El Espiritu Santo

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2/11/2015 EL ESPIRITU SANTO chrome-extension://iooicodkiihhpojmmeghjclgihfjdjhj/front/in_isolation/reformat.html 1/31 EL ESPIRITU SANTO EL ESPÍRITU SANTO P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d. I. EL ESPÍRITU SANTO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO. 1- INTRODUCCIÓN. 2- EL NOMBRE. 3- YHWH MANIFIESTA SU GLORIA. 4- LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU DE YHWH. 5- EL ESPÍRITU Y LA CREACIÓN. 6- EL ESPÍRITU SANTO Y EL MESÍAS. 7- LA SABIDURÍA DE DIOS Y EL ESPÍRITU SANTO. 8- EN RESUMEN. II. EL ESPÍRITU SANTO Y LA VIRGEN MARÍA. 1- INTRODUCCIÓN. 2- EL SALUDO DEL ÁNGEL. 3- LA PROMESA DEL ESPÍRITU, LA NUBE Y LA SOMBRA. 4- EL ESPÍRITU SANTO DESCIENDE SOBRE MARÍA PARA HACER UNA CREACIÓN NUEVA.

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NEUMATOLOGIA

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EL ESPIRITU SANTO

EL ESPÍRITU SANTO

P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.I. EL ESPÍRITU SANTO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO.

1- INTRODUCCIÓN.

2- EL NOMBRE.

3- YHWH MANIFIESTA SU GLORIA.

4- LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU DE YHWH.

5- EL ESPÍRITU Y LA CREACIÓN.

6- EL ESPÍRITU SANTO Y EL MESÍAS.

7- LA SABIDURÍA DE DIOS Y EL ESPÍRITU SANTO.

8- EN RESUMEN.

II. EL ESPÍRITU SANTO Y LA VIRGEN MARÍA.

1- INTRODUCCIÓN.

2- EL SALUDO DEL ÁNGEL.

3- LA PROMESA DEL ESPÍRITU, LA NUBE Y LA SOMBRA.

4- EL ESPÍRITU SANTO DESCIENDE SOBRE MARÍA PARA HACER UNA CREACIÓNNUEVA.

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5- EL ESPÍRITU DESCIENDE PARA HACER UNA ALIANZA NUEVA.

6- EL ESPÍRITU SANTO DESCIENDE PARA INAUGURAR UNA NUEVA PRESENCIADE DIOS.

7- MARÍA EN PENTECOSTÉS.

8- CONCLUSIÓN.  

III. JESÚS Y EL ESPÍRITU SANTO.

1- INTRODUCCIÓN.

2- LA CONCEPCIÓN DE JESÚS.

3- EL BAUTISMO.

4- LA VIDA PÚBLICA.

5- LA PROMESA.

6. LA PASCUA.

7- JESÚS, FUENTE DEL ESPÍRITU.

IV. EL ESPÍRITU SANTO Y EL MISTERIO DE LA IGLESIA.

1- EL HOMBRE ESPIRITUAL.

2- EL ESPÍRITU EN LA IGLESIA.

3- ESPÍRITU Y CARISMAS.

V. EL ESPÍRITU SANTO Y LA LITURGIA.

1. LOS PILARES DE LA IGLESIA.

2. LA LITURGIA.

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3. LA VIDA COMO LITURGIA.

4. EL ESPÍRITU Y LAS FUNCIONES EN LA COMUNIDAD LITÚRGICA.

5. EL ESPÍRITU Y LOS SACRAMENTOS.

VI. EL ESPÍRITU SANTO Y LA COMUNIDAD RELIGIOSA.

1. DIOS ES COMUNIDAD.

2. EL HOMBRE ES COMUNIDAD.

3. LA IGLESIA ES COMUNIDAD.

4. LA VIDA RELIGIOSA ES COMUNITARIA.

5. LA COMUNIDAD RELIGIOSA ES UN DON.

6. EL ESPÍRITU SANTO ES FUENTE DE UNIDAD Y DE DIVERSIDAD.

7. COMUNIDAD PSÍQUICA - COMUNIDAD ESPIRITUAL.

I. EL ESPÍRITU SANTO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO.1- INTRODUCCIÓN. Es difícil hablar del Espíritu Santo. En el A. T., el Padre nos revelaalgo de su propia identidad («Yo no quiero la muerte del pecador», etc.). En el N. T. semanifiesta el Hijo («Yo soy el camino», etc.). El Espíritu Santo está presente en la SagradaEscritura desde el principio (Gn 1, 2) hasta el final (Ap 22, 17), pero nunca se nos hadirigido con el pronombre personal «Yo». Permanece en el anonimato.

«Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios» (1 Cor 2, 11). El Espíritu, queconoce la intimidad de Dios, nos revela al Padre y al Hijo, pero no se revela a sí mismo.San Pablo nos dice que «El E. S. clama en nuestros corazones Abba, Padre» (Ga 4, 6) y que«nadie puede decir que Jesús es Señor si el E. S. no le mueve» (1 Cor 12, 3). El Espíritu semanifiesta en total referencia al Padre y al Hijo. Es el «vinculum caritatis» que une ydiferencia al Padre y al Hijo; es la relación entre ambos, la fuerza que impulsa a Dios a

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salir de sí mismo. Está al origen de la creación, de la revelación, de la encarnación; peropermanece oculto, inefable.

Desde nuestra experiencia, sabemos lo que es un padre y podemos hacernos una idea dela primera persona de la Santísima Trinidad (aunque imperfecta). También tenemosexperiencia de lo que significa ser hijo y, mirando a Jesús, podemos comprender algosobre la segunda persona de la Santísima Trinidad (aunque siempre nos quede lo más ymejor por descubrir). Pero no tenemos puntos de referencia para hablar del EspírituSanto. Él no tiene forma ni figura, ni encontramos analogías para explicar su misterio. Lamisma palabra «Espíritu» puede ser aplicada también al Padre y al Hijo. Y con lacalificación «Santo» sucede lo mismo: también el Padre y el Hijo lo son. Al EspírituSanto no lo podemos conocer por lo que es en sí mismo, sino por sus efectos, porsu obra en la creación, en la historia de la salvación y en nosotros mismos, ya que elEspíritu es la acción misma de Dios: el Poder con el que Dios actúa, la Gracia por la queDios es gracioso, el Amor con el que Dios ama.

2- EL NOMBRE (ruah - pneuma - spiritus). La palabra hebrea significa originalmentesoplo, aliento, aire, viento, alma. Tiene un profundo sentido dinámico. En hebreo es degénero femenino, por lo que su relación con la vida, con la generación, es muy fuerte. Lapalabra ruah se utiliza 389 veces en el A. T. (277 su traducción «pneuma» en los LXX), contres significados claramente diferenciables, según el contexto:

1- simplemente el viento, el soplo del aire; a veces suave (brisa): «el viento acaricia mirostro» (Job 4, 15) y a veces fuerte (huracán): «YHWH hizo soplar durante toda la noche unfuerte viento del Este, que secó el mar y dividió las aguas» (Ex 14, 21). Es Dios quien lo «hacesoplar» (Ex 10, 13), lo «envía» (Nm 11, 31), lo «saca de sus depósitos» (Jr 10, 13), lo«suscita (Sal 107, 25)...

2- la respiración, la fuerza vida que hay en el hombre: «el Señor formó el espíritu en loíntimo del hombre» (Zac 12, 2), la sede del conocimiento y de los sentimiento: «su espírituestaba conturbado» (1 Sam 1, 15), el alma: «desconoció al que le modeló, al que le inspiró elalma» (Sab 15, 11). También aquí Dios es su origen: «Él tiene en su mano el alma de todo serviviente y el soplo de toda carne de hombre» (Jb 12, 10); «vuelva el polvo a la tierra, a lo queera, y el Espíritu vuelva a Dios, que es quien lo dio» (Qo 12, 7).

3- la fuerza de vida de Dios, por la que él obra y hace obrar: «Si retiras tu Espíritu,expiran y vuelven al polvo; si envías tu Espíritu son creados y renuevas la faz de la tierra» (Sal104, 29-30). Es el principio por el que Dios crea y entra en relación con sus criaturas y con

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el hombre, la energía con la que Dios actúa en las personas y en la historia para realizarsu proyecto de salvación.

El paso de usar la palabra «ruah» para designar el aire, el aliento, a designar también elalma, la vida, es natural. La respiración distingue a un hombre vivo de un cadáver. Si hayaliento, hay vida. Lo original en el A. T. es la insistencia en que el «soplo», el «espíritu»del hombre y el «Soplo», el «Espíritu» de Dios no son dos realidades distintas, sino unúnico elemento vivificador que Dios concede al hombre. Sin el Espíritu, los seres son sólocarne, impotencia, con el Espíritu se nos da la posibilidad de vivir la misma vida de Dios,de actuar como él: «infundiré mi Espíritu en vosotros para que os conduzcáis según mispreceptos y observéis mis normas» (Ez 36, 27. Ver también Ez 11, 19; Sal 51, 12; Is 32, 15;Zac 12, 10; etc.).

Para los griegos, «espíritu» se opone a «materia», a «cuerpo» (espíritu se identifica con«fantasma», con la existencia inmaterial en el mundo de las ideas). En la Biblia no es así;la ruah es la fuerza, el principio de acción. No se opone a «cuerpo», sino a «carne», a larealidad terrestre del hombre, caracterizada por la debilidad y por su carácter perecedero:«El egipcio es un hombre y no un Dios y sus caballos son carne y no espíritu» (Is 31, 3). Lasanción del diluvio está preparada por la constatación de que los hombres quieren vivirsólo de su propio principio terrestre: «No permanecerá para siempre mi espíritu en elhombre, puesto que él es pura carne» (Gn 6, 3).

Se habla del Espíritu que invade (Nm 24, 2), llena (Dt 34, 9), se apodera de (Jc 6, 34),empuja (Jc 13, 25), irrumpe sobre (Jc 14, 6. 19), se aparta de y se adueña de (1 Sam 16,14ss), lleva lejos (1 Re 18, 12), arroja (2 Re 2, 16), se derrama desde arriba (Is 32, 15), entraen (Ez 2, 2), levanta y arrebata (Ez 3, 14), conduce (Ez 8, 3), cae sobre (Ez 11, 5)... Verbosque no hacen referencia a algo, sino a Alguien que actúa, que no está a control de loshombres, que toma la iniciativa. El estudio del origen de la palabra «ruah» y de su uso esimportante, pero no nos basta para comprender su significado, de qué o de quiénhablamos al nombrar este «soplo» divino. Veamos la historia de su manifestación y losefectos de su obrar.

3- YHWH MANIFIESTA SU GLORIA. Desde los textos más antiguos, Dios manifiesta susantidad (su trascendencia, su distancia radical frente a todo lo creado) y al mismotiempo su presencia en medio del pueblo por medio de su «gloria». Tema ya presente enel Éxodo (13, 21-22; 24, 15-17), en el que la gloria de Dios es la señal de su presenciapoderosa guiando al pueblo en forma de nube. Salomón construyó un Templo al Señor enJerusalén. Durante su consagración, la gloria de Dios desciende para indicar que está

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junto a su pueblo, que escucha sus plegarias (1 Re 8, 10-29).

A partir del tema de la gloria, de la nube y de la presencia, se prepara el tema de la«Shekináh», que se refiere al hecho de que Dios «desciende» para «morar» en medio de supueblo: en el desierto, en el templo, en el destierro, entre los fieles. Numerosos textos,como Is 6, 1-5; Ez 1, 4-5. 26-28..., insisten en que la gloria es la manifestación de lasantidad de Dios que se hace presente como salvador en medio de Israel. Al hablar de lagloria de Dios que acompañaba al pueblo por el desierto en forma de nube, Isaías dice: «ElEspíritu del Señor los condujo al reposo» (63, 14).

4- LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU DE YHWH. El Espíritu de Dios capacita a los hombrespara que actúen como Él quiere, de manera que se realicen sus planes. El Espíritu suscitauna experiencia de visión y de sabiduría en algunos elegidos. En algunos casos provoca undiscernimiento y sabiduría «naturales», aunque entregadas para que se realice el proyectosalvador de Dios: El faraón, refiriéndose a la profunda sabiduría de José, dice de él:«¿Dónde encontraremos un hombre como éste, que tenga el Espíritu de Dios?» (Gn 41, 38).Dios concede a Moisés una ayuda para que pueda solucionar los conflictos que surgíanentre el pueblo: «Llama a setenta ancianos de Israel... Les trasmitiré del Espíritu que hay enti para que puedan hacerse cargo del pueblo y no tengas que llevar esa carga solo» (Nm 11,16-30).

En otros casos, es un don que trasciende las posibilidades del hombre. Balaam quiereprofetizar contra Israel, pero se ve obligado a pronunciar, contra su propia voluntad, unoráculo de Dios: «El Espíritu de YHWH vino sobre él y entonó este oráculo...» (Nm 24, 2. Verlos capítulos 22 a 24). Samuel, movido por el Espíritu anuncia a Saúl: «A la entrada de laciudad... Te tomará el Espíritu de YHWH, entrarás en trance y serás cambiado en otrohombre... Lo invadió el Espíritu de YHWH y se puso a profetizar en medio de ellos» (1 Sam 10,6-10. Ver todo el capítulo).

Este Espíritu desciende para capacitar a aquellos que deben realizar una misión ennombre de Dios, a favor del pueblo. Al igual que en Moisés, «en Josué, hijo de Num, estáel Espíritu» (Nm 27, 18; Dt 34, 9) para introducir al pueblo en la tierra prometida. Otrotanto sucede con los jueces, personajes carismáticos suscitados por Dios para liberar aIsrael de los peligros en que se encontraba continuamente por culpa de sus propiospecados, durante los 150 años que separan la conquista de la tierra y la institución de lamonarquía: «El Espíritu de YHWH vino sobre Otniel y se puso al frente de Israel... Revistió defuerza a Gedeón... invadió a Sansón...» (Jc 3, 10; 6, 34; 14, 6). Saúl es el último de los juecesy él primero de los reyes. Desde entonces cesa esta forma momentánea de infusión del

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Espíritu para una misión concreta. Con la unción del más pequeño de los hijos de Jesé serealiza una donación más duradera, aunque siempre en función de una misión a favor delpueblo: «El Espíritu de YHWH permaneció sobre David desde aquel día» (1 Sam 16, 13).Otros reyes y personajes que tienen que actuar en favor del pueblo para salvarlo de losenemigos o juzgar los conflictos internos, lo harán, igualmente, impulsados por elEspíritu de YHWH.

El Espíritu de Dios es llamado, también «Espíritu de profecía» por su estrecha relacióncon los Profetas: Él los suscita y los «inspira» para que vean, comprendan y hablen(Is 59, 21; Ez 3, 12. 14. 24...). Porque el Espíritu los ilumina, pueden ver y comprender loque los demás no entienden; porque el Espíritu actúa en ellos, realizan gestos poderososen nombre de Dios y se cumple lo que anuncian. Isaías habla 50 veces de la Ruah yEzequiel 46. Ellos, iluminados y movidos por el Espíritu, interpretan la catástrofe de lainvasión y la prueba del Exilio como obra de este mismo Espíritu, que actúa también fuerade Israel y de forma sorprendente mueve los corazones, la historia... para que se realice elproyecto de Dios. Nos presentan el Espíritu de Dios como aquél que purifica loscorazones, penetra en la interioridad, santifica al pueblo de Dios y realizará la salvacióndefinitiva, escatológica, para todos los pueblos, cuando -al derramarse el Espíritu sobretodos- Dios lo será todo en todos. Hablan del Espíritu que realizará una nueva Creación,un nuevo Éxodo, una nueva Alianza, un nuevo Pueblo de Dios... de los que los anterioreseran sólo promesa, prefiguración.

En los tiempos próximos a la venida de Cristo, el pueblo judío se consideraba privado delEspíritu: «Ya no hay signos entre nosotros, ya no tenemos profetas y nadie sabe hastacuándo...» (Sal 74, 9); «Después de la muerte de Zacarías, Ageo y Malaquías, los últimosProfetas, el Espíritu Santo cesa en Israel» (Talmud). Se esperaba la definitiva manifestacióny donación cuando viniera el Mesías, en los últimos tiempos. Esto nos ayuda acomprender el entusiasmo suscitado por la actividad profética de Juan, primero, y deJesús, después, y la continua pregunta: «¿Eres tú el que había de venir o tenemos que seguiresperando?».

5- EL ESPÍRITU Y LA CREACIÓN. La predicación profética hace comprender que si elEspíritu de Dios puede actuar en todos los territorios, en todos los hombres, es porque hasido el intermediario de la Creación y todo depende de él para mantenerse en laexistencia. Todo lo creado se hizo por medio de la Palabra poderosa de Dios: «Dijo Dios,sea la luz, y la luz fue...» (Gn 1, 3) y de su Espíritu, que «al principio se cernía sobre lasaguas» (Gn 1, 2). La Palabra y el Espíritu aparecen juntos en numerosos textos que hablande la creación: «La Palabra del Señor hizo los cielos, el Aliento de su boca todas sus estrellas»

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(Sal 33, 6). San Ireneo insiste en que el Padre modeló todo con sus dos manos, que son suHijo y su Espíritu.

El Espíritu creador es el que mantiene todo en la existencia. Sin Él, las criaturas sólo soncarne y polvo: «Si retiras tu Espíritu, expiran y vuelven al polvo» (Sal 104, 29). En especial,el hombre es una admirable mezcla de tierra modelada por Dios (como los demásanimales o las plantas) y de su «aliento», que lo convierte en un ser viviente (Gn 2, 7). ElEspíritu, que Dios comunicó al hombre al crearlo, le permite ser un «tú» ante Dios, uninterlocutor capaz de dialogar con él.

6- EL ESPÍRITU SANTO Y EL MESÍAS. Sobre el Mesías (= Cristo = Ungido) descenderá yse quedará el Espíritu del Señor: «Del tronco de Jesé brotará un vástago y un retoño de susraíces. Sobre él se posará el Espíritu del Señor: Espíritu de sabiduría e inteligencia, Espíritu deconsejo y de fortaleza, Espíritu de ciencia y temor del Señor» (Is 11, 1-2). Los rasgos delMesías se revelan sobre todo en los cantos del siervo, que anuncian el perdón de lospecados y el don del Espíritu para dar vida al pueblo. Jesús mismo inaugura su misiónapropiándose de uno de estos cantos (Lc 4, 18-19): «El Espíritu del Señor está sobre mí,porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar a los pobres la Buena Noticia, paraproclamar la liberación de los cautivos...» (Is 61, 1ss).

Lleno del Espíritu, el Mesías llevará la salvación a todos los pueblos (Is 42,1). Lo poseerácomo algo propio y podrá comunicarlo a todos los hombres sin distinción de edad,sexo ni condición social (Jl 3,1-2), de manera que el Espíritu se deposite en suscorazones para realizar una alianza nueva y definitiva, no escrita en tablas de piedra, sinoen los corazones (Ez 36, 24-28; Jr 31, 31ss). El E. S. purificará a los hombres de suspecados (Sal 51, 12-13), les dará sabiduría (Sab 9,17), comunicará vida más allá de lamuerte (Ez 37, 1-14) y renovará toda la creación (Is 32, 15-20).

7- LA SABIDURÍA DE DIOS Y EL ESPÍRITU SANTO. Durante los 4 siglos que precedenla venida del Señor se desarrolla la literatura sapiencial, que pondrá en estrecha relaciónla Sabiduría de Dios y el Espíritu de Dios (algunos Padres de la Iglesia vieron en laSabiduría un preanuncio del Espíritu y otros del Verbo). La Sabiduría creadora procede deDios y es su acción en beneficio de sus criaturas para conducirlas rectamente. Goza deuna difusión universal: «La Sabiduría es Espíritu que ama al hombre... Pues el Espíritu delSeñor se ha difundido por todo el universo» (Sab 1, 6-7) «En ella hay un Espíritu inteligente,santo, único, múltiple, sutil, ágil, penetrante... En todas las edades entra en las almas santas,haciendo amigos de Dios y profetas...» (Sab 7, 21 - 8, 1).

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8- EN RESUMEN. La Sabiduría, el Soplo, el Espíritu de Dios es Dios para nosotros, connosotros, en nosotros; la acción misma de Dios.

- En primer lugar, es aquella fuerza de Dios por la que él se manifiesta activo para creartodo, dar la vida a los seres y mantener todo en la existencia.

- En segundo lugar, es la manifestación del poder de Dios, por medio del cual realiza unahistoria de salvación: conduce a su pueblo, suscitando para él guías, profetas y sabios yque actuará en plenitud en el Mesías.

- Por último, es el don personal por el que Dios actúa en cada hombre, dándole lasalvación sobrenatural, la plenitud de la vida, un corazón nuevo, la posibilidad de vivir lavida de Dios, el perdón de los pecados, la resurrección.

II. EL ESPÍRITU SANTO Y LA VIRGEN MARÍA.1- INTRODUCCIÓN. El ángel anunció a María que sería Madre del Mesías. A la preguntasobre cómo sucedería aquello, Gabriel responde: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y elpoder del Altísimo te cubrirá con su sombra» (Lc 1, 35). Nunca entenderemos esta respuestasi no tenemos en cuenta lo que significa en el A. T. la sombra del Altísimo que desciendepara habitar en medio de su pueblo. Para transmitirnos su mensaje, los autores del N. T.utilizan y las imágenes con las que están más familiarizados: las del A. T. Por eso hemosde estudiar juntas las unas y las otras.

2- EL SALUDO DEL ÁNGEL. «Entrando donde ella, le dijo: Alégrate, llena de gracia, elSeñor está contigo» (Lc 1, 28). En griego hay varias formas de saludar. El evangelio, aquí,recoge ésta y no otra: «Jaire» («alégrate»). Los profetas insistieron en que, cuando llegueel Mesías, repartirá el Espíritu sobre todos; y esto será motivo de profunda alegría. Aldirigir el ángel estas palabras a María está haciendo referencia a los oráculos a la hija deSión. Éstos son una continua invitación a la alegría, porque el Señor se hace presente parasalvar: «Alégrate y regocíjate, hija de Sión, porque yo vengo a habitar dentro de ti» ( Zac 2,14); «lanza gritos de júbilo, hija de Sión, alégrate... YHWH, Dios de Israel, está en medio deti» (Sof 3, 14-18. Ver también Jl 2, 23-27; Zac 9, 9; Is 12, 6, etc.). A María, además deinvitarla al gozo, se le dice: «el Señor está contigo». El motivo de su alegría ha de ser lapresencia en ella del Dios Salvador. El texto hace referencia al cumplimiento en María delos anuncios mesiánicos realizados por los antiguos profetas.

Añade el ángel: «Kejaritomene» (llena de gracia). La traducción no es fácil, porque estaforma verbal en griego (participio perfecto) hace referencia a un estado que se posee

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porque se ha llegado a él, se ha alcanzado («llena de gracia porque te han llenado degracia») que, además, es un pasivo teológico; es decir, no se dice el sujeto agente, peroqueda supuesto que es Dios («llena de gracia porque has sido llenada de gracia por Dios»).De hecho, el ángel insistirá más adelante: «has hallado gracia ante Dios; Dios te haagraciado» (Lc 1, 30). María es, pues, la mujer que Dios escoge y prepara con su gracia,con su Espíritu, para una misión concreta: ser la madre de su Hijo. «Llenada de gracia porDios» es el nombre con el que el ángel se dirige a María, así como Simón es llamado«Piedra» (Mt 16, 18) o Gedeón «Guerrero de valor» (Jc 6, 12). El nombre que define a Maríaes éste: «llenada de gracia por Dios»; preparada por Dios para realizar una misión. Maríaha sido llenada del Espíritu de Dios (la Gracia) para que pueda realizar lo que el ángel leanuncia.

Y continúa diciendo: «el Señor está contigo». Al saludo jubiloso (alégrate) y al nombre quela define (agraciada) sigue la presencia de Dios, garantizando la verdad de todo loindicado: el Dios que la ha escogido, la acompaña. A lo largo de toda la historia de lasalvación, Dios ha otorgado su Espíritu a los que debían realizar una misión en favor delpueblo. Lo mismo hace con María: el don del Espíritu la capacita para ser Madre del Señory el mismo Espíritu realiza en ella la Encarnación.

3- LA PROMESA DEL ESPÍRITU, LA NUBE Y LA SOMBRA. La primera palabra delángel a María es una invitación a la alegría porque ha sido agraciada y porque el señorestá en ella: «Alégrate agraciada, el Señor está contigo». La segunda es una confirmación delo anterior, una invitación a la confianza y una presentación del plan de Dios: «No temas,porque has sido agraciada por Dios; concebirás en tu seno...». La tercera es la explicación decómo se realizará lo anunciado: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder delAltísimo te cubrirá con su sombra».

Cuando Israel fue liberado de la esclavitud de Egipto, Dios acompañaba al pueblo en sucaminar hacia la tierra prometida, haciéndose presente en una nube que les cubría con susombra y les indicaba cuándo debían ponerse en camino y dónde establecer elcampamento. Además, la nube descendía sobre el Arca de la Alianza, para indicar lapresencia de la Gloria de Dios en medio del pueblo: «La gloria de Dios descendió sobre elSinaí y la nube lo cubrió durante seis días...» (Ex 24, 15-18); «Moisés no podía entrar en laTienda del Encuentro, porque la nube la cubría con su sombra y la gloria de Dios llenaba laMorada...» (Ex 40, 34-38); «La nube cubrió la Morada...» (Nm 9, 15-23); «La nube cubrió laCasa de YHWH y los sacerdotes no pudieron continuar en su servicio porque la gloria deYHWH llenaba el Templo» (1Re 8, 10-11 y 2 Cr 5, 14), etc. Israel identificará esa presenciamisteriosa de Dios en la nube, guiando al pueblo, con el Espíritu Santo. Cuando Isaías

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comenta el tema, dice: «El Espíritu del Señor los condujo» (63, 14). Todas estas ideasconfluyen en María y la unión nube-Gloria-presencia de Dios-Espíritu Santo continuará alo largo del Nuevo Testamento. Baste el texto de la Transfiguración, como muestra (Lc 9,34).

4- EL ESPÍRITU SANTO DESCIENDE SOBRE MARÍA PARA HACER UNA CREACIÓNNUEVA. El Espíritu creador, que al principio se cernía sobre las aguas (Gn 1, 2), quemantiene todo en la existencia y que los Profetas anunciaron que «descendería del alto»para hacer una nueva creación (Is 32, 15-20; 44, 1-5; Ez 37, 1-14, etc.), viene ahora sobreMaría. Lo mismo que su «descenso» sobre la tierra hizo posible la Creación, su descensosobre María realizará ahora la nueva Creación que anunciaban los Profetas, llevará aplenitud la obra de Dios.

Este Espíritu Creador crea la humanidad de Jesús: «Concebirás un hijo» (Lc 1, 31). Dealguna manera, se habla ya de la Iglesia, al afirmar el ángel: «Reinará para siempre sobre lacasa de Jacob y su reino no tendrá fin» (Lc 1, 33). Aquí se anuncia el pueblo sobre el quereinará Jesús, y que surgirá por obra del Espíritu. Jesús promete ese Espíritu a losdiscípulos antes de volver al Padre (Hch 1, 8). Su plena donación a la Iglesia se realizaráncuando «descienda» sobre los creyentes en Pentecostés (Hch 2, 1ss).

La genealogía de Jesús (Lc 3, 23-38) asciende desde él hasta «Set, hijo de Adán, hijo deDios», presentándolo como el definitivo Adán, que renueva toda la Creación y la dacumplimiento. Al inicio, el Espíritu situado sobre las aguas (Gn 1, 2) hizo posible laCreación. Ahora, ese Espíritu que desciende sobre María lleva a plenitud su obra en laEncarnación del Verbo.

María se presenta como la tierra fértil de donde brota el Salvador, según lo anunciado porIsaías: «Destilad, cielos, como rocío de lo alto; derramad, nubes, la victoria; ábrase la tierra yproduzca al Salvador; que germine en ella la justicia» (Is 45, 8). La tierra no puede germinarsi no recibe la semilla y la lluvia. La humanidad tampoco puede producir por sí misma alMesías. El Espíritu que desciende sobre María fecunda en ella la semilla (el Verbo) que élmismo ha colocado. Notemos que no es el mismo caso que en la procreación humana,donde el hijo es el fruto de la unión de una célula masculina y una femenina. El Espírituno actúa como Padre de Jesús, sino que hace posible que el eterno Verbo de Dios seencarne en el vientre de María. (De ahí lo impropio de hablar de María como esposa delEspíritu Santo; siendo más correcto hablar de «pneumatófora», «portadora del Espíritu»,«transparencia del Espíritu», etc., como hacen los cristianos orientales).

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5- EL ESPÍRITU DESCIENDE PARA HACER UNA ALIANZA NUEVA. El pacto entreDios y su pueblo realizado sobre el Sinaí (Ex 19-24) es el núcleo de todo el A. T. Dios, através de Moisés, hizo una propuesta a Israel: «Si guardáis mi alianza, seréis mi propiedadpersonal entre todos los pueblos» (Ex 19, 5). El pueblo ratificó solemnemente la Alianza,aceptando la propuesta del Señor, comprometiéndose a escuchar su Palabra, a obedecersus leyes, a seguir sus caminos: «Haremos lo que dice el Señor» (Ex 19, 8).

Cada generación de israelitas actualiza estas palabras en la Pascua. La alianza se volvió aratificar en muchas ocasiones. Siempre se presenta un mediador, que puede ser un jefedel pueblo (Jos 24, 1ss), un rey (2 Re 23, 1ss), un profeta (Jr 42, 1ss), un sacerdote (Esd 10,10-12). Su función era explicar la voluntad de Dios a sus hermanos. A lo que el pueblorespondía: «Cumpliremos las Palabras de YHWH» (Ex 24, 3), «cumpliremos tus palabras»(Esd 10, 12). Compromiso continuamente roto y olvidado. Dios prometió por medio de losProfetas un nuevo Éxodo y una nueva Alianza, más perfectos que lo anterior, definitivos.Para ello utiliza una terminología muy similar a la del libro del Éxodo: «Yo os recogeré deentre las naciones... pondré en ellos un Espíritu nuevo... para que observen mis preceptos ycumplan mis Palabras. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios» (Ez 11, 16-20. Ver tambiénEz 36, 24-28 y Jr 31, 31-34).

El E. S. debe crear el corazón nuevo que posibilite la Nueva Alianza. María dispone sucorazón a la obra del Espíritu: «Aquí está la esclava del Señor», aceptando cumplir lascláusulas de la Alianza: «Se cumpla en mí tu Palabra». También en su caso hay unmediador (el ángel) que le expone la voluntad de Dios. Ella reacciona como muchos otrospersonajes de la historia de Israel: al principio se siente turbada (Lc 1, 29), despuéspresenta una objeción (v. 34) y por último acepta, poniéndose en manos de Dios (v. 38).La fe de Israel ha madurado en los labios de María y la nueva alianza que se ha de ratificaren la persona de Cristo, de alguna manera se anticipa en su persona.

María se manifiesta como peregrina de la fe, dispuesta a colaborar con Dios en todo,aunque no termine de entender las cosas; deseosa de cumplir lo que Dios quiere, porquesabe que eso es lo mejor que le puede pasar. Dios ofrece su Espíritu a María; María ofrecesu vida a Dios.

6- EL ESPÍRITU SANTO DESCIENDE PARA INAUGURAR UNA NUEVA PRESENCIADE DIOS. Como Dios se hacía presente en el Santuario: «me harán un Santuario y habitaréentre ellos» (Ex 25, 8), descendiendo en la nube sobre el Arca de la Alianza (Ex 40, 34-35),Dios se hace presente ahora al descender el Espíritu sobre María, en la que se encarna elHijo de Dios. Al ser Jesús el Dios-con-nosotros, la presencia definitiva de Dios entre los

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hombres, María se convierte en la Nueva Arca de la Nueva Alianza realizada en Cristo.Tema insinuado por San Lucas y abundantemente desarrollado por los Padres de la Iglesia(San Gregorio Nacianceno, especialmente).

En efecto, igual que se traslada el Arca desde Quiriat Yearín, en Galilea, a Jerusalén, haciael año 1000 a. C., (2 Sam 6); al llegar la plenitud de los tiempos, realiza Maríaprácticamente el mismo viaje desde Nazaret a las montañas de Judá (Eim Karim está tancerca de Jerusalén que hoy es un barrio suyo). Ambos traslados son acompañados dereacciones paralelas: David dijo: «¿Cómo es posible que el Arca de mi Señor venga a micasa?» (2 Sam 6, 9) e Isabel dijo: «¿Cómo es posible que la Madre de mi Señor venga a micasa?» (Lc 1, 43). David, lleno de alegría, saltaba delante del arca (2 Sam 6, 14) y Juansaltó lleno de alegría en el vientre de su madre, delante de María (Lc 1, 44).

Ante el saludo de María, Isabel siente como el niño «lleno del Espíritu desde el seno de sumadre» (Lc 1, 15) salta de gozo en su vientre (Lc 1, 41). Ella misma se llena del Espíritu yejerce una acción profética, aclamando a María y bendiciéndola por su fe (Lc 1, 42-45). Eltexto nos dice que lo hace «alzando la voz». Lo mismo se dice de los sacerdotes y cantoresque oficiaban ante el arca (1 Cro 15, 28; 16, 4; 2 Cro 5, 13). A continuación, María tambiénprofetiza llena del Espíritu, entonando el magníficat (Lc 1, 46-55). Y lo mismo sucede conZacarías que «lleno del Espíritu, profetizó diciendo: Bendito sea el Señor...» (Lc 1, 67-79).

Los dones del Mesías serán la alegría y el Espíritu, la alegría por haber recibido el Espíritu.Aún no ha nacido el Mesías, pero -ante la presencia de María, la llena del Espíritu, lapreñada del Mesías- estos dones se reparten como un anticipo, una pregustación de loque ha de suceder.

7- MARÍA EN PENTECOSTÉS. «Pedro, Juan... y Judas el de Santiago perseveraban en laoración, con un mismo espíritu, en compañía de las mujeres, de María, la madre de Jesús y desus hermanos» (Hch 1, 13-14). Este texto nos da una lista fundacional de los primerosmiembros de la Iglesia. En ella se encuentran los once, con Pedro a la cabeza, cuyosnombres se citan expresamente. Son los «apóstoles», que acompañaron a Jesús en su vidaterrena y son testigos de su resurrección. Garantizan la continuidad entre lo vivido ypredicado por Jesús y la experiencia pascual.

Junto a ellos están las mujeres, que acompañaron a Jesús desde el principio, estuvieronpresentes junto a su cruz y se encontraron la tumba vacía. Son María Magdalena (queocupa un lugar destacado), Juana, Susana, María la de Cleofás y otras. Han servido aJesús, le han visto morir, han participado en su entierro y son las primeras que han

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experimentado el gozo de la resurrección. Elegidas por Jesús mismo para evangelizar a losapóstoles.

Encontramos también a los parientes de Jesús. Normalmente, Santiago es el portavoz delgrupo. Pertenecen a la vieja familia del Señor. En un principio lo rechazaron, pero encierto momento (quizás a partir de la experiencia de la pascua) han entrado a formarparte del grupo de los creyentes. Ellos ofrecen el testimonio de los orígenes de Jesús, suhumanidad, su pertenencia al pueblo.

En una situación especial se sitúa María, la madre de Jesús. Ella, que ha sido preparadapor el Espíritu para ser madre del Señor y que también se encuentra al inicio (Caná) y alfinal (cruz) de su actividad pública, está presente ahora que nace la Iglesia. Al principio,recibió el Espíritu de una manera individual, para realizar una misión personal, única eirrepetible. Ahora recibe el Espíritu en compañía de los otros creyentes, en comunión conellos, para una nueva misión: la que Jesús mismo le ha encomendado en la cruz.

El Espíritu que desciende sobre María da unidad al origen de Jesús y al origen de la Iglesia.En el primer caso, el Espíritu actúa sobre María y la prepara para dar a luz al Mesías.Ahora, el Espíritu desciende sobre la Iglesia y la capacita para seguir haciendo presente aJesús entre los hombres. Es lo que encontramos reflejado de nuevo en el Apocalipsis (12,1-18): La mujer vestida de sol que ha de dar a luz a Cristo, entre las persecuciones ydificultades continuas. La Iglesia realiza continuamente el mismo gesto de María:fecundada por el Espíritu de su Señor, le hace presente en el mundo.

8- CONCLUSIÓN.  A la luz de los textos bíblicos, María se nos manifiesta como la mujerde fe, testimonio ante los hombres de lo que puede ser una vida humana abiertaplenamente a la acción del Espíritu Santo, guiada por él. El Espíritu de Dios la hapreparado, capacitado para una misión y ella ha colaborado acogiendo libremente yrealizando el proyecto de Dios con la ayuda del mismo Espíritu. Lo ha hecho de unamanera tan plena, que se ha convertido en modelo de todos los creyentes y en figura de laIglesia, que en cada generación, debe dejarse preparar, iluminar y guiar por el EspírituSanto para hacer presente a Cristo entre los hombres.

III. JESÚS Y EL ESPÍRITU SANTO.1- INTRODUCCIÓN. En el A. T., el Espíritu de YHWH había descendido en numerosasocasiones sobre aquellos personajes que tenían que actuar en nombre de Dios, para guiar,iluminar o salvar al pueblo. Los profetas habían anunciado que el Espíritu Santoconsagraría al Mesías y que en su tiempo se donaría a todos los miembros del pueblo para

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renovar los corazones, establecer una nueva y definitiva alianza, llevar a plenitud lacreación entera. Se cumpliría, así, el deseo de Moisés: «Ojalá todo el pueblo del Señor fueraprofeta y recibiera el Espíritu del Señor» (Nm 11, 29).

En el Nuevo Testamento, como en el Antiguo, el Espíritu es la fuerza misma de Dios, queactúa en los hombres, pero que no puede ser dominado por ellos. Es libertad absoluta yfuente de libertad: «El viento sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de dónde vieneni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu» (Jn 3, 8). Como novedad, descubrimosque el Espíritu es constantemente puesto en relación con Jesús. Está presente en sunacimiento y en su vida pública, en sus promesas y en su donación pascual, hasta elpunto de ser llamado «Espíritu de Cristo» (Rom 8, 9), «Espíritu de Jesucristo» (Flp 1, 19),«Espíritu del Señor» (2 Cor 3, 17), «Espíritu del Hijo» (Gal 4, 6).

«Al llegar la plenitud de los tiempos» (Gal 4, 4) descubrimos la presencia del Espíritu Santocomo creador (de la humanidad de Jesús, de la Iglesia, de la nueva humanidad), inspiradorprofético, soplo de santidad. El Espíritu de Dios anima a Juan, a Zacarías, a Isabel, aSimeón, como hacía con los antiguos profetas (Lc 1, 15. 17. 41. 67; 2, 25-26). María mismaconcibe por la fuerza del Espíritu Santo, que «desciende» sobre ella y la «cubre con susombra» (Lc 1, 35), como antiguamente hacía la nube con el pueblo en el desierto. Asívemos la profunda relación interna entre los dos Testamentos. De alguna manera,podemos decir que el Antiguo da a luz al Nuevo.

Los semitas ven el destino de las personas y de las cosas en sus orígenes (importancia delos nombres, de las genealogías, de los relatos etiológicos). Si tenemos esto en cuenta,comprenderemos que la efusión del Espíritu que acompaña la llegada del Mesías, anunciay anticipa la que se realizará en Pentecostés, después de la glorificación del Señor: «EsteJesús ha sido resucitado por Dios y exaltado a su derecha; y ha recibido el Espíritu Santoprometido y lo ha derramado, como vosotros mismos veis y oís» (Hch 2, 32-33).

2- LA CONCEPCIÓN DE JESÚS. Se realiza por obra del Espíritu Santo (Lc 1, 35; Mt 1, 18.20). El don del Espíritu comunicado a María, la capacita para el desarrollo de su misión.Su hijo es concebido por la fuerza del Espíritu, «por eso el que ha de nacer de ella serállamado Santo e Hijo de Dios» (Lc 1, 35). El Espíritu Santo, que hace posible la generacióny la comunicación en Dios, que es la «energía» con la que el Padre genera al Hijo, que es la«vida» que el Padre entrega al Hijo, hace posible el «envío» del Hijo por parte del Padre, el«salir de sí» de Dios, la Encarnación.

3- EL BAUTISMO. Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo y está lleno de él desde

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el principio, pero antes de su bautismo no aparece en los evangelios actuando con elpoder del Espíritu, ni mucho menos comunicándolo. De hecho, sus compatriotas deNazaret no vieron en él nada extraordinario y hasta les cuesta aceptar que después delbautismo se presente como profeta (Lc 4, 22ss). Con motivo del bautismo, se da unanueva efusión del Espíritu en Jesús, una consagración como Mesías, una toma definitivade conciencia de su misión y el inicio de su actividad pública, en la que actúa con el poderdel Espíritu, y que se manifiesta: en la predicación, en los signos poderosos, en la victoriasobre el mal y en la elección de discípulos.

El Evangelio comienza con la llamada de Juan a la conversión y con el bautismo de Jesús:«Comienzo de la Buena Noticia, que es Jesús, que es el Mesías, que es Hijo de Dios, conforme alo escrito por el profeta Isaías: Mira que envío a mi mensajero delante de ti... Apareció Juanbautizando en el desierto... y sucedió que Jesús vino desde Nazaret y fue bautizado por Juan enel Jordán» (Mc 1, 1-11). El bautismo del Señor es narrado por los cuatro evangelistas, y losHechos de los Apóstoles repiten continuamente que la vida pública de Jesús empieza ensu bautismo. Baste de ejemplo la elección de Matías en el lugar de Judas: «Conviene queuno de los que anduvieron con nosotros desde el bautismo de Juan hasta que Jesús fue llevadoal cielo sea constituido testigo de la resurrección con nosotros» (Hch 1, 21-22).

Jesús participa en el rito penitencial del bautismo: «la gente confesaba los pecados y sehacía bautizar» (Mt 3, 6). No tiene necesidad de purificación, pero se hace bautizar «paraque se cumpla toda justicia» (Mt 3, 15). Mientras está en oración (Lc 3,21) se abren loscielos, desciende el Espíritu sobre Jesús y se oye la voz del Padre. Voz que se dirige aJesús: «Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy» (Lc 3, 22), citando el Sal 2, 7, que serecitaba en la entronización de los reyes, para indicar que Jesús es el Mesías-Rey,descendiente de David, que cumple las promesas de los profetas. En el caso de Mc y Mt serecogen las palabras: «Tú eres mi Hijo, en quien me complazco», uniendo al salmo anteriorel primero de los cantos del siervo, que comienza diciendo: «He aquí a mi siervo, a quien yosostengo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi Espíritu sobre él... para seralianza del pueblo y luz de las naciones» (Is 42, 1ss).

Aquí se manifiesta el más profundo misterio trinitario. Como insisten en repetir losPadres de la Iglesia, el Padre se revela como el que consagra, el que unge, el que envía, elque ama; Jesús como el consagrado, el ungido, el enviado, el amado; el Espíritu como laconsagración, la unción, el envío, el amor. Jesús toma conciencia de su vocación, de sumisión: Él es el enviado por el Padre, con la fuerza del Espíritu, para establecer el reinadode Dios por su consagración como Mesías-Siervo de YHWH.

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4- LA VIDA PÚBLICA. El Bautista da testimonio de que el Espíritu ha descendido sobreJesús en el Bautismo «y se ha quedado sobre él» (Jn 1, 32). Este mismo Espíritu queconsagra a Jesús, «lo lleva al desierto» (Mt 4, 1) y después lo devuelve a Galilea (Lc 4, 14).Desde este momento, vemos a Jesús «exultar en el Espíritu» (Lc 10, 21), hablar conautoridad, actuar con poder, expulsar a los demonios «con el dedo de Dios» (Lc 11, 20),que es el Espíritu (Mt 12, 28). El Espíritu, pues, desciende y permanece sobre Jesús que,desde este momento actuará con su fuerza. En su bautismo, Jesús es designado yconsagrado como aquél por cuya palabra y obras el Espíritu entra en nuestra historiacomo don mesiánico y, al menos en arras, como don escatológico. Jesús mismo, alpresentar su misión, citando a Isaías 61, lo explicará como una consagración del Espíritupara realizar esas obras con su fuerza: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me haungido para anunciar a los pobres la Buena Noticia, me ha enviado a proclamar la liberacióna los cautivos... Hoy se ha cumplido esta Escritura» (Lc 4, 16-21).

Jesús es tan consciente de que el Espíritu de Dios actúa en él, que habla de una blasfemiacontra el Espíritu que no puede ser perdonada, en referencia a los que afirman que es elmismo Belcebú el que realiza sus obras y no el Espíritu. Con ello, se sustraen a laposibilidad de recibir el perdón y la salvación que se realizan en Jesús por la fuerza delEspíritu (Mc 3, 28-30).

5- LA PROMESA. Jesús posee el Espíritu en plenitud, por eso lo promete y lo envía a susfieles: «Cuando os lleven a los tribunales por mi causa, no os preocupéis, porque el Espíritu devuestro Padre hablará por vosotros» (Mt 10,18-20). «Os conviene que yo me vaya, porque sino me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré» (Jn 16, 7).

San Juan nos relata como «el último día, el más solemne de las fiestas, Jesús, de pie, gritó:Quien tenga sed, venga a mí, y beba el que crea en mí. Como dice la Escritura: de su senobrotarán torrentes de agua viva. Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que habían de recibir losque creyeran en él» (Jn 7, 37-39). La fiesta de las tiendas recordaba la fuente que manó dela roca en el desierto (Ex 17) y anticipaba la alegría de los días del Mesías, en que Dios, denuevo, «hará brotar agua en el desierto para dar de beber al pueblo» (Is 43, 20); días en quese derramará sobre todos los creyentes «un agua pura que os purifique de todas vuestrospecados... infundiré mi Espíritu en vosotros y viviréis» (Ez 36, 24 - 37, 14); agua que brotarádel costado del templo para dar vida hasta al mismísimo Mar Muerto (Ez 47, 1ss). Y heaquí que Jesús proclama que ha llegado esta hora, que de su propio costado brotarán losríos del Espíritu. El pueblo será bautizado con Espíritu, tal como prometió Juan (Mc 1, 8).El Evangelista añade que «aún no había Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado» (Jn7, 39). El envío del Espíritu forma parte del misterio pascual: Jesús ha muerto para la

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salvación del mundo, para darnos el Espíritu. El anuncio realizado durante la fiesta de lastiendas era una profecía, en la línea de la realizada por Zacarías: «derramaré un espíritu degracia y de oración y mirarán hacia aquél a quien traspasaron... Aquel día habrá una fuenteabierta para lavar el pecado y la impureza» (Ez 12, 10 - 13, 1).

6. LA PASCUA. Después de la resurrección, los apóstoles toman conciencia de que Jesúsestaba lleno del Espíritu desde el momento de su concepción. Esto no elimina el que fueraungido por el Espíritu en su bautismo para ser Mesías, ministro de salvación y desantidad: «A Jesús de Nazaret, Dios lo ungió con Espíritu Santo y con poder, pasó haciendo elbien y curando a los oprimidos por el diablo» (Hch 10, 38). Lo recibirá de nuevo y loderramará sobre todos en su resurrección. No es que el Espíritu se divida o se entregue aplazos, sino que -al no ser un objeto, sino la fuerza, la vida, el amor de Dios- el mismoEspíritu hizo posible la Encarnación, actuó en toda la vida pública de Jesús y fuederramado por él sobre sus fieles. Siempre se manifiesta como la energía salvadora deDios que actúa en Jesús y que en cada momento le lleva a realizar lo que conviene. En Jn3, 34 tenemos una afirmación profundamente significativa de Jesús, que puede traducirsepor: «Aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios porque le da el Espíritu sinmedida» o «porque él da el Espíritu sin medida». Interesante ambigüedad: él da el Espíritusin medida porque Dios le da el Espíritu sin medida.

En el último instante de su vida terrena, como manifestación suprema de su amor, Jesús«inclinando la cabeza, entregó el Espíritu» (Jn 19, 30). Esta es la hora en que Jesús realiza lapromesa, en una doble entrega: nos da el Espíritu al darse a sí mismo. Como un frasco quese rompe y derrama el perfume que llevaba dentro, Cristo reparte su Espíritu al morir.Añade el Evangelista que «un soldado le atravesó el costado con una lanza y al instante saliósangre y agua. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido y él sabe que dice la verdad.Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: Mirarán al que atravesaron» (Jn 19, 34-37).S. Juan subraya la importancia del acontecimiento y su relación con las promesasanteriores.

Jesús había prometido a la samaritana que quien bebiera del agua que él nos daría, nuncamás tendría sed, «sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en fuente de agua quebrota para la vida eterna» (Jn 4, 13-14). Esta vida eterna se nos da en el bautismo, que hacerenacer del agua y del Espíritu (Jn 3, 5); del Espíritu del que el agua es símbolo.

Cristo nos entrega su vida (la sangre) y su Espíritu (el agua). Como las fuentes que surgende las profundidades de la tierra a través de aberturas, formando los manantiales; elEspíritu Santo, que es la interioridad de Dios, surge del corazón de Jesús y brota por la

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hendidura de su costado atravesado (Ez 12, 10), golpeado como la roca (Ex 17, 6),oprimido como cordero degollado (Is 53, 7). Aquí se realiza lo afirmado por el EvangelistaS. Juan: «habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo» (Jn 13, 1).

Como Eva surgió del costado de Adán, mientras éste dormía; la Iglesia nace del costadode Cristo «dormido» en la cruz. En Pentecostés se realizará la confirmación en el Espíritude todos los creyentes, la universalización del don del Espíritu (Hch 2). Precisamente enla fiesta en que se celebraba el don de la Ley en el Sinaí (Ex 31, 18), se cumple loanunciado por los profetas: «pactaré con ellos una alianza nueva... pondré mi Ley en suinterior y sobre sus corazones la escribiré...» (Jer 31, 31-34). Así como el nuevo santuario esCristo, la Ley del amor no escrita en tablas de piedra, sino en los corazones es el don delEspíritu.

7- JESÚS, FUENTE DEL ESPÍRITU. Jesús fue concebido, ungido y enviado con la fuerzadel Espíritu de Dios. La Pascua supone para Jesús una nueva manera de existir, como unnuevo nacimiento. Ya no es la «carne», sino el «Espíritu Santo» su principio constitutivo:«Nacido de la estirpe de David según la carne, constituido Hijo de Dios en poder según elEspíritu de santificación por su resurrección de la muerte» (Rom 1, 3-4). El «Espíritu deDios», que actuó en Jesús y lo resucitó de entre los muertos, se convierte ahora en el«Espíritu de Jesús», que él, generosamente, comunica a los creyentes: «No me atreveré ahablar de cosa alguna que Cristo no haya realizado por medio de mí... con la fuerza delEspíritu» (Rom 15, 18-19). Pedro explica así lo sucedido en Pentecostés: «Exaltado por ladiestra de Dios, y habiendo recibido del Padre el Espíritu Santo, lo ha derramado sobrenosotros, tal como estáis viendo y oyendo» (Hch 2, 33).

S. Pablo nos dice que «Adán, el primer hombre, fue hecho alma viviente; Cristo, el definitivoAdán, Espíritu que da vida... Del mismo modo que llevamos la imagen del hombre terreno,llevaremos la del celeste» (1 Cor 15, 45-49). Llegaremos a ser como Jesús, porque él nos dasu mismo Espíritu, su propio principio vital. El Espíritu nos hace hijos de Dios en el Hijo:«Los que son guiados por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios... y coherederos conCristo» (Rom 8, 14-17).

IV. EL ESPÍRITU SANTO Y EL MISTERIO DE LA IGLESIA.1- EL HOMBRE ESPIRITUAL. El Espíritu realiza en nosotros una recreación: «habéis sidolavados, santificados y justificados en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y en el Espíritu denuestro Dios» (1 Cor 6, 11). Ya nos ha dado lo que un día esperamos alcanzar en plenitud:la filiación divina, la misma vida de su Hijo: «habéis recibido un Espíritu de hijos adoptivosque os hace clamar Abba» (Rom 8, 15), «la señal de que ya sois hijos es que Dios ha enviado a

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vuestros corazones el Espíritu de su Hijo» (Gal 4, 6). Mientras tanto, el Espíritu «ha sidoenviado a nuestros corazones» (Gal 4, 6), ha entrado en nuestra profundidad más íntima,ha transformado nuestras raíces más secretas, por lo que nos hemos convertido en«Templos del Espíritu» (1 Cor 3, 16; 6, 19).

El Espíritu es ya la pregustación, la posesión anticipada, la garantía de lo que un díaalcanzaremos (el ya pero todavía no), la «prenda», la «fianza», las «arras», el «sello» denuestra herencia prometida: «fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que esprenda de nuestra herencia» (Ef 1, 13-14), «con él fuisteis sellados para el día de laredención» (Ef 4, 30), «el que nos ha destinado a esto es Dios, que nos ha dado en arras elEspíritu» (2 Cor 5, 5), «Dios nos ungió y nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espírituen nuestros corazones» (2 Cor 1, 22)

2- EL ESPÍRITU EN LA IGLESIA. S. Pablo insiste en que a la base de la Iglesia está elEspíritu (cfr. Gal 3, 2-3) y llega a presentar la comunidad cristiana como «una carta deCristo, escrita por el Espíritu de Dios vivo» (2 Cor 3, 3). El Espíritu construye la unidad de laIglesia, ya que hace de nosotros un único pueblo, en el que todos los miembros participande una radical igualdad, en cuanto poseedores del único Espíritu, que hace de cada unoun elemento precioso, único: «en un solo Espíritu hemos sido bautizados todos, para noformar más que un solo cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres» (1 Cor 12, 13). Paraexplicarlo mejor insistirá en las imágenes del templo y del cuerpo:

El Espíritu hace de nosotros piedras vivas en la construcción de la Iglesia: «Ya no soisextraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios... formando untemplo santo en el Señor, por el que también vosotros estáis integrados en el edificio, para sermediante el Espíritu, morada de Dios» (Ef 2, 19-22). «¿No sabéis que sois santuario de Diosya que el Espíritu de Dios habita en vosotros?... El santuario de Dios es sagrado y vosotros soisese santuario» (1 Cor 3, 16-17) Nótese el plural: entre todos se construye el santuario,cada uno es importante.

«Del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembrosdel cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también esCristo. Porque en un solo Espíritu hemos sido bautizados todos, para no formar más que uncuerpo... Vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro suyo» (1 Cor 12, 12-27).Los distintos miembros, todos necesarios, son los creyentes enriquecidos con los distintoscarismas que suscita el Espíritu para el bien común (1 Cor 13-14). Así, el Espíritu es elprincipio de la comunión en la Iglesia:

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- Comunión en la igualdad, ya que todos recibimos la misma llamada (seguir a Cristo),participamos de la misma vocación (ser hijos del Padre) y tenemos el mismo medio pararealizar este proyecto (el don del Espíritu Santo).

- Comunión en la diversidad, ya que es el Espíritu Santo el que crea la variedad devocaciones específicas, de carismas, de formas de vida, para la construcción de la únicaIglesia. El que hace de todos nosotros un único Cuerpo, concede a cada uno un carismapersonal, aunque al servicio de los demás.

- Comunión en la participación, porque nos hace a todos responsables, miembros activosde la construcción de la Iglesia, en la que cada uno es importante y debe ocupar su propiolugar para el bien del Cuerpo.

Ya las lenguas de fuego, que descendieron repartiéndose sobre los creyentes enPentecostés, anunciaban la universalidad del testimonio cristiano, la profunda unidad enla diferencia. El Espíritu era el mismo, el único, pero se posó de manera particular sobrecada uno, asumiendo a esa persona concreta, con sus valores y limitaciones ypotenciando en ella sus propios dones para el bien común. Cada uno hablaba distintosidiomas y se dirigió, después, a lugares distintos y lejanos entre sí. El don del Espírituhace de todos los creyentes un único pueblo con un solo corazón, sin borrar laoriginalidad de las personas: El anuncio es el mismo, aunque los idiomas, las formasexteriores sean distintas.

3- ESPÍRITU Y CARISMAS. De lo dicho hasta aquí se desprende que el Espíritu enpersona es el verdadero responsable de la pluralidad carismática: «Hay diversidad dedones, pero el Espíritu es el mismo... A cada uno se le da la manifestación del Espíritu para elbien común... Todo esto lo lleva a cabo el único y mismo Espíritu, repartiendo a cada uno susdones como quiere» (1 Cor 12, 4ss). El Espíritu tiene una capacidad tan sumamentediversificada de intervenir en el tejido eclesial, que los hombres por sí solos no sabríanhacerlo con tanta fantasía. San Pablo llega a rogarnos que no extingamos lasmanifestaciones del Espíritu, queriendo uniformar a todos (1 Tes 5, 19).

La potencia carismática del Espíritu llega a cada uno de los bautizados, sin excepción (Ef4, 7). El cristiano muestra su madurez cuando sabe ejercer su propio papel en la Iglesia,asumiendo su responsabilidad. Todos los dones y carismas se reciben «para el biencomún», no para la autosatisfacción o el goce estéril: «procurad abundar en donesespirituales para la edificación de la asamblea» (1 Cor 14, 12). Ningún carisma puederomper la unidad de la Iglesia, ya que el Espíritu se da para la comunión. Si se lacera el

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cuerpo del Señor, se está usando mal del carisma recibido o se están camuflando laspropias manías bajo títulos que no les corresponden.

El Espíritu llega a pedirnos en ocasiones que renunciemos a nuestros propios derechos enfavor de los hermanos más débiles: «Todo me es lícito, dicen algunos. Sí, pero no todo esconveniente. Y aunque todo sea lícito, no todo aprovecha a los demás. Que nadie busque supropio interés, sino el del prójimo» (1 Cor 10, 23). El Espíritu, que construye la comunidad,nos entrega sus dones para la construcción de la comunidad. La diferenciación personales también un don del Espíritu, pero, si conduce a la división, estamos haciendo un maluso de ella. Por tanto, «Mostraos solícitos en conservar, mediante el vínculo de la paz, launidad que es fruto del Espíritu» (Ef 4, 3).

V. EL ESPÍRITU SANTO Y LA LITURGIA.1. LOS PILARES DE LA IGLESIA. Enseñanza, Fraternidad, Eucaristía y Oración. Todasimportantes y necesarias: «Los que habían sido bautizados perseveraban en la enseñanza delos apóstoles, en la unión fraterna, en la Fracción del Pan y en la oración» (Hch 2,42).

1. Se comienza con la «Enseñanza»: el anuncio, la explicación de las verdades de la fe.Aquí entran tanto el primer anuncio misionero como la catequesis.

2. Los que creen, se abren a la «Fraternidad»: integración en la Iglesia, caridad,generosidad, servicio.

3. Sólo entonces se puede participar en la «Liturgia» y en los «Sacramentos», recibir las«cosas santas», especialmente el Pan compartido en la «Eucaristía».

4. Esto nos lleva a la relación personal con el Padre por Cristo en el Espíritu, a la«Oración», al trato íntimo con Dios. El proceso conduce a la oración y se realiza en laoración.

En estas cuatro dimensiones de la Iglesia, el Espíritu Santo (que hizo nacer la iglesia y lamantiene) está presente como agente principal que ilumina los entendimientos, muevelas voluntades, cohesiona los corazones. Aquí trataremos únicamente de su relación conla liturgia.

2. LA LITURGIA. El término griego leiturgía, originalmente indicaba la obra de libreiniciativa realizada por un privado en favor de la colectividad. Con su institucionalizaciónperdió su carácter de libertad y pasó a denominar los servicios oficiales al estado o a las

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divinidades. En la biblia griega de los LXX, liturgia indica siempre el servicio público yoficial de los levitas a YHWH. El culto privado se traduce por latría o dulía. El término nose utiliza prácticamente en el Nuevo Testamento, por su vinculación al sacerdociolevítico. Con la separación del judaísmo, reaparece para indicar el culto de la comunidadprimitiva. Sin embargo, al traducirse los textos al latín, el término no pasó a occidente.Aparecerá en el s. XVI para indicar los libros rituales antiguos, en principio, y las rúbricasy ceremonias después. El movimiento litúrgico de principios del s. XX inició un cambio dementalidades. La «Mediator Dei» de Pío XII la define como «la continuación del oficiosacerdotal de Cristo». Con el Vaticano II se enriquecerá y profundizará esta definición:

«En esta obra tan grande, por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombressantificados, Cristo asocia siempre consigo a su amadísima esposa la Iglesia, que invoca a suSeñor, y por él tributa culto al Padre Eterno. Por consiguiente, toda celebración litúrgica, porser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada porexcelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otraacción de la Iglesia» (Sacrosanctum Concilium, 7).

Los sacramentos, liturgia de las horas, sacramentales y ejercicios piadosos que realiza lacomunidad cristiana «en Espíritu y verdad» son acción de Cristo y del pueblo de Dios, poreso son medios por los que Dios santifica a los hombres y los hombres ofrecen un cultoagradable a Dios.

La liturgia nos habla de gratuidad: Dios nos ha salvado y nos salva gratuitamente ynosotros se lo queremos agradecer en una celebración también gratuita. Todos lospueblos y todas las religiones tienen celebraciones cultuales en las que ofrecen a Dios sutiempo y su vida por medio de símbolos: flores y perfumes, banquetes, bailes, momentosde silencio... Aunque algunas veces se busca algo a cambio, muchas otras se da por nada,como una cura religiosa del egoísmo innato. (Pensemos en nuestras propias «liturgias» decada día: un mantel en la mesa, una flor en el jarrón, una alfombra en el recibidor, unapretón de manos... gestos inútiles que hacen nuestra vida más «humana», no sóloinstintiva). La liturgia cristiana cuenta con estos elementos y, al mismo tiempo, es muchomás (Cristo se nos ofrece y se une a nuestra ofrenda al Padre).

Por lo tanto, la liturgia tiene una doble dimensión:

1. Descendente (katabática), salvífica (soteriológica). Lo que Dios obra en nuestro favor.

2. Ascendente (anabática), de glorificación a Dios (latréutica). Lo que nosotros obramos

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en honor de Dios.

El Espíritu Santo hace posible esta doble dimensión de la liturgia: Él se nos da como don yél hace válido nuestro culto (espiritual y agradable a Dios). En la liturgia se refleja la obramisma de Dios: El Padre, por Cristo, en el Espíritu, crea todas las cosas (movimientodescendente) y en el Espíritu Santo, por Cristo, somos llevados al Padre. Este es el caminode la deificación (theosis) de la que tanto hablan los Padres de la Iglesia. El EspírituSanto, por el que Dios realizó la creación, la encarnación y el nacimiento de la Iglesia enPentecostés, hace posible hoy la llegada de la salvación de Dios a los hombres concretos.Este mismo Espíritu eleva nuestra plegaria, nuestra vida y a nosotros mismos a Dios,haciéndonos agradables a sus ojos. Él hace que estas dos dimensiones no sean dosrealidades: la santificación de los hombres y la glorificación de Dios no van cada una porsu lado, sino que la glorificación de Dios se da en la santificación de los hombres. Quienesse dejan guiar por el Espíritu reciben la justificación y reconocen a Dios como su únicoSeñor. Lo expresa hermosamente San Ireneo al decir: «La gloria de Dios es la vida delhombre y la vida del hombre es dar gloria a Dios».

En algunas escuelas litúrgicas ha reaparecido la comprensión de la liturgia como unordenamiento concreto del culto oficial de la Iglesia, falseando la concepciónauténticamente cristiana. Así, a las celebraciones que no están reguladas en un ritual lasllaman «paraliturgias», tienen normas escrupulosas sobre cuántas sedes hay que colocaren el presbiterio, quién tiene que entonar los cantos y desde dónde, cómo hay que colocarel purificador en el cáliz y el misal en el altar, cuántas moniciones hay que realizar y enqué momentos... Confunden las legítimas sensibilidades estéticas con el contenido de laliturgia (queriendo, además, imponer las propias como únicas válidas).

Sería bueno recordar que liturgia es toda forma de culto cristiano, no sólo aquél oficial,preestablecido por unas normas rituales y que es precisamente el Espíritu Santo el que davalor a la liturgia (a toda liturgia realizada con autenticidad, con sencillez de espíritu), nola obra de los hombres (perfecta repetición de fórmulas, estudio de todos los suplementospublicados, multiplicación de subsidios...).

3. LA VIDA COMO LITURGIA. Al purificar el Templo de Jerusalén, Jesús termina conuna manera de relacionarse con Dios a base de repetir ritos invariables con palabrasinvariables en un lugar invariable. San Juan lo justifica con una cita de Zacarías, que noshabla de los tiempos mesiánicos y del culto que entonces se ofrecerá a Dios: «Loscascabeles de los caballos llevarán escrito consagrado a YHWH. Las ollas del Temploserán tan sagradas como las copas que se usan para esparcir la sangre ante el altar. Y en

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Jerusalén y Judá cualquier olla estará consagrada a YHWH de los ejércitos; de tal modoque si alguien quiere ofrecer un sacrificio, podrá usarlas y cocer en ellas la carne ofrecida.Aquel día ya no habrá mercaderes en la Casa de YHWH» (Zac 14, 20-21). Con lapurificación del Templo y el uso de esta cita, nos indica el Señor que ha llegado el tiempode ofrecer a Dios el «culto en espíritu y verdad» que el Padre quiere (Jn 4, 23). Un culto noligado a los montes Sión ni Garizín ni a los ritos que allí se realizaban, sino a la vida de losque se dejan guiar por el Espíritu del Señor.

La existencia íntegra del creyente en el mundo, vivida en fidelidad al Espíritu de Cristo,puede llegar a convertirse en «culto espiritual», en culto perfecto y definitivo: «osexhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcáis vuestros cuerpos comouna víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual» (Rm 12, 1ss).Pablo invita a un culto nuevo: la liturgia de la vida, en la que los distintos carismas yministerios se ponen al servicio de la comunidad. Su mismo ministerio es presentado enclave litúrgica: «Os escribo por la misión que Dios me ha dado al enviarme como liturgode Cristo Jesús entre los paganos para anunciarles la Buena Noticia» (Rm 15, 16). 1Pe 2, 5nos dice que somos «piedras vivas con las que se construye el templo espiritual destinadoal culto perfecto, en el que se ofrecen sacrificios espirituales y agradables a Dios porCristo Jesús». Nuestra vida será un culto agradable a Dios si nos dejamos guiar por elEspíritu.

4. EL ESPÍRITU Y LAS FUNCIONES EN LA COMUNIDAD LITÚRGICA. La asamblea quese reúne para celebrar la liturgia es una comunidad mesiánica, es decir, ungida por Cristocon el Espíritu Santo, para que participe de su triple dimensión profética, sacerdotal yreal, como él mismo fue ungido por el Espíritu Santo con poder (Hch 10, 38). San Pablonos dice que «Aquel que nos confirma en Cristo y nos da la crismación de Dios, nos hamarcado con su sello y ha puesto en nuestro corazón las arras del Espíritu» (2Cor 1, 21-22) y en otro texto «habéis sido sellados con el Espíritu Santo de la promesa... Noentristezcáis al Espíritu Santo con el que habéis sido sellados» (Ef 1, 13; 4, 30). De modoque todos los miembros de la comunidad cristiana son profetas, sacerdotes y reyes, poresa «crismación recibida que permanece en vosotros» (1Jn 2, 27). Por lo tanto, todosestamos capacitados para realizar una liturgia agradable a Dios y todos somos miembrosactivos de la misma.

Nuestra asamblea será activa, dinámica, si acojemos los distintos carismas que el únicoEspíritu suscita (1Cor 12-14). Cuando la comunidad se reúne para la celebración litúrgicacada uno actúa según el carisma que el Espíritu le ha concedido. A través de los cantos,las artes que ayudan a manifestar la fe, los testimonios de la Palabra vivida, los

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ministerios... que surgen y se desarrollan en la asamblea cultual, se hace presente elEspíritu. Gracias a esta participación diferenciada en distintos servicios y ministerios,pero unida por el mismo Espíritu que obra en todos, el grupo reunido deja de ser unpúblico anónimo, amorfo, y se transforma en una comunidad armoniosamenteestructurada, donde todos se complementan y enriquecen. La liturgia no puede ser elmantenimiento de unos ritos incomprensibles para casi todos, con la idea de tener asícontento a Dios.

El Espíritu es libertad, y «donde está el Espíritu hay libertad». Él suscita carismas queayudan a la comunidad a tomar conciencia de su gloriosa vocación, medios para queacojan la salvación que Dios quiere otorgarles y puedan ofrecer el culto agradable a Dios.Como no hay un único estilo artístico o arquitectónico que sirva para expresar la fe, nopuede haber una única sensibilidad litúrgica en las fórmulas, en los ritos, en los cantos...Por la admirable condescendencia de Dios, el Espíritu se adapta a nuestras capacidades ysuscita en cada época personas sensibles que ayuden a la comunidad a plasmar su fe y avivir la liturgia (así interpreta el mismo libro primero de los Reyes los talentos que Diosconcedió a los artistas para poder realizar el Templo de Jerusalén).

5. EL ESPÍRITU Y LOS SACRAMENTOS. San Ireneo repite continuamente: «El Hijo deDios se ha hecho hombre para que el hombre pudiera llegar a ser hijo de Dios». Estaexpresión, con pequeñas variantes, la encontramos en todos los Padres: «Dios se hacehombre para que el hombre se haga Dios», «El hombre llega a ser por la gracia aquello queDios es por naturaleza». Al explicarla, ellos mismos la traducen como «La Palabra se hahecho carne para que podamos recibir el Espíritu Santo... Dios se ha hecho portador de lacarne para que nosotros podamos ser portadores del Espíritu» (San Atanasio), «Éste fue elfin y la disposición de toda la obra salvadora de Cristo, que los fieles recibieran el EspírituSanto» (San Simeón el Teólogo) u otras parecidas. Estas ideas nos resuenan como un ecoa los que estamos familiarizados con la enseñanza de San Juan de la Cruz, tan cercano ensu pensamiento a los Padres antiguos. Cristo no sólo nos ha enseñado el camino de lasalvación y de la vida, sino que nos ha dado la salvación y la vida. Su salvación y su vida,la theosis (deificación) se nos da de una manera concreta, aquí y ahora, en lossacramentos, precisamente por la acción del Espíritu Santo.

Ciertamente, en Cristo los hombres somos salvados y nos unimos para formar un solocuerpo. Pero no debemos olvidar que en esa unidad se conserva la multiplicidad de laspersonas humanas, a las que el Espíritu Santo otorga los dones que necesitan y en las queel Espíritu Santo actúa de manera concreta, histórica, la salvación que Cristo realizó unavez para siempre. Los teólogos orientales subrayan una triple acción divina en la Iglesia:

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- El Padre siempre está al origen de todo, como el que envía al Hijo y al Espíritu para querealicen su eterno proyecto de salvación.

- El Hijo encarnado realizó la salvación (redención, unificación, recreación) de lanaturaleza humana con su encarnación, ministerio, muerte y resurrección.

- El Espíritu Santo se dirige a las personas concretas para que cada uno según suscapacidades reciba la plenitud de la gracia y se transforme en colaborador consciente deDios, iniciando un proceso personal de apropiación de la salvación de Cristo, dedivinización; actuando por medio de las «acciones sagradas» o «mysteria».

La epíclesis (de Kalein -invocar- el nombre divino y epi -sobre-) es componente esencialde toda «acción sagrada». El que está al frente de la asamblea dirige, en nombre de lacomunidad, la súplica al Espíritu Santo para que los gestos y palabras que se van arealizar tengan eficacia (como en los «ôt» de los profetas antiguos). El que es la fuerzailuminadora de la Iglesia y el que la lleva a plenitud, hace que se actualicen los grandesmisterios que conmemoramos y que se realice un nuevo Pentecostés en cada «mysteria»,para que la imagen de Dios se pueda reflejar en la Iglesia. Efectivamente, así como Dios esUnidad en la Trinidad de personas, el único acontecimiento salvador se hace presente enla multitud de los cristianos. Así, este Espíritu que hace eficaces los sacramentos,produce, al mismo tiempo, la unidad de los fieles con Dios y entre sí, realizando la«Koinonía» entre los fieles, como en Pentecostés, que el único fuego se posó en lenguasdistintas sobre los que estaban reunidos en un mismo lugar (Hch 2, 1ss).

«Aquí todo se concentra en una palabra: la epíclesis; esta oración que el sacerdote encomunión con el pueblo de Dios pronuncia en el centro de toda acción sacramental, paraimplorar del Padre que envíe su Espíritu sobre la materia del sacramento y sobre todos losfieles, para integrarlos -materia y fieles-, en el sôma pneumatikon, el cuerpo espiritual delresucitado: de ningún modo desmaterializado, sino copiosamente vivificado y vivificante,divinizado y divinizante» (Olivier Clément).

VI. EL ESPÍRITU SANTO Y LA COMUNIDAD RELIGIOSA.1. DIOS ES COMUNIDAD. En el A. T., Dios se manifiesta por medio de su Palabra(Sabiduría) y de su Espíritu. Con ellos crea, se revela, actúa en la historia de la salvación,suscita Jueces, Reyes, Profetas... Jesús nos ha revelado el misterio de la SantísimaTrinidad. El Padre, la Palabra y el Espíritu forman la comunidad original. Dios, desdesiempre, es donación y acogida. El Espíritu Santo es el «vinculum caritatis», la posibilidadde diferenciación y de relación entre el Padre y el Hijo. «Sólo se vencerán las odiosas

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divisiones de este mundo contemplando la Unidad de la Trinidad» (S. Sergio).

2. EL HOMBRE ES COMUNIDAD. Hemos sido creados a imagen de Dios y reflejamos ennuestro ser su misma estructura comunitaria. Somos capacidad de amor (acogido ydonado) en libertad. Ningún ser humano puede darse la vida a sí mismo ni se basta a símismo. El hombre desarrolla sus capacidades, llega a ser verdaderamente hombre encomunidad. Empezando por los niños. «Poned atención / un corazón solo / no es uncorazón» (A. Machado).

3. LA IGLESIA ES COMUNIDAD. Jesucristo buscó un grupo de hombres y mujeres conlos que compartir su fe, a los que educar en el camino del Reino, a los que enviar apredicar. El Espíritu Santo hace de todos los cristianos un único cuerpo y el mismoEspíritu suscita multitud de carismas personales para la construcción de la Iglesia (noolvidemos que Iglesia significa asamblea, comunidad). El Espíritu hace que la salvaciónque Cristo actuó para todos de una vez para siempre, se haga presente en la vida concretade cada creyente por medio de la comunidad (nadie puede bautizarse ni perdonarse a símismo; ningún carisma es autosuficiente...).

Desde siempre hemos sido elegidos para formar parte del cuerpo de Cristo, para estarunidos a él. Un día, la comunidad que formamos en la tierra será una comunidad eternajunto a él, porque le pertenecemos, hemos sido creados para eso. En Cristo, los demáscristianos son hermanos en el Señor. Él establece una relación que va más allá de la carney de la sangre (¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?...). Mi prójimo es mi hermanogracias a lo que Cristo hizo por él. Yo soy hermano de mi prójimo gracias a lo que Cristohizo por mí.

Los hombres estamos divididos por el pecado, pero Cristo es nuestra paz (Ef 2, 14). Él nosha enseñado quién es Dios y es el camino que nos lleva a él, el puente, el mediador. Él nosha enseñado lo que es el hombre y su vocación a la vida en fraternidad y él hace posible elamor mutuo. Él nos une con Dios y con los hermanos. Dios es mi Padre porque Cristo meha hecho su hermano. El otro es mi hermano porque Cristo lo ha unido a sí y nosencontramos en él. «Yo os daré el Espíritu de la verdad... Aquel día sabréis que yo estoy enmi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros» (Jn 14, 16. 20).

Comunidad cristiana significa comunidad en Jesucristo y por Jesucristo. Jesucristofundamenta la necesidad que los creyentes tienen unos de otros y Jesucristo hace posiblela comunión. Necesitamos de otros hermanos que nos anuncien la palabra de lasalvación, que sirvan de mediación para el encuentro con Cristo.

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4. LA VIDA RELIGIOSA ES COMUNITARIA. La vocación a la vida religiosa eseminentemente comunitaria. Estamos llamados a reflejar la vida del hogar de Nazaret, lade los discípulos/as reunidos con el Señor; a ser un anticipo (imperfecto y parcial, porsupuesto) de los cielos nuevos y la tierra nueva, donde Dios lo será todo en todos. Somospromesa de vida eterna. El Señor ha suscitado numerosos carismas en la Iglesia por mediode su Espíritu: predicación, gobierno, sabiduría, misión... Un importantísimo fococarismático en la Iglesia es el de las familias religiosas; cada una subraya un aspecto de lavida de Cristo y de su Iglesia (atención a los más necesitados, enseñanza de los niños,adoración del Padre...), pero todas tienen en común la dimensión comunitaria de suconsagración (no sólo de su actividad).

5. LA COMUNIDAD RELIGIOSA ES UN DON. Muchas veces deseamos una comunidaddistinta de la que tenemos, más perfecta, más ideal. Aquí está el error: en que queremosuna comunidad según nuestras ideas e ilusiones; pero, en primer lugar, la comunidadreligiosa no es un ideal humano, sino una realidad dada por Dios. Lo importante no sonnuestros sueños, por muy honestos, serios y sinceros que sean, sino la realidad que Diosnos regala en Cristo.

Mi comunidad es YA una realidad que se me ofrece, antes de mi intervención. En ellarecibo los sacramentos y se proclama la Palabra de Dios, en ella comparto la bendición dela gracia con otros hermanos pecadores, pero llamados por Dios al igual que yo mismo.

En primer lugar, he de ser agradecido a Dios por mi comunidad. Dios da lo mucho a quiensabe agradecer y valorar lo poco que recibe cada día. Nuestra comunidad es ya un don.También con su pobreza. Con la comunidad sucede lo mismo que con nuestrasantificación. Es algo que necesitamos, que deseamos, pero que no merecemos. Es unpuro regalo. Dios nos perdona y salva gratuitamente. Dios nos regala gratuitamente unacomunidad. La fraternidad cristiana no es -en primer lugar- un ideal a realizar, sino unarealidad creada por Dios en Cristo, de la que él nos permite participar. (Como la Iglesia esya una. Podemos crecer en la unidad, pero no inventarnos las formas de convertirla enuna nosotros. Tema importantísimo en el campo del ecumenismo).

6. EL ESPÍRITU SANTO ES FUENTE DE UNIDAD Y DE DIVERSIDAD. San Pablo insisteen presentarnos la variedad de los carismas en la Iglesia como don del espíritu: él es elque siembra en nuestros corazones unas capacidades para realizar la misión que nos pidey él nos da la fortaleza y sabiduría necesarias para desarrollarlas. La imagen del cuerpo lesirve para subrayar la interdependencia entre todos los carismas: el pie no es ojo ni elestómago es boca, pero ninguno se basta a sí mismo y todos forman parte de un

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organismo mayor. Al ser el único Espíritu el que hace de nosotros miembros distintos,capacitando a cada uno para realizar uno o varios servicios concretos en favor de lacomunidad, hace también de nosotros un único cuerpo. Él mismo nos hace comprenderque nadie puede considerarse superior a los demás por los dones que ha recibido, ya quetodos provienen del mismo origen (el Espíritu) y tienen el mismo destino (construir elcuerpo de Cristo). Al respecto, se puede ver 1 Cor, 12-14.

7. COMUNIDAD PSÍQUICA - COMUNIDAD ESPIRITUAL. La comunidad, la fraternidadreligiosa no es una realidad de orden psíquico: expresión de nuestros deseos, fuerzas,posibilidades naturales...; sino espiritual: basada en el don del Espíritu Santo que nospermite llamar «Abba» a Dios y reconocer a Jesús como Señor. La realidad psíquica seconstruye sobre nuestras ilusiones, pasiones, deseos y necesidades. La realidad espiritual,sobre la palabra de Dios.

En la comunidad psíquica, humana, nos mueven unos intereses (comunidad de vecinos,club de fútbol, el mismo matrimonio): nosotros nos escogemos para ayudarnos. En lacomunidad espiritual nos mueve la llamada de Dios: él nos escoge para salvarnos. En laprimera, se buscan unos objetivos y se realizan unos proyectos, se desarrollan todosnuestros talentos para realizar aquello que vemos como conveniente (la imposición eslegítima). Si no podemos llevarlo a cabo nos sentimos hundidos (inútiles, fracasados) oagresivos (culpando a los otros, despreciándolos). En la segunda se busca cumplir lavoluntad de Dios y se sabe ceder, tener paciencia, acoger, perdonar, ofrecer las propiasideas y aceptar que no sean tenidas en cuenta... porque lo importante no es que serealicen mis planes, sino que se realice la voluntad de Dios. El amor psíquico ama en elotro lo que nos gusta, sus valores, su belleza, lo que nos identifica..., en el espiritual seama al otro por Cristo, aunque no se lo merezca, aunque no me atraiga, aunque merepugne, aunque sea su enemigo. La primera es deseo, la segunda es caridad, serviciodesinteresado.

En la comunidad espiritual descubro que el cimiento no es mi amistad, mis gustos... sinoCristo. Sólo él puede salvar a mi hermano y a mí. Sólo él puede perdonarle a él y a mí.Debo renunciar a mis intentos apasionados de manipular, forzar o dominar a mi prójimo.Los otros quieren ser amados tal como son, tal como Cristo los ama. Por ellos vino Cristoal mundo, murió y resucitó. Éste es su principal valor para mí. El amor psíquico crea supropia imagen del prójimo, de lo que es y de lo que debe ser, quiere manipular su vida. Elamor espiritual parte de Cristo y descubre su imagen en cada hombre, deseando susalvación, su felicidad... por Cristo, no por mí.

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Lo que nos une no son las ideas, gustos, trabajos... sino la fe en Cristo, en su llamada, ensu perdón, en el misterio de su presencia entre nosotros. Él es nuestra paz y nuestraunidad.

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