumplir con nuestro deber de hombres, que es esperar. El que pierda la esperanza, Barion, ese, ser expulsado de su pueblo, ser maldito y las piedras del camino sern ms duras para l y los espinos ms hirientes. La carga que lleve le resultar ms pesada y todas los infortunios se abatirn sobre l como abejas irritadas y cada persona se burlar de l gritndole. Pero, para aqul que espera, todo sern sonrisas y el mundo le ser dado como un regalo. Vosotros, los dems, ved si debis quedaros aqu o decidiros a seguirnos.

Todos

Te seguimos.

Barion

Parad! No os vayis! An tengo algo que deciros.

(Salen todos empujndose)

T Jerevh, t fuiste antao mi compaero y siempre creas en mi palabra. No tienes ya confianza en m?

Jerevh

Djame: nos has engaado.

(Se va)

Bariona

Y t, Anciano, t eras siempre de mi opinin en los Consejos.

El Anciano

Entonces eras el jefe... Hoy no eres nadie. Djame pasar.

Barion

Bueno, idos! Idos, pobres locos. Ven, Sara, nos quedaremos aqu, t y yo, solos...

Sara

Barion, voy a seguirles.

Barion

Sara! (Un silencio). Mi pueblo est muerto, mi familia deshonrada, mis hombres me abandonan. Crea que no poda sufrir ms y me equivocaba. Sara, es de ti de donde me ha venido el ms duro golpe. Entonces, no me amas?

Sara

Te amo, Barion. Pero comprndeme. All hay una mujer feliz y plena, una madre que ha dado a luz por todas las madres y es como un permiso lo que ella me ha dado: El permiso para traer a mi hijo al mundo. Quiero verla, verla, a esta madre feliz y sagrada. Ella ha salvado a mi hijo. Nacer, ahora lo s. Dnde?, poco importa. Al borde de un camino o en un establo, como el suyo. Y s tambin que Dios est conmigo. (Tmidamente). Ven con nosotros, Barion.

Barion

No, haz lo que quieras.

Sara

Entonces, adis!

(Sale Sara)

Barion

Adis. (Un silencio). Se han ido. Estamos solos, Seor, t y yo. He conocido muchas penas, pero ha hecho falta que viviese hasta este da para sentir el amargo sabor del abandono. Ay, qu solo estoy! Pero no oirs, Dios de los judos, una sola queja de mi boca. Quiero vivir mucho tiempo, abandonado sobre esta roca estril. Yo que nunca ped nacer, yo, voy a ser tu remordimiento.

TELN

QUINTO CUADRO

(Delante de la casa del hechicero)

Escena I

Barion (Solo)

Un Dios transformarse en hombre! Que idiotez! No veo qu podra tentarle en nuestra condicin humana. Los Dioses viven en el cielo, ocupados en gozar de ellos mismos. Y si decidiesen descender entre nosotros, lo haran bajo alguna forma brillante y fugaz, como una nube prpura o un relmpago. Se cambiara un Dios en hombre? El todopoderoso, en el seno de su gloria, contemplara a estas pulgas que pululan sobre la vieja costra de la tierra y que se revuelcan en sus excrementos y dira: quiero ser uno de esos gusanos? No me hagas rer. Un Dios rebajarse a nacer, a vivir nueve meses como una fresa de sangre? Llegarn all a primera hora de la noche porque las mujeres que van con ellos les harn ralentizar la marcha... Bueno! Que vayan a rer y a gritar bajo las estrellas y a despertar a Beln de su sueo.. Las bayonetas romanas no tardarn en pincharles las nalgas y enfriarles la sangre.

(Entra Lelius)

Escena II

(Lelius, Barion)

Lelius

Ah! Aqu est el jefe Barion. Me alegro de veros, jefe. S, s, me alegro mucho. Puede que las diferencias polticas nos hayan separado, pero, en este momento, no quedamos ms que nosotros dos en este pueblo desierto. Se ha levantado el viento y golpea las puertas. Las hay que se abren solas sobre grandes agujeros negros. Esto da escalofros. Debemos apoyarnos, por nuestro propio inters.

Barion

No me dan miedo los golpes de las puertas y vos tenis a Lev, el publicano, para haceros compaa.

Lelius

Ah, no, os vais a rer: el viejo Lev ha seguido a vuestros hombres llevndose mi asno. Estoy obligado a volver a pie. (Barion se re) S, ejem! Es muy cmico en efecto. Pero... qu pensis de todo esto, jefe?

Barion

Seor Superintendente, yo iba a haceros la misma pregunta.

Lelius

Oh! Yo... os han jodido, eh?

Barion

Sera el ltimo que les siguiese. Vais a continuar vuestro viaje , Seor Superintendente?

Lelius

Bah! No vale la pena porque parece que todos los pueblos de la montaa se han quedado vacos. La montaa entera est de visita en Beln. Voy a volver a casa a pie. Y vos? Vais a quedaros aqu?

Barion

S.

Lelius

Es una aventura increble.

Barion

No hay nada increble en la estupidez de los hombres.

Lelius

S, ejem! Vos no creis en este Mesas? (Barion levanta los hombros) No, evidentemente. Yo tengo, an as, ganas de ir a dar una vuelta por ese establo. Nunca se sabe: esos Magos parecan tan convencidos.

Barion

Entonces vos tambin, vos tambin os dejis impresionar por los uniformes? Sin embargo vosotros, los romanos, deberais estar acostumbrados.

Lelius

Ejem! Vos sabis, tenemos en Roma un altar para los Dioses desconocidos. Es una medida de prudencia que siempre he aprobado y que me dicta mi actitud presente. Un Dios ms no puede hacer dao, tenemos tantos! Y hay en nuestro Imperio bueyes y cabras suficientes para todos los sacrificios.

Barion

Si un Dios se hubiese hecho hombre por m, le amara con exclusin de todos los dems, habra como un lazo de sangre entre l y yo y no tendra suficiente vida para demostrarle mi agradecimiento: Barion no es un ingrato. Pero, qu Dios sera lo suficientemente loco para eso? No el nuestro, desde luego. Siempre se ha mostrado ms bien distante.

Lelius

En Roma se dice que Jpiter, de cuando en cuando, toma forma humana cuando se fija, desde el Olimpo, alguna gentil muchachita. Pero no necesito deciros que yo no lo creo.

Barion

Un Dios-Hombre, un Dios hecho de nuestra carne humillada, un Dios que aceptase conocer este sabor amargo que hay en el fondo de nuestra boca cuando todos nos abandonan, un Dios que aceptase por adelantado sufrir lo que yo sufro ahora... Venga, es una locura.

Lelius

S, ejem! De todas maneras yo ir a dar una vuelta por all. Nunca se sabe. Y adems, vamos a tener necesidad de los Dioses nosotros dos porque, en fin, vos habis perdido el puesto y yo me juego el mo.

Barion

Vos os jugis el vuestro?

Lelius

S, pardiez! Imaginaros esta avalancha de montaeses de cortas piernas deambulando por las calles de Beln. Slo de pensarlo me hace dao. El Procurador no me lo perdonar jams.

Barion

Desde luego, ser cmico. Y qu haris si os ponen en la calle?

Lelius

Me retirar a Mantua, mi ciudad natal. Os confieso que lo deseo; me llega un poco antes de lo que pensaba, pero eso es todo.

Barion

Y Mantua es, seguro, una gran ciudad de Italia, rodeada de fbricas, no?

Lelius

Creis eso? Al contrario, es una ciudad muy pequea y muy blanca, en un valle, al borde de un ro.

Barion

S? Sin fbricas? Ni siquiera una pequea serrera mecnica? Os vais a aburrir a muerte. Echaris de menos Beln.

Lelius

Por Dios, no! Mirad, Mantua es clebre en Italia porque all criamos abejas. Muchas abejas. A mi abuelo le conocan tan bien las suyas que no le picaban cuando iba a coger su miel. Volaban a su encuentro y se posaban en su cabeza y en los pliegues de su toga; no llevaba ni guantes ni mscara. A m mismo me conocen bastante, lo confieso. Pero no s si me reconocern cuando vuelva a Mantua. Hace seis aos que no voy por all. Hacemos una miel muy buena, sabis?, verde, castaa, negra y amarilla. Siempre he soado con escribir un tratado de apicultura. Por qu os res?

Barion

Porque pienso en el discurso de ese viejo loco: el hombre es un perpetuo ms all, el hombre es Esperanza. Tambin vos, Seor Superintendente, tenis vuestro Ms All, tenis vuestra Esperanza. Ah! La encantadora florecita azul, y cmo os sienta! Bien, Seor Superintendente, idos a hacer miel a Mantua. Saludos.

Lelius

Adis.

(El hechicero sale de su casa)

Escena III

(El hechicero, Lelius, Barion)

El hechicero

Os saludo, mis seores.

Barion

Ests aqu, viejo crpula? No te has ido entonces con los dems?

El hechicero

Mis viejas piernas estn demasiado dbiles mi seor.

Lelius

Quin es este?

Barion

Es nuestro hechicero, un hombre cabal que conoce su oficio. Predijo la muerte de su padre con dos aos de antelacin.

Lelius

Otro profeta ms. No tenis ms que eso aqu.

El hechicero

No soy un profeta ni estoy inspirado por los Dioses. Leo en el tarot y en los posos de caf y mi ciencia es totalmente terrestre.

Lelius

Bien, pues dinos quin es este Mesas que vaca todos los pueblos de la montaa como un aspirador elctrico.

Barion

Pardiez, no! No quiero volver a or hablar de ese Mesas. Es asunto de mis compatriotas. Me han abandonado y yo les abandono a mi vez.

Lelius

Dejadle, querido, dejadle hacer. Puede que nos de informes interesantes.

Barion

Como queris.

Lelius

Venga, cuenta tu historia. Y te dar esta bolsa si me gusta.

El hechicero

Lo que pasa es que estoy un poco incmodo cuando se trata de cosas divinas: no es mi tema. Preferira que me preguntaseis por la fidelidad de vuestra esposa, por ejemplo, eso sera ms de mi cuerda.

Lelius

Ejem! Mi esposa me es fiel, hombrecillo. Es un artculo de fe. La esposa de un funcionario romano no debe estar bajo sospecha. Adems, si la conocierais, sabrais que el bridge, los roperos y las presidencias de Comits femeninos ocupan toda su actividad.

El hechicero

Perfecto, mi seor. En ese caso me esforzar para hablaros del Mesas. Pero excusadme, conviene que primero entre en trance.

Lelius

Tardar mucho?

El hechicero

No. Es slo una pequea formalidad. El tiempo de bailar un poco y de emborracharme con el tam-tam.

(Baila mientras toca el tam-tam)

Lelius

Autnticos salvajes.

El hechicero

Ya veo! Ya veo! Un nio en un establo.

Lelius

Y luego?

El hechicero

Y luego, crece.

Barion

Evidentemente.

El hechicero (Molesto)

No es tan evidente, Hay mucha mortandad infantil entre los judos. Camina entre los hombres y les dice: yo soy el Mesas. Se dirige sobre todo a los nios de los pobres.

Lelius

Les predica la rebelin?

El hechicero

Les dice: Dad al Csar lo que es del Csar.

Lelius

Mira, eso me gusta mucho.

Barion

Y a m no me gusta en absoluto. Es un vendido vuestro Mesas.

El hechicero

No recibe dinero de nadie. Vive muy modestamente. Hace algunos pequeos milagros. Convierte el agua en vino en Can. Yo lo hara igual de bien: es cuestin de unos polvitos. Resucita a uno llamado Lzaro.

Lelius

Un colega. Y luego? Un poco de hipnotismo, sin duda.

El hechicero

Supongo. Hay una historia con unos panecillos.

Barion

Me imagino el gnero. Y luego?

El hechicero

Eso es todo como milagros. Parece que los hace contra su voluntad.

Barion

Pardiez! No debe saber arreglrselas. Y qu ms? Qu dice?

El hechicero

Dice: El que quiera ganar su vida, la perder.

Lelius

Muy bien.

El hechicero

Dice que el reino de su Padre no est aqu abajo.

Lelius

Perfecto, eso desarrolla la paciencia.

El hechicero

Dice tambin que le es ms fcil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de los cielos.

Lelius

Eso es menos bueno. Pero le excuso: si se quiere triunfar con el pueblo llano hay que decidirse a araar un poco al capitalismo. Lo esencial, por otra parte, es que deje a los ricos el reino de la tierra.

Barion

Y despus, qu pasa?

El hechicero

Sufre y muere.

Barion

Como todo el mundo.

El hechicero

Ms que todo el mundo. Es arrestado, arrastrado ante un tribunal, desnudado, flagelado, despreciado por todos y, al final, crucificado. La gente se agolpa alrededor de su cruz y le dice: Slvate a ti mismo si eres el Rey de los judos. Y no se salva. Grita con una voz fuerte: Padre mo! Padre mo! Por qu me has abandonado? Y muere.

Barion

Y muere? Quin? El maravilloso Mesas? Hemos tenido otros ms brillantes, y todos han cado en el olvido!

El hechicero

Este no ser olvidado tan deprisa! Al contrario, veo una gran cantidad de naciones reunidas alrededor de sus discpulos. Y su palabra es llevada ms all de los mares hasta Roma y ms lejos. Hasta los bosques tenebrosos de las Galias y de Germania.

Barion

Y qu es lo que les regocija tanto? Su vida fracasada o su muerte ignominiosa?

El hechicero

Creo que es su muerte.

Barion

Su muerte! Pardiez! Si fuese posible evitar eso!... Pero no, que se las arreglen. Ellos lo han querido. (Silencio) Mis hombres! Mis hombres juntando sus gruesos dedos nudosos y arrodillndose ante un esclavo muerto en la cruz. Muerto sin siquiera un grito de rebelin, exhalando como un suspiro un suave reproche de extraeza. Muerto como una rata en la trampa. Y mis hombres, mis propios hombres, van a adorarle. Venga, dadle su bolsa y que desaparezca. Porque supongo que no tienes nada ms que decirnos.

El hechicero

Nada ms, mis seores. Gracias, mis seores.

(Sale el hechicero)

Lelius

De dnde os viene esta sbita agitacin?

Barion

Es que no veis que se trata del asesinato del pueblo judo? Si vosotros, los romanos, hubierais querido castigarnos, no hubieseis podido hacerlo mejor. Vamos, hablad francamente: Es de los vuestros este Mesas? Le paga Roma?

Lelius

Teniendo en cuenta que tiene apenas doce horas de vida, parece un poco demasiado pronto para que se haya vendido ya.

Barion

Recuerdo a Jerevh, el Slido, el Brutal Jerevh, aun ms guerrero que pastor, antao mi lugarteniente en nuestra lucha contra Hebrn y me lo imagino perfumado, untuoso, por esta religin. Va a balar como un cordero... Ah! Basta de risas, hay que darse prisa... Hechicero! Hechicero!

El hechicero

Mi seor?

Barion

Dices que una muchedumbre adoptar su doctrina?

El hechicero

S, mi seor.

Barion

Oh, Jerusaln humillada!

Lelius

Pero, qu es lo que os ha dado?

Barion

Slo conozco una crucificada, y es Sin, Sin, a la que los vuestros, los romanos de cascos de cobre han clavado con sus manos en la cruz. Y nosotros, nosotros habamos siempre credo que llegara el da en que ella misma arrancara del leo sus pies y sus manos torturadas y que marchara contra sus enemigos ensangrentada y soberbia. Esta era nuestra fe en el Mesas. Ah! Si hubiese venido este hombre de mirada irresistible, cubierto de fulgurante hierro, si hubiese puesto una espada en mi mano derecha y me hubiese dicho: Cie tu cintura y sgueme! Cmo le hubiera seguido al estrpito de las batallas, haciendo saltar las cabezas romanas, como se decapita en el campo a las amapolas. Hemos crecido con esta esperanza y si, por ventura, un romano pasaba por nuestro pueblo, le seguamos con la mirada y murmurbamos a su espalada porque su vista alimentaba el odio en nuestros corazones. Estoy orgulloso de no haber aceptado la esclavitud y de no haber cesado jams de atizar en m el fuego trrido del odio. Y estos ltimos das, viendo que nuestro pueblo exange no tena ya fuerzas para la rebelin, he preferido que se aniquilase para no verle plegarse bajo el yugo de los romanos!

Lelius

Encantador! He ah el tipo de discurso al que se expone un funcionario romano cuando se le enva de gira a un pueblo perdido. Pero no veo que pinta este Mesas en todo l.

Barion

No queris comprender! Esperbamos un soldado y se nos enva un cordero mstico que nos predica la resignacin y nos dice: Haced como yo, morid en vuestra cruz, sin quejaros, con dulzura, para evitar escandalizar a vuestros vecinos. Sed dulces. Dulces como nios, Lamed vuestro sufrimiento despacio, como un perro pegado lame a su amo para hacerse perdonar. Sed humildes. Pensad que habis merecido vuestros dolores, y si son demasiado fuertes, soad que son pruebas y que os purifican. Y si sents crecer en vosotros una clera de hombre, asfixiarla bien. Decid gracias, siempre gracias. Gracias cuando os abofeteen. Gracias cuando os den de patadas. Haced nios para preparar nuevos culos para las patadas del porvenir. Hijos de viejos que nacern resignados y rumiarn sus antiguos pequeos dolores marchitos con la humildad que conviene. Nios que nacern expresamente para sufrir como yo: nacidos para la cruz. Y si sois suficientemente humildes, si habis hecho resonar vuestro esternn como una piel de asno, golpeando vuestra culpa con aplicacin, entonces, tal vez, tendris una plaza en el reino de los humildes, que esta en los Cielos... Mi pueblo llegar a ser eso? Una nacin de crucificados consentidores? Pero, qu has llegado a ser, Jehov, Dios de la venganza? Ah! Romanos, si eso es verdad no nos habris hecho ni la cuarta parte del dao que nosotros mismos nos vamos a hacer. Vamos a secar las fuentes de agua viva de nuestra energa, vamos a firmar nuestra sentencia de