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  • noviembre 2011

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    Las observaciones que siguen procuran entre-gar un esbozo de la realidad centroamericana tras los acuerdos de paz de la dcada de los noventa, el ingreso acelerado de la mundia-lizacin en la regin, su concertacin de un tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (2003-06) y el auge del crimen organizado y la descomposicin social y poltica en los ltimos cinco aos del siglo XXI. El texto, por razones de espacio, no se ocupa de la protesta y resis-tencia populares.

    Facundo Cabral y la realidad centroamericana

    Un buen referente para introducir la situacin centroamericana actual es quizs el asesinato en Guatemala de Facundo Cabral a inicios del mes de julio recin pasado. Las autoridades manejan la hiptesis de que el homicidio fue ejecutado por el crimen organizado regional-mente y se diriga contra el empresario que encaminaba al artista argentino al aeropuerto. Los referentes son aqu la violencia, el crimen sistmico (principalmente del narcotrfico), la impropiedad de las instituciones para asegurar la vida y la propiedad de las poblaciones y su correlato, la impunidad de los criminales y, en menor medida, pese a su gravedad, la debili-dad interna de las economas para sostener una existencia digna para sus gentes, en particular sus poblaciones originarias y sectores rurales. Despus de Hait, el PNUD ubica a Guatemala (2), Nicaragua (3), Honduras (4) y El Salvador (9), en ese rango, dentro de los diez pases con peor ndice de desarrollo humano del continen-te americano. El flujo de remesas familiares, provenientes de emigrantes hacia el rea al-canza al 33% del PIB regional (casi los 13 mil millones de dlares). La regin sigue impor-tando ms que lo que exporta, no realiza re-formas tributarias que alivianaran las penurias

    Mundializacin y descomposicin interna

    Helio Gallardofiscales y el carcter de la mundializacin en curso acenta las diversas y conflictivas bre-chas internas y tambin la vulnerabilidad ante las variaciones de la economa global y el en-deudamiento externo.

    Al pas en que se dio el asesinato de Cabral, Guatemala, se le considera un Estado en acele-rada descomposicin o frustrado. En el pe-rodo la moda en el rea consiste en atribuir las descomposiciones internas al auge del crimen organizado, en particular el narcotrfico y su actividad complementaria, el lavado de dinero. La solucin, para los gobiernos centroamerica-nos, es que Estados Unidos les d recursos para ganar la guerra contra el narco, tal como se supone lo ha hecho con Colombia y Mxico. Se cierra los ojos ante la evidencia de que en esos pases tampoco se ha ganado la guerra contra el narcotrfico y el lavado de dinero y que la respuesta a este tipo de crimen organizado no parece pasar por su militarizacin.

    En todo caso, y para el rea, los gobiernos de Estados Unidos no muestran entusiasmo por gi-rar dlares. La tendencia es ms bien a im-poner acuerdos de patrullajes y acciones con-juntas, acompaada de algunas donaciones de implementos policiales y castrenses, que facilitan geopolticamente nuevas formas de militarizacin y control estadounidense en el rea. Nada particularmente novedoso.

    El golpe de Estado en Honduras y la normalizacin del rgimen democrtico

    Si el asesinato de Facundo Cabral permite in-troducir tanto al aumento de la dependencia del rea con Estados Unidos, va la amenaza del crimen organizado, como a la descomposicin institucional interna de estos pases, cuyo refe-

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    rente es el impacto de la mundializacin actual en la regin, el golpe de Estado en Honduras (junio 2009), imprevisto pero para nada nove-doso, introduce a la comprensin del nuevo orden existente en el rea tras los acuerdos de paz de la dcada de los noventa. Como es sabido, se firm la paz pero no se implemen-taron al mismo tiempo las polticas que avan-zaran en la resolucin de los conflictos que es-tuvieron en la base de los conflictos armados.

    El golpe de Estado hondureo tuvo como acto-res a la oligarqua tradicional y a la neo-oligar-qua hondurea, a sectores de su poder judicial y a la jerarqua catlica. Colabor la embaja-da estadounidense sin cuyo asentimiento nadie se arriesgara a un golpe de Estado en Amrica Central. El instrumento fueron las Fuerzas Ar-madas. La excusa para la accin se centr en las iniciativas del presidente derrocado (Jos Manuel Zelaya) para modernizar el pas y tor-narlo ms competitivo en relacin con la acu-mulacin global en curso. El apoyo estadouni-dense surgi de sus vnculos con la oligarqua tradicional y de su recelo por la amistad que pareca mostrar el presidente Zelaya con los gobiernos de Venezuela y Cuba. Lo sorpresivo del golpe de Estado fue su proximidad con la Carta Democrtica Interamericana (2001) que en su momento fue auspiciada principalmen-te por los nuevos y electos regmenes civiles sudamericanos para evitar ser colapsados por los aparatos armados. Desaparecido el reto comunista y destruidos muchos movimientos sociales populares, los polticos civiles y los empresarios consideraron que las dictaduras militares estaban fuera de lugar y tiempo. De-ban volver a los cuarteles y esta vez para siem-pre. Los buenos negocios compartidos eran asunto de polticos-empresarios y de empresa-rios-polticos.

    Esta visin fue enrarecida por los procesos electorales que dieron el triunfo a candidatos no deseados por el llamado Consenso de Was-hington. Hugo Chvez en Venezuela, Nstor Kirchner en Argentina, Lula en Brasil, Daniel Ortega en Nicaragua, el casi triunfo de Manuel Lpez Obrador en Mxico, por citar cinco re-ferentes, llevaron primero a la administracin

    Bush a proponer que las democracias latinoa-mericanas fueran monitoreadas por sectores empresariales y tecnocrticos para decretar su legitimidad. Como la propuesta no fue acepta-da, Estados Unidos inici una campaa unilate-ral para desacreditar a los regmenes que, aun siendo electos, consideraba hostiles. El eje del mal se focaliz en el tro Venezuela/Cuba/Nicaragua al que se agregara Bolivia. La in-feccin letal provena ahora del bolivarianismo venezolano y de su insistencia en el carcter participativo del rgimen democrtico.

    El golpe de Estado hondureo vino a zanjar por el momento la cuestin del desafo democr-tico en Amrica Latina. Los aparatos armados volvieron a ser protagonistas de la poltica. Los cambios deben estar orientados al predo-minio de la acumulacin global y no al empo-deramiento social ni ciudadano. Los regmenes democrticos restrictivos de Amrica Central son el modelo a seguir. La Carta Democrti-ca Interamericana (en este momento intil) debe ser reformulada de acuerdo a una nueva realidad que enfrenta a la acumulacin global de capital contra los sectores populares de la poblacin y contra los intereses ciudadanos de una buena vida.

    El mensaje, adems de su claridad hemisfrica, tuvo un destinatario preciso en Amrica Cen-tral. En marzo del 2009 fue electo presidente de El Salvador, en una muy estrecha votacin, el candidato propuesto por el Frente Farabun-do Mart para la Liberacin Nacional: Mauricio Funes. Muchos salvadoreos interpretaron esta victoria como el inicio de una definitiva derro-ta poltica de la oligarqua salvadorea. Era el comienzo de toda una nueva etapa de existen-cia para los salvadoreos. La administracin Funes no les ha dado la razn. En dos aos de su mandato la situacin de los salvadoreos no ha cambiado significativamente ni en seguridad (el desafo de las maras) ni en creacin de em-pleo y ello le ha valido el alejamiento de mu-chos sectores sociales populares organizados. Un analista y dirigente del FMNL determina as el perfil del presidente Funes: estamos cla-ros que se comprometi con el capital finan-ciero transnacional, el capital de la burguesa

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    oligrquica del pas y con el imperialismo ame-ricano y le dio la espalda al pueblo. Proba-blemente Funes podra contestarle: Es que en guerra avisada no muere presidente.

    Nicaragua: en alianza espuria no pierde candidato

    Ya se indic que, despus de Hait y Guatema-la, Nicaragua posee la economa ms empobre-cedora del rea americana. La actual admi-nistracin de Daniel Ortega, beneficiada por fondos libres de cooperacin y reduccin de la deuda pblica, se ha ocupado de esta realidad de empobrecimiento ms en trminos de pro-paganda y clientelismo que con efectividad, en rubros como la salud, por ejemplo, en el que se da un decrecimiento en la inversin. El des-empleo contina estimulando la emigracin de los nicaragenses. Una encuesta revel que el 54.6% de la poblacin desea irse del pas. El 70% de los nicaragenses tiene algn familiar en el exterior. Las remesas de los emigrantes subieron de 320 millones de dlares el ao 2000 a $ 823 millones en el 2010.

    La administracin Ortega-Murillo no parece preocuparse demasiado de estas cifras y de las realidades que ensean. Su inters ms bien se centra en asegurarse una reeleccin presi-dencial, que sus opositores consideran espuria, reeleccin que debera asegurar a estos sandi-nistas un lugar prominente en la conformacin de una nueva oligarqua post-somocista que se haga cargo privado de los buenos negocios que realiza el pas. As, el sandinismo oficial ha avanzado en el copamiento de instituciones como el poder legislativo y los circuitos judicia-les al mismo tiempo que se ha acercado al apa-rato clerical catlico y a sectores liberales en-cabezados por el muy polmico (por corrupto) poltico y expresidente Jos Arnoldo Alemn.

    Junto a estas iniciativas de concentracin de poder la actual administracin agita un dis-curso jingosta cuyos frentes principales son el imperialismo estadounidense (con el cual coincide en la poltica de militarizar el desa-fo del narcotrfico) y las disputas con su ve-

    cina Costa Rica por territorios limtrofes por los que ninguno de los gobiernos se ha intere-sado histricamente, pero que sirven ahora a ambos contendientes para presentarse