publicaciones sobre comercio sexual - ifil.org · El hijo es el inmolado. Véanse otros ejemplos y...

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publicaciones sobre comercio sexual prematrimonial nos hablan de un 50% (Kinsey), del 50 al 70% (Terman), del 52% (Burgess), de190% (Carlsson, en Suecia)" (C. Trimbos, Hombre y mujer, p. 139). La cuestión planteada por Freud queda entonces en pie: "A todos in- teresa que también en las cuestiones sexuales se llegue a observar entre los hombres, como un deber, una mayor sinceridad. Con ello se ganaría mucho en moral sexual" (Die Sexualitäit in der Aetiologie der Neurosen (1898) ; ed. cast., I, p. 147). 304) Hemos situado introductoriamente la pedagógica en esta Ética, cap. III, § 18 t. I, pp. 137-144. 305) Juan Rulfo, Pedro Páramo, 1971, p. 7. Sobre la "nostalgia de un padre [Vatersehnsucht]" véase S. Freud, Die Zukunft einer Illusion, IV (t. II, p. 83; t. IX, p. 158)."Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala [...] -Yo también soy hijo de Pedro Páramo- me dijo [...] El caso es que nues- tras madres nos malparieron en un petate aunque éramos hijos de Pedro Páramo. Y lo más chistoso es que él nos llevó a bautizar" (pp. 7-11). El tema de la búsqueda del padre es antiguo en el pensa- miento americano: “-¿Cómo era mi padre? [preguntó Quetzalcóatl]. ¿Cómo era su figura? ¡Yo quisiera ver su rostro [ ...]! Le respondie- ron: -Ha muerto. Muy lejos quedó enterrado" (en Poemas épicos históricos. Quetzalcóatl busca a su padre, recogido por Angel Garibay, La literatura de los aztecas, p. 24. Véase en esta misma obra “Amones- tación del padre al hijo”, pp. 107-131). 306) Octavio Paz, El laberinto de la soledad, 1973, pp. 78-79. Este mag- nífico capítulo de "Los hijos de la Malinche" (pp. 59 ss.) lo tendre- mos muy en cuenta en esta pedagógica. 307) Alejo Carpentier, Los pasos perdidos, pp. 35-36. Ya hemos dicho que las tres mujeres de la obra son las tres culturas que se ejercen en América latina: Ruth (la cultura imperial), Mouche (la cultura prostituida o ilustrada de la élite neocolonial), Rosario (lo ancestral popular latinoamericano). 308) "El quinto sol", en Angel M. Garibay, La literatura de 1os azte- cas, 1970, p. 16. El Sol es un momento mítico masculino; la tierra ate- morizada es el momento maternal-femenino. El hijo es el inmolado. Véanse otros ejemplos y una interpretación psicoanalítica modificada en Arnaldo Rascovsky, El filicidio, 1973, que es un libro de gran inte- rés pedagógico. Véase todavía sobre filicidio, Bartolomé de las Casas, Apologética historia, cap. 90-91, t. III, pp. 303-309; José de Acosta, His- toria natural, V, 19, pp. 161-162. 309) Popol-Vuh, edición de Adrián Recinos, I, cap. II-III, p. 99. 310) Véase la temática esencialmente pedagógica de la "renovación del mundo" en Mircea Eliade, Aspects du mythe, 1963, pp. 56 ss.; ídem, Mythes, rêves et mystères, 1957, p. 254 ss., y Le mythe de l'éternel re- tour, 1949, pp. 83 ss. 311) Memorial de Sololá, I, 7; p. 52. 312) Es en este sentido que Hegel dice que "la pedagógica es el arte de hacer al hombre ético (sittlich)" (Philosophie des Rechts, § 151; Zusatz, t. VII, p. 302), es decir, según las costumbres de un pueblo; se trata del sentido "ontológico" de la pedagógica. 254
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  • publicaciones sobre comercio sexual prematrimonial nos hablan de un 50% (Kinsey), del 50 al 70% (Terman), del 52% (Burgess), de190% (Carlsson, en Suecia)" (C. Trimbos, Hombre y mujer, p. 139). La cuestin planteada por Freud queda entonces en pie: "A todos in- teresa que tambin en las cuestiones sexuales se llegue a observar entre los hombres, como un deber, una mayor sinceridad. Con ello se ganara mucho en moral sexual" (Die Sexualitit in der Aetiologie der Neurosen (1898) ; ed. cast., I, p. 147). 304) Hemos situado introductoriamente la pedaggica en esta tica, cap. III, 18 t. I, pp. 137-144. 305) Juan Rulfo, Pedro Pramo, 1971, p. 7. Sobre la "nostalgia de un padre [Vatersehnsucht]" vase S. Freud, Die Zukunft einer Illusion, IV

    (t. II, p. 83; t. IX, p. 158)."Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel seor llamado Pedro Pramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala [...] -Yo tambin soy hijo de Pedro Pramo- me dijo [...] El caso es que nues- tras madres nos malparieron en un petate aunque ramos hijos de Pedro Pramo. Y lo ms chistoso es que l nos llev a bautizar" (pp. 7-11). El tema de la bsqueda del padre es antiguo en el pensa- miento americano: -Cmo era mi padre? [pregunt Quetzalcatl]. Cmo era su figura? Yo quisiera ver su rostro [ ...]! Le respondie- ron: -Ha muerto. Muy lejos qued enterrado" (en Poemas picos histricos. Quetzalcatl busca a su padre, recogido por Angel Garibay, La literatura de los aztecas, p. 24. Vase en esta misma obra Amones- tacin del padre al hijo, pp. 107-131).

    306) Octavio Paz, El laberinto de la soledad, 1973, pp. 78-79. Este mag- nfico captulo de "Los hijos de la Malinche" (pp. 59 ss.) lo tendre- mos muy en cuenta en esta pedaggica. 307) Alejo Carpentier, Los pasos perdidos, pp. 35-36. Ya hemos dicho

    que las tres mujeres de la obra son las tres culturas que se ejercen en Amrica latina: Ruth (la cultura imperial), Mouche (la cultura prostituida o ilustrada de la lite neocolonial), Rosario (lo ancestral

    popular latinoamericano). 308) "El quinto sol", en Angel M. Garibay, La literatura de 1os azte- cas, 1970, p. 16. El Sol es un momento mtico masculino; la tierra ate- morizada es el momento maternal-femenino. El hijo es el inmolado. Vanse otros ejemplos y una interpretacin psicoanaltica modificada en Arnaldo Rascovsky, El filicidio, 1973, que es un libro de gran inte- rs pedaggico. Vase todava sobre filicidio, Bartolom de las Casas, Apologtica historia, cap. 90-91, t. III, pp. 303-309; Jos de Acosta, His- toria natural, V, 19, pp. 161-162. 309) Popol-Vuh, edicin de Adrin Recinos, I, cap. II-III, p. 99. 310) Vase la temtica esencialmente pedaggica de la "renovacin del mundo" en Mircea Eliade, Aspects du mythe, 1963, pp. 56 ss.; dem, Mythes, rves et mystres, 1957, p. 254 ss., y Le mythe de l'ternel re- tour, 1949, pp. 83 ss. 311) Memorial de Solol, I, 7; p. 52. 312) Es en este sentido que Hegel dice que "la pedaggica es el arte de hacer al hombre tico (sittlich)" (Philosophie des Rechts, 151; Zusatz, t. VII, p. 302), es decir, segn las costumbres de un pueblo; se trata del sentido "ontolgico" de la pedaggica. 254

  • 313) Popol-Vuh, III, cap. VI; p. 203. Muestra muy bien Imre Hermann, L'instinct filial, pp. 184 ss., siguiendo a Freud y muchos otros auto- res, que poseyendo el nio el instinto de asirse-de-la madre (Vase 44, en el captulo anterior sobre la ertica) identifica a la misma ma- dre con el "rbol", de cuya lea hace fuego. El fuego (que da calor como la madre al hijo) es un sustituto de la madre: la cultura.

    314) Comentarios reales de los Incas, I, XXI, t. I, p. 59. El Inca Garcilaso es un bello ejemplo del poder de la tradicin oral de una cultura, porque esta larga relacin del origen de sus reyes me lo dio aquel Inca, to de mi madre, a quien yo se la ped, la cual yo he procurado traducir fielmente de mi lengua materna, que es la del Inca, en la ajena que es la castellana (Ibd., XVIII, p. 52). La cultura, como la lengua primera y constitutiva de un nio, es materna: se maman. Jos de Acosta, en su Historia natural y moral de las Indias, VI, XVI, nos dice que "otro primor tuvieron tambin los indios del Per, que se ensearse cada uno desde muchacho en todos los oficios que ha me- nester un hombre para la vida humana. Porque entre ellos no haba oficiales sealados, como entre nosotros, de sastres, zapateros y tejedo- res, sino que todo cuanto en sus personas y casa haba menester lo aprendan todos, y se provean a s mismos. Todos saban tejer y ha- cer sus ropas; y as el Inca con proveerles de lana, los daba por ves- tidos. Todos saban labrar la tierra y beneficiarla, sin alquilar otros obreros. Todos se hacan sus casas; y las mujeres eran las que ms saban de todo... Y cuasi en esto imitan los indios a los institutos de los monjes antiguos, que refieren las Vidas de los Padres. A la verdad, ellos son gente poco codiciosa, ni regalada, y as se conten- tan con pasar bien moderadamente, que cierto si su linaje de vida se tomara por eleccin y no por costumbre y naturaleza, dijramos que era vida de gran perfeccin" (pp. 196-197). Sobre el tema de la edu- cacin entre los incas vase, entre centenares de obras, Louis Baudin, La vie quotidienne au temps des derniers incas, 1955, pp. 94 ss., 222 ss., etctera.

    315) Jos de Acosta, Historia natural, VI, XXVII, p. 205. Es un captulo digno de ser meditado: Hacanles dormir mal y comer peor, porque desde nios se hiciesen al trabajo y no fuesen gente regalada" ( Ibd., p. 206).Vase sobre la educacin azteca: Bartolom de las Casas, Apo- logtica historia, cap. 219, t. III, pp. 286 ss. En el captulo 122, Bartolom enuncia el tema as: "Prubase que los mexicanos fueron superiores a muchos pueblos antiguos en punto a la crianza y educacin de la juventud" (pp. 297 ss.).

    316) La literatura de 1os aztecas, p. 107. Hay bellas recomendaciones al hijo sobre la mentira y falsedad, sobre la vida del hogar, el tomar alcohol, etctera.

    317) Treinta y ocho textos lacandones", en La literatura de 1os mayas, ed. de Demetrio Sodi, 1970, p. 69.

    318) "Un seor da consejos a su hijo que quiere casarse", en La litera- tura de 1os guaranes, ed. de Len Cadogan y A. Lpez Austin, 1970. Bartolom de las Casas, Apologtica historia, cap. 123-124, refiere una buena cantidad de estas mximas tradiciones que los padres incul- caban a sus hijos (ed. cit., pp. 300 88.).

    319) Texto colocado al comienzo del tomo I de esta tica, y como su frontispicio.

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  • 320) El libro de los libros de Chilam Balam, 11 Ahau, p. 98. 321) Memorial de Solol, II, 162, p. 132. 322) Alejo Carpentier, Los pasos perdidos, p. 202. La ltima obra del

    gran escritor, El recurso del mtodo (1974), es una crtica al raciona- lismo cartesiano-europeo moderno que se encuentra ya indicada en estas cortas lneas.

    323) Vase la diferencia entre la dominacin dialctica que supone la conquista, y la liberacin analctica en la que consiste la autntica evangelizacin en mi obra Amrica latina, dependencia y liberacin, en la comunicacin "Historia de la fe cristiana y cambio social en Amrica latina" (pp. 193-228). Con respecto a la historia del proceso de la evangelizacin, vase mi obra Historia de la Iglesia en Amrica latina, coloniaje y liberacin (1492-1973), Nova Terra, Barcelona, 1974, hay all una bibliografa mnima.

    324) Vase mi trabajo La evangelizacin como proceso de acultura- cin, en Amrica latina y conciencia cristiana, IPLA, Quito, 1970, pp. 74 ss. Para un esquema de una historia de la pedaggica latinoame- ricana vase Toms Vasconi, Educacin y cambio social, 1967, en su cuarto apartado: "La evolucin de los sistemas educativos latinoame- ricanos" (pp. 39-54). Para el problema educacional en la poca de la Cristiandad de Indias, vase Flix Zubillaga-Antonio de Egaa, Historia de la Iglesia en la Amrica espaola, t. I, pp. 414-449, t. II, pp. 597-625 y 1068-1090. Un prototipo de historia pedaggica, vase en Esteban Fontana, "Semblanza histrica del colegio nacional de Men- doza", en Cuyo (Mendoza), III ( 1967), pp. 43-88, y en dem, Los cen- tros de enseanza de la filosofa argentina durante el perodo hisp- nico", en Cuyo, VII (1971), pp. 83-146, etctera.

    325) Octavio Paz, El laberinto de la soledad, p. 92. 326) Gabriel Garca Mrquez, en su obra Cien aos de soledad, crea el

    ambiente alucinante de la sucesin de las generaciones en el reducido ambiente de Macondo, porque las estirpes condenadas a cien aos de soledad no tenan una segunda oportunidad sobre la tierra (p. 360).

    327) O. Paz, El laberinto de la soledad, p. 186. 328) Ibd., p. 73. 329) Alejo Carpentier, Los pasos perdidos, pp. 146-147. 330) Octavio Paz, op. cit., pp. 77-78. 331) Ibd., p. 75. 332) Vase el apndice "Cultura imperial, cultura ilustrada y libera- cin de la cultura popular", en Stromata, Buenos Aires, XXX, 1/2 (1974), pp. 93-167; y un trabajo anterior al descubrimiento explcito de la doctrina de la dependencia: "Cultura, cultura latinoamericana y cultura nacional", en Cuyo (Mendoza), IV (1968), pp. 7-40. 333) Octavio Paz, op. cit., p. 76. 334) Ibd., p. 77. 335) Albert Memmi, Retrato del colonizado, 1969, p. 93. La coincidencia

    entre la Algeria o Tnez del siglo xx y Amerindia en el siglo XVI es asombrosa. Se pueden leer los juicios que sobre el indio tenan los conquistadores y la cultura de la burocracia hispnica colonizadora; en los seminarios se deca que estaban "inclinados a la lujuria", por lo

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  • que no podan ser sacerdotes; "bestial y mal inclinados" los llamaba Fernndez de Oviedo; "rudo" o como nios lo juzgan los concilios americanos (tan justos en otros aspectos), etctera.

    336) Octavio Paz, op. cit., p. 79. Tan ruptura con la "madre" es que, en el caso de Sarmiento, sera bueno realizar un anlisis hijo-madre concreto, a fin de desentraar el sentido de la negacin de la cultura popular latinoamericana como negacin de la madre y afirmacin correlativa del padre (en este caso, los sucesores del conquistador Corts o Pizarro: Inglaterra, Francia, Estados Unidos).

    337) Ibd., p. 115. Se denomina en Mxico la Reforma a la irrupcin del liberalismo (desde 1857). Por su parte, Paz nos dice que el disfraz positivista no estaba destinado a engaar al pueblo, sino a ocultar la desnudez moral del rgimen a sus mismos usufructuarios [...] Al cabo de cien aos de luchas el pueblo se encontraba ms solo que nunca, empobrecida su vida religiosa, humillada su cultura popular. Habamos perdido nuestra filiacin histrica" (Ibd., p. 120). Sobre la influencia francesa en Amrica latina nada mejor, para revivirla por dentro que la obra de Alejo Carpentier, El siglo de las luces: "Es- teban soaba con Pars, sus exposiciones de pintura, sus cafs intelec- tuales, su vida literaria [...]" (p. 29).

    338) Sarmiento, Facundo, 1967, p. 51. Un importante anlisis de Anbal Ponce, Humanismo y revolucin, 1970, sobre "Sarmiento y Espaa", nos ayuda a descubrir la genialidad observativa de Sarmiento, al mis- mo tiempo que da a entender el fracaso de la "revolucin burguesa" de 1520 en Espaa (un siglo antes que la inglesa y dos que la fran- cesa). Es evidente que el "liberalismo" no es ms que la irrupcin de una cierta burguesa dependiente y neocolonial en Amrica latina. 339 Sarmiento, op. cit., p. 111. Sarmiento nos propone aqu una "filo- sofa de la cultura" explcitamente. Llama a lo europeo la conciencia, la civilizacin, el ser, lo urbano; llama a lo americano lo brbaro, la materia, el nomadismo, el campo. Uno es la industria, la inteligencia, la belleza, la razn; otro es la incultura, lo irracional, lo burdo, lo popular, lo hispnico, lo medieval, lo cristiano. "Quiroga", para Sar- miento, es lo mestizo, lo latinoamericano. Por ello se hace sumamente importante la obra de Sal Taborda, Investigaciones pedaggicas, t. I-II, 1951, cuando plasma la categora de "lo facndico": "Quien tenga conciencia de pertenecer a una sociedad que se realiza en el tiempo de acuerdo a un insobornable sistema de fines, precisar con esta actitud el profundo sentido de ese advenimiento y se situar de pleno en las direcciones histricas de tesitura facndica que contiene la clave del fenmeno Sarmiento" (t. II, p. 230), que no es sino "una conquista o colonizacin de una cultura sobre otra cultura" (Ibd.), porque "la empresa educacional de Sarmiento [tiene] el deliberado designio de someternos al vasallaje de la cultura extranjera" (Ibd.)

    340) Vase la obra de Anbal Ponce, Educacin y lucha de clases, 1957, en especial "La educacin del hombre burgus" (pp. 210 ss.).

    341) Jos Hernndez, Martn Fierro, I, 1069-1080, p. 53. 342) Librer l'avenir, 1971, pp. 120 ss. 343) Jos Hernndez, op. cit., I, 1087-1092, p. 54. 344) Octavio Paz, op. cit., pp. 122-131.

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  • 345) "Era un hbito de los sentidos y no amor lo que me una a Mou- che [...] Tres artistas jvenes haban llegado [...], un blanco, un indio el poeta, un negro el pintor [...] El tema era uno solo: Pars [...] yo interrogaba a esos tres jvenes sobre la historia de su pas, los primeros balbuceos de su literatura colonial, sus tradiciones popu- lares, [y] poda observar cun poco grato les resultaba el desvo de la conversacin [...] Los vea yo enflaquecer y empalidecer en sus estudios sin lumbre -olivceo el indio, perdida la risa el negro, ma- leado el blanco-, cada vez ms olvidados del sol dejado atrs [...] Al cabo de los aos, luego de haber perdido la juventud en la empresa, regresaran a sus pases con la mirada vaca [...] Yo perciba esta noche, al mirarlos, cunto dao me hiciera un temprano desarraigo de este medio que haba sido el mo [...] Cuando la noche se me haca singularmente tangible, ciertos temas de la modernidad me resultaban intolerables" (Alejo Carpentier, Los pasos perdidos, pp. 58-60).

    378) "Ruth, desde otro extremo del mundo, era quien haba despachado los mandatarios que me hubieran cado del cielo...Y yo haba ascen- dido a las nubes, ante el asombro de los hombres del Neoltico [...] En estos ltimos das senta junto a m la presencia de Rosario. A veces, en la noche, crea or su queda respiracin adormecida" (Ibd., p. 215).

    347) Idem, EL reino de este mundo, 1969, p. 121. 348) Octavio Paz, op. cit., p. 40. 349) Ibd., pp. 13-14. 350) A. Villamil-C. Bejarano-A. Cote, El gamn, Universidad Javeriana, Bogot, 1973 (indito dactilografiado), p. 12. 351) Para una pedaggica del "centro" nada mejor que la visin hist-

    rica que nos dan Theodor BaIlauf-Klaus Schaller, Pdagogik, tomo I: Von der Antike bis zum Humanismus (1969), tomo II: Vom 16. bis zum 19. Jahrhundert (1970), tomo III: 19./20. Jahrhundert (1972), Karl Alber, Freiburg, que en sus 2514 pginas no slo nos da una antologa sino una interpretacin "europea".

    352) Para una bibliografa mnima sobre la pedaggica latinoamericana, adems de las obras que citaremos a lo largo de este captulo, vase la Revista de Ciencias de la educacin (Buenos Aires), que trae bue- na bibliografa (cfr. T. Vasconi, "Contra la escuela", RCE 9 (1973, pp. 3-22); adems, Educacin hoy. Perspectivas latinoamericanas (Bo- got), desde enero de 1971, que tiene adems una "coleccin" sobre temas tales como J. Vasconcelos -C. de Lora, La escuela comunidad educativa, 1972; Paulo Freire, Concientizacin, 1973; P. Furter-E. Fiori, Educacin liberadora, 1973. Sobre el cambio social y la educacin consltese Juan C. Agulla, Educacin, sociedad y cambio social, Ka- pelusz, Buenos Aires, 1973, de inters; Toms Vasconi, Educacin y cambio social, 1967 (bibliografa, pp. 117-130); C. E. Beeby, La calidad de la educacin en los pases nacientes, 1967; sobre un intento ms te- rico, A. Morales, Hombre nuevo: nueva educacin, 1972; y el captulo de Ada Vzquez, "Problemas de educacin en el tercer mundo", en obra conjunta con Fernand Oury, Hacia una pedagoga del siglo xx, 1967, pp. 225 ss.; sobre historia, Luis Zanotti, Etapas histricas de la poltica educativa, 1972; o ms monogrfico, Juan C. Tedesco, Educa-

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  • cin y sociedad en la Argentina (1880-1900), 1970, como ejemplo de un perodo de un pas latinoamericano.

    353) Vase cap, III, 17-18, t. I, pp. 130-140, en especial notas 354-358 de esta tica. Es conocida la siempre clsica obra de Werner Jaeger, Paideia, trad. cast., 1967. Debemos, sin embargo, proponer algunas reflexiones. Para Platn, y posiblemente para Scrates, el aprendizaj es "reminiscencia" (anmnesis) (Menn 81 a-82; Fedn 72 e-73 a; Fedro 249 b-c; Republica 476 a, 507 b) que se alcanza en ltimo tr- mino por la dialctica-ontolgica. Es un recordar "lo Mismo" (t aut) que ya se haba visto entre los dioses (Teeteto 191-195; Filebo 34)."Lo Mismo" (vase lo ya dicho en esta tica, 14, t. I, pp. 104-106) es divino: las ideas, pero al mismo tiempo lo es la cultura griega. Peda- ggicamente Scrates, por su mtodo mayutico, lleva al discpulo a la respuesta griega de lo que pregunta y le hace creer que son ideas divinas; es decir, diviniza la cultura griega. Sutil dominacin peda- ggica! Adems, el pedagogo, que no es el padre del hijo, lo toma bajo su responsabilidad y ocupa el lugar del padre. Como veremos, el dis- cpulo, como en el caso del mile, es como un ente orfanal ante un desptico ego magistral que slo le asigna al hurfano-nio la funcin de recordar "lo Mismo". Toda pedaggica de la dominacin es disci- plina memorativa, rememorante: hay que recordar lo que el ser del maestro es. El olvido del ser heideggerino nos habla igualmente de dominacin. Cmo podra haber olvido o recuerdo de lo nuevo que el discpulo es, si nunca ha sido sino que ser?

    355) S. Freud, Briefe, 1873-1939, 1960, p. 244. 355) Pierre Legendre, L'amour du censeur. Essai sur l'ordre dogmatique,

    1974, p. 26. Esta sugestiva obra, que parte de la ertica para realizar una hermenutica socio-poltica del derecho medieval, nos permite pasar del texto cannigo al texto psicoanaltico y poltico. No se con- funda, en la exposicin que sigue, la cristiandad (una cultura de la que trataremos) con el cristianismo (una religin de la que aqu no nos ocuparemos).

    356) Ibd., p. 36. Vase en esta obra, especialmente, el captulo deno- minado "El orden sexual y su terror" (pp. 124 ss.) y Poltica de los confesores (pp. 143 ss.), que nada tiene ya de comn con las super- ficiales crticas unilaterales de los liberales latinoamericanos. Consl- tese G. Le Bras, Institutions ecclsiastiques de la chrtient mdivale, t. I-II, 1959-1964.

    357) Citaremos de sus Obras completas, ed. Lorenzo Riber, t. I-II, 1947- 1948. El De disciplinis, II, pp. 337-687. Sobre pedaggica consultar Con- tra los pseudodialcticos (1520), Pedagoga pueril (1523), Carta II a Carlos Montjoy (1523), Arte de hablar ( 1532), De consultatione ( 1523), De la disaput (1531), etc. Nuestro crtico pedagogo nos dice en un pasaje que algunas cosas hay que diera yo tanto por desaprenderlas como otros pagan por aprenderlas" (Contra los pseudodialcticos, p. 295). Y hablando del sin sentido de la educacin feudal dice que "si el vulgo entendiera tales demencias, fueran las masas obreras quienes los echaran de la ciudad, silbados, abucheados, haciendo sonar sus herramientas como a gente mentecata y carente de sentido comn" (Ibd., pp. 296). Vase el distanciamiento existencial de Vives con res- pecto al mundo feudal y el acercamiento a la realidad burguesa (al hablar positivamente de mano de obra renacentista).

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  • 358) De las disciplinas, II, 1; t. I, p. 399. En esta obra, despus de criticar

    la decadencia de los estudios (artes o disciplinas), entra a criticar una por una las ramas centrales del curriculum del siglo xv: la gramtica, la dialctica, la retrica, la filosofa, la medicina y matemtica, el dere- cho civil y el mismo mtodo de la enseanza. Es un tratado esencial de la pedaggica moderna.

    359) Ibd., prefacio; II, p. 341. Obsrvese la fundamentacin de la pro- blemtica pedaggica sobre la "naturaleza", que pronto ocupar el lugar de la cultura medieval. En Vives, adems, se ve ya presente la figura constituyente del ego magistral: ...porque con ella no que- dase perjudicado yo, el preceptor, ni con ella daado los estudiantes" (Ibd.).

    360) Ibd., p. 338. 361) Vase la diversa interpretacin de este pensador dada por Anbal

    Ponce, "La educacin del hombre burgus", en Educacin y luchas de clases, pp. 211 ss. ("Si la educacin caballeresca ya no servia para este noble que tenda a volverse cortesano, poco le serva la dialctica y la teologa al buen burgus que fletaba buques para el nuevo mun- do"; p. 212), y por Max Horkheimer, "Montaigne und die Funktion der Skepsis", en Kritische Theorie, 1968 (trad. cast., Barral, Barcelona, 1973); Sal Taborda, Investigaciones pedaggicas, II, pp. 113-147 (sobre el galant homme), pp. 149-164 (el gentleman).

    363) Montaigne, "De l'institution des enfants", en Essais, I, cap. XXVI; ed. de M. Rat, t. I, 1962, pp. 161-162. Para una bibliografa, Ibd., pp. XLII-LXV.

    363) Si se lee, por ejemplo, la obra de Fnelon, De l'education des filles (ed. Firmin-Didot, 1886), puede observarse, entre otros aspectos, un machismo presente en todas las lneas ("instruction des femmes sur leurs devoirs", caps. 11 y 12, pp. 65-79); se sita en el nivel de la burguesa ("Ella tiene la ciencia de hacerse servir... Es necesario elegir los sirvientes. ."; p. 70), y que lentamente se libera de la tutela clerical ("Creo que usted -la madre- podr darle mejor educacin que ningn convento"; p. 86); etctera.

    364) Usaremos la edicin de F. Richard, 1964 (con bibliografa en pgi- nas XLI-L).

    365) Debe tenerse en cuenta, por ejemplo, que un Locke (1632-1704), que contempla la revolucin burguesa inglesa de Cromwell, nos pro- pone la antropologa de la tabula rasa: el hombre nace sin presu- puestos, sin antecedentes, sin condicionamientos. Se lo puede educar admirablemente! Su obra Pensamientos acerca de la educacin apare- ci en 1693. 366 Se equivoca entonces A. Mitscherlich, Auf dem Wer zur vaterlosen gesellschaft, 1971, ya que el padre se enmascara en sustitutos ambiguos. 367 mile, I; p. 5. 368 Ibid., p. 7. 369 Ibd., V, p. 514. "Mais considrez premirement que, voulant former l'homme de la nature, il ne s'agit pas pour cela d'en faire un sauvage et de le relguer au fond des bois" (Ibd., IV, p. 306).

    370) Ibid., I, p. 5. "Las buenas instituciones sociales son las que saben 260

  • mejor desnaturalizar (dnaturer) al hombre, arrebatndole su exis- tencia absoluta para darle solamente una relativa, transportando el yo a la unidad comn" (Ibd., p. 9)."El hombre civil nace, vive y muere en la esclavitud: en su nacimiento ya se lo calza en un chaleco (se lo faja); en su muerte se lo clava en un cajn; en tanto guarda figura humana se lo encadena a las instituciones" (p. 13)."He aqu, desde los primeros pasos, fuera de la naturaleza" (p. 19).

    371) S. Freud, Das Unbehagen in der Kultur, (t. III, pp. 18 ss; pp. 217 ss.), no acepta que pueda negarse el valor de la cultura en general. En realidad, Rousseau no niega la cultura en general sino que, obnu- bilado por la "cultura feudal" o eclesistica imperante, proyecta su critica de esa cultura, a toda cultura. As entendida la critica rousseau- niana adquiere mayor importancia.

    372) mile, I, p. 8. 373) Ibd., pp. 7-8. 374) Ibd., II, p. 179. 375) Ibd., p. 71. 376) Ibid., I, p. 13. 377) Ibd., II, p. 70. 378) "Entre los nios de la ciudad ninguno es tan diestro como l" (Ibd., II, p. 180)."Veo en los campos trabajar a los muchachos [...]" (Ibd., III, p. 183)."La primera y la ms valiosa de todas las artes es

    la agricultura" (Ibd., III, p. 216). 379) "Si tiene la desgracia de ser educado en Paris...est perdido"

    (Ibd., III, p. 235)."Es necesario no exponerlo a la pompa de la corte, al fasto del palacio [...]" (Ibd., IV, p. 260)."No querra tener un palacio por morada" Ibd., IV, p. 433)."Emilio no era un rey [... para llevarlo] de ciudad en ciudad, de palacio en palacio, de crculo en circulo" (Ibd., V, p. 597).

    380) Ibd., III, p. 226. "En la sociedad, donde se vive dependiendo de otros, se debe devolver en trabajo el precio de su mantenimiento; sin excepcin. El trabajo es un deber indispensable" (Ibd.). Rousseau se encuentra, sin embargo, entre dos mundos, ya que no puede dejar de reconocer (resabio feudal) que "de todas maneras, la agricultura es la primera profesin del hombre" (Ibd.).

    381) Ibid., III, pp. 224-225. 382) Ibid., IV, pp. 434-435. 383) Ibid., V, pp. 574 ss. Por otra parte, es interesante indicarlo, para

    Rousseau lo til tiene mayor valor que lo honesto, y por ello alaba a los viajeros que saben utilizar sus viajes y no simplemente extasiarse contemplativamente ante los monumentos.

    384) Ibid., I, p. 27. 385) Ibid. 386) Ibid., pp. 28-29. 387) Ibd., II, p. 69. 388) Ibid., I, p. 12. 389) Ibd., IV, p. 300.

    261

  • 390) J. Pestalozzi, "Semejanza entre el crecimiento orgnico y el des- arrollo humano", en Francisco de Hovre, Grandes maestros de la peda- goga contempornea, trad. cast., p. 270. Vase Federico Delekat, Pesta- Lozzi. L'uomo, il filosofo, l'educatore, ed. it., 1928, donde se sita la problemtica.

    391) El problema de la introyeccin (en terminologa freudiana: La agresin es introyectada [introjiziert), internalizada [verinnerlicht]..."; Das Unbehagen in der Kultur, VII, p. 250) tiene la mayor importancia en el sociopsicoanlisis, ya que las instituciones pedaggicas cons- tituyen el thos imperante (que Freud llamara el Ueber Ich, o el padre interiorizado en la superacin del edipo).

    392) mile, III, p. 211. 393) Edicin de 1916, p. 25. 394) Mara Montessori, Il metodo della pedagogia scientifica, applicato

    all'educazione infantile, 1913, p. 230. 395) Siempre que enfoquemos la discusin de un nuevo movimiento

    educativo, es especialmente necesario tomar el punto de vista ms amplio, el social" (John Dewey, The school and society (1900), 1956, p.7).

    396) "Las modificaciones que se introducen en los mtodos y progra- mas educativos son, por tanto, el producto de los cambios de la situa- cin social y el esfuerzo para satisfacer las necesidades de la nueva sociedad que se est formando, como lo son los cambios producidos en la industria y el comercio" (Ibd., p. 8).

    397) John Dewey, Democracy and education. An introduction to the philosophy of education, 1925, p. 12.

    398) Adems de la obra de H. Marcuse, Eros y civilizacin, sera inte- resante consultar las obras de Grard Mendel, La rvolte contre le pre, 1968; Idem, Pour dcoloniser l'enfant, 1971, y La crise de gn- rations, 1974 (bibliografa en pp. 265 ss.). 399) S. Freud, Das Unbehagen in der Kultur, VII (t. III, p. 47; t. IX, p. 250) .Reflexinese sobre la metfora propuesta: ciudad conquistada [eroberten]"; se trata entonces del fenmeno de la represin [Ver- drngung]" (Ibid VIII; t. III, p. 59; t. IX, p. 264). 400) Cfr. H. Marcuse, One-Dimensional Man, I, 4.: "El cierre del uni- verso del discurso. El lenguaje de la burocratizacin total"; Henry Jacoby, La burocratizacin del mundo, Siglo XXI, Mxico, 1972. La pedagoga rusa, por ejemplo, de Makarenko, Pome pdagogique (trad. francesa), 1960, tiene la misma significacin.

    401) Historia General y Natural de las Indias, t. III, p. 60. 402) Sumario de la Natural historia de las Indias, t. VIII, 1945, p. 2. 403) Democrates alter, p. 15. 404) Facundo, pp. 51 y 39. Cfr. el apndice Cultura imperial, cultura

    ilustrada y liberacin de la cultura popular", publicado tambin en Dependencia cultural y creacin de la cultura en Amrica latina, Bo- num, Buenos Aires, 1974, pp. 43 ss.

    405) Prlogo a Frantz Fanon, Los condenados de la tierra, p. 7. 406) Vase Armand Mattelart, La comunicacin masiva en el proceso

    de liberacin, 1973; Idem, Cmo leer el Pato Donald, 1972; Armand 262

  • y Michele Mattelart, Juventud chilena: rebelda y conformismo, 1970, sobre el tema que sugeriremos a continuacin.

    407) G. Mendel, La crisis de gnrations, p. 137. 408) Vase Alejandro Nieto, La ideologa revolucionaria de los estudian-

    tes europeos, 1971, bibliografa en pp. 267-277. 409) Cfr. Albert Borgmann, The philosophy of language. Historical

    foundations and contemporary issues, 1974. Para una introduccin a la lingstica actual, Gabriel Bs, Curso de introduccin a la lings- tica, 1972. Para una lingstica de la liberacin ser necesario ocuparse muy especialmente de todo aquello que "dejamos de lado" para llegar a constituir "objetos abstractos" manejables por la ciencia, a fin de poder tomar en cuenta la "totalidad lingstica" vigente y dominadora y poder estudiar "lo oprimido" en dicha totalidad (o lo excluido como "no-ser" y por ello "no-palabra"). Se tratara de ver cmo surge la "novedad" lingstica desde la novedad de la experiencia liberadora.

    410) Para este pargrafo, adems de la bibliografa ya indicada tngase en cuenta Paulo Freire, Pedagoga del oprimido, 1970; Idem, La edu- cacin como prctica de la libertad, 1970; Guillermo Gutirrez, Ciencia, cultura y dependencia, 1973; Darcy Ribeiro, La universidad latinoame- ricana, 1971; Hctor Silva Michelena-Heinz Sonntag, Universidad, de- pendencia y revolucin, 1971; y dentro de una visin todava "desarro- llista", Jos Medina Echavarra, Filosofa, educacin y desarrollo, 1970; y desde Estados Unidos, Noam Chomsky, La responsabilidad de los intelectuales (Los nuevos mandarines), 1971; Alberto Parisi, La problemtica de la cultura en Amrica latina, 1974.

    411) En la Philosophie des Rechts, 151, Zusatz, p. 302, Hegel nos dice que "la pedaggica es el arte de hacer al hombre sittlich (tico)". claro que nos advierte pronto que "el hombre muere por las costum- bres, es decir, que cuando se ha acostumbrado en la vida cotidiana, deviene lerdo espiritual y fsicamente" (Ibd.). Sin embargo, el unsit- tlich o deshabituamiento que proponemos no se trata slo en el sentido de ser activo "dentro" de la Totalidad, sino de ser liberador "ms all" del sistema: no-instalado.

    412) Totalit et infini, pp. 244 ss. 413) Lema inicial de la obra de Octavio Paz, El laberinto de la soledad,

    p. 7. Hemos cambiado la expresin "lo otro" por "el otro" en el texto de Machado.

    414) Ibd., p. 79. 415) Vanse las posiciones posibles que hemos indicado en la nota 180,

    del 44, ms arriba. Desde la posicin 3 a la 10 inclusive, son propia- mente pedaggicas. Las relaciones preponderantes de dominacin peda- ggica son las 4. (Padre-hijo) y 7. (Padre-hija), que derivan de la 1. (Varn-mujer).

    416) Pablo Neruda, Obras escogidas, Ed. Andrs Bello, Santiago, 1972, t. II, p. 413: "1 pueblo".

    417) Das Unbehagen in der Kultur, VIII, p. 269. 418) Vase C. Trimbos, Hombre y mujer, pp. 155-250, sobre la cues-

    tin "Las relaciones conyugales y la regulacin de los nacimientos". 419) Vase en esta tica cap. IV, 24, t. II, pp. 52 ss.

    263

  • 420) Imre Hermann, L'instinct filial, p. 155. 421) Grard Mendel, La crise de gnrations, p. 138. "En la hora ac-

    tual constatamos que el joven rechaza el identificarse con el modelo propuesto por su padre, por los adultos y la sociedad. No quiere lle- gar a ser como ellos. l rechaza la herencia o lo que todava queda de ella. Se trata de una cuestin muy diferente a un conflicto de gene- raciones, proponemos llamarla crisis de generaciones" (Ibd., p. 148).

    422) Vase Alejandro Nieto, La ideologa revolucionaria de los estu- diantes europeos, Ariel, Barcelona, 1971, bibliog. pp. 267-277. Con- cluye diciendo: "En todo caso los poderes constituidos intentarn soterrarlos con el arma de la represin y los instrumentos de la recu- peracin. y hay tambin que dar por seguro que la revolucin (ju- venil) nunca se extinguir mientras no se eliminen las causas que la provocan" (p. 266).

    423) En el esquema 24 del 49, esta accin trans-ontolgica la hemos indicado con la flecha c (vase en el cap. VI, 36, t. I, pp. 171-173).

    424) Vase nuestro trabajo "El ser de Latinoamrica tiene pasado y futuro?", en Amrica latina, dependencia y liberacin, pp. 24-36 (en la misma obra se trata la cuestin en pp. 18-66).

    425) Vase, por ejemplo, la obra citada de Octavio Paz, o la de J. J. Hernndez Arregui, Qu es el ser nacional? , 1973, o del mismo autor La formacin de la conciencia nacional, Plus Ultra, Buenos Aires, 1973. La temtica va en aumento y en todos los pases latinoameri- canos la pregunta del "ser nacional" se va planteando. A veces deriva en un mero indigenismo, o en la negritud del bant (para los pases de preponderancia negra), o en "literatura". De todas maneras, la "necesidad" de autodefinirse indica una realidad pedaggica: el hijo- discpulo-pueblo quiere decir su palabra, quiere decir quin es.

    426) Es en este tema donde Amrica latina ha sido ms original que en otros campos del saber humano. Vase la obra de Ivn Illich, Une socit san cole, 1971; y del mismo autor Librer l'avenir, 1971 (am- bas obras son fruto de los trabajos realizados por Illich en el CIDOC de Cuernavaca, Mxico); Alternativas al mdico, 1974; Alternativas al transporte, 1974; Hacia una sociedad convivencial, 1972 (y su ver- sin inglesa Retooling society III, ibid., bibliog. pp. 37/1-42). Este ltimo trabajo exige un conocimiento anterior del informe del MIT al Club de Roma, de D. Meadows-Joergen Randers-William Behrens, Los lmites del crecimiento, trad. cast., 1972 (de la obra inglesa pu- blicada ese mismo ao). Queremos indicar, adems, entre la inmensa bibliografa sobre pedagoga y realidad educativa en Amrica latina el Decreto Ley 19326 o "Ley general de educacin" del Per (marzo de 1972), y "Reforma de la educacin peruana. Informe general" de la Comisin de reforma, Lima, 1970, en las cuales intervino activa- mente el filsofo Augusto Salazar Bondy; ambas publicaciones fueron editadas por el Ministerio de Educacin (Lima).

    427) El filicidio, p. 23. El mamfero pre-humano es como una prepa- racin zoolgica a la alteridad humana. Los ovparos, en cambio, na- cen en relacin animal-naturaleza y el proceso pedaggico es mnimo (en algunas especies la pedagoga es nula y todo es puramente ins- tinctual especfico).

    264

  • 428) Cfr., Imre Hermann, L'instinct filial, pp. 71-83: "El instinto de

    nutricin". 429) Ibid., p. 295. 430) Ibid., pp. 296-299. 431) Los trabajos de un Piaget, por ejemplo, deben situarse en este

    contexto. Ciertamente limitado por sus experiencias en las culturas del "centro-imperial", sus conclusiones importan un adelanto en el estudio de la estructuracin gentica y en la primera evolucin del nio. Sera necesario modificar sus hiptesis a partir de la realidad pedaggica de la "periferia".

    432) Cfr. I. Hermann op. cit., pp. 359-370. 433) A. Rascovsky, op. cit., p. 32. 434) I. Illich, Alternativas al mdico, Doc. 68/102, p. 1. 435) La excelente obra de Rick Carlson, El fin de la medicina, trad.

    cast. en borrador, publicada en la obra citada en la nota 434, pp. 6/1-194, dice claramente que "por supuesto que servicios lo incluye todo, desde la TWA hasta los locales de servicios rpidos de comidas. Pero se espera que la mayor expansin futura se producir en otra parte: en los servicios de educacin, salud y bienestar, que han sido oficialmente burocratizados" (p. 6/39).

    436) Pasaje inverso y con otro sentido del indicado por G. Mendel, "De la rgression du politique au psychique", en Sociopsychoanalyse, 1972, pp. 11-63, cuando nos dice que "la regresin de lo poltico a lo psquico acontece cuando el conflicto social no puede efectuarse a fondo" (p. 16). La represin policaca deriva el conflicto social en conflicto psicolgico introyectado. Por el contraro, el pasaje del nio a sus cin- co aos, superado el edipo, es el comienzo de su entrada a lo poltico- propedutico (su real entrada la har en su juventud adolescente).

    437) I. Illich, Librer l'avenir, p. 111, en el captulo que tiene por titulo: "La enseanza: una vana tarea".

    438) I. Illich, Hacia una sociedad convivencial, p. 0/9. 439) El hijo de una familia culta en nuestros pueblos subdesarrollados

    tiene ventajas sobre el hijo de un analfabeto. De la misma manera "al rico le sern ofrecidas ms enfermedades creadas por los mdicos (lla- madas enfermedades iatrognicas), y el pobre ser privado de su capa- cidad de sobrevivir" (Ibid., p. 1/4).

    440) Ibid., pp. 3-46. El valor de las reflexiones de nuestro autor con- siste en que indica la contradiccin de ciertos sistemas: dicen educar y deseducan, dicen sanar y enferman, pero, lo ms grave es que los mismos "sistemas" no pueden autogobernarse: "Con la posible excep- cin de China bajo Mao, ningn gobierno podra reestructurar la so- ciedad siguiendo una lnea convivencial. Los gerentes burocrticos de nuestros principales instrumentos -naciones, corporaciones, partidos, movimientos estructurados, profesiones- tienen el poder. Este poder est consagrado al mantenimiento de las estructuras orientadas por el desarrollo que manipula... (Estas burocracias gerenciales) no tie- nen, sin embargo, la capacidad de invertir la estructura bsica de los dispositivos institucionales que administran" (Ibd., pp. 2/8-9).

    441) Op. cit., pp. 10-11. En el Informe general de la "reforma de la edu- cacin peruana" se nos dice que "el sistema educativo tradicional

    265

  • reflej siempre en todas sus caractersticas la naturaleza del ordena- miento global de la sociedad y contribuy decisivamente a perpetuar- lo" (Op. cit., p. 15); "exagerando los trminos, podramos decir, aun- que sin estar completamente descaminados, que estamos gastando ms de 7 mil millones al ao para producir cada vez ms analfabetos... A los defectos de tipo educacional vienen a sumarse las deformacio- nes sociales y econmicas de un pas alienado y dependiente, poten- cindose de este modo los resultados negativos del sistema nacional de educacin" (p. 16).

    442) Reforma de la educacin peruana. Informe general, p. 40. 443) Vase "La escuela o la vaca sagrada", en I. Illich, Librer l'avenir,

    pp. 120 ss. Para una repercusin en el mundo europeo de la cuestin de la "desescolarizacin" vase Hartmut von Hentig. Cuernavaca: oder Alternativen zur Schule, 1971, bibliog., pp. 136-139.

    444) Darey Ribeiro, La universidad latinoamericana, p. 100 (bibliogra- fa en pp. 303-314). A este trabajo, el ms importante en su gnero, habra que agregar del mismo autor La universidad nueva. Un pro- yecto, Ciencia Nueva, Buenos Aires, 1973.

    445) Vase "Imperio, universidad y CIA", en H. Silva-H. Sonntag. Uni- versidad, dependencia y revolucin, pp. 141 ss. Con respecto a si " Es posible una sociologa de la liberacin?", vase Orlando Fals Borda, Ciencia propia y colonialismo intelectual, 1970, pp. 22 ss.

    446) Vase H. Jaguaribe, Ciencia y tecnologa en el contexto sociopol- tico de Amrica latina, 1971, la parte histrica en pp. 23-49; Amlcar Herrera, Ciencia y poltica en Amrica latina, 1971; para un planteo del "centro" cfr. Jean J. Salomon, Ciencia y poltica (ed. cast., 1974, bibliogr., en pp. 265-277).

    447) O. Varsavsky, Ciencia, poltica y cientificismo, 1971, pp. 79-80. La revista Ciencia Nueva (Buenos Aires) ha entregado mucho material crtico en esta lnea.

    448) El origen profundo del pensamiento "radical" del centro tiene di- versos puntos de partida. Recordaremos uno. Antes de la Segunda Guerra mundial E. Husserl, Die Krisis der europische Wissenschaf- ten (Husserliana VI, 1962), indic ya la prioridad ontolgica del "mundo de la vida cotidiana" (Lebenswelt, que es "lo ya dado": Vorgegebenheit, cfr. 38, p. 149): la ciencia es un nivel temtico que emerge desde el horizonte no-temtico de la cotidianidad. Desde esa hiptesis M. Heidegger, Die Frage nach dem Ding (Niemeyer, Tbin- gen, 1962), muestra igualmente que la pregunta por la cosa es poste- rior a la pregunta por el ser, por el mundo: las ciencias desde el renacimiento suponen la comprensin natural (pp. 68 ss.). En esta tradicin, pero mediando los descubrimientos de la escuela socio- ontolgica de Frankfurt, est el pensamiento de H. Marcuse, One dimensional man (en su segunda parte, cap. 6 y 7, sobre la racionali- dad tecnolgica y el pensamiento positivo). Por su parte N. Chomsky, American Power and the new mandarins (Pantheon Books, Nueva York, 1969; ed. cast. Ariel, Barcelona, 1971), sita ahora ms expl- citamente todava el problema de la ciencia, la tecnologa y el "inte- lectual" dentro de una reflexin tico-poltica a partir de la guerra de Vietnam. Chomsky hace la radiografa del intelectual "guerrero": "El nuevo acceso al poder de la intelligentsia tcnica es una ilusin o una realidad que va en aumento?" (En "Cultura liberal y objetivi-

    266

  • dad", op. cit., ed. cast., p. 87). Comienza as la crtica de la pretendida universalidad de la objetividad de las ciencias. Por otra parte, las lla- madas "ciencias del hombre" comienzan a descubrir su prioridad tico-poltica sobre las "ciencias de la naturaleza" (sean stas fcticas, exactas...) Vase Stephan Strasser, Phnomnologie et sciences de l'homme, 1967. Otra vertiente del replanteo de las ciencias, la tecno- loga y la funcin del intelectual lo ha dado, desde el "centro", el pensar de Antonio Gramsci, "La formacin de los intelectuales" (en Antologa, Siglo XXI, Mxico, 1970), que nos dice que "el modo de ser del nuevo intelectual no puede ya consistir en la elocuencia, sino en el mezclarse activo en la vida prctica, como constructor, organi- zador, persuasor permanente [...] superior al espritu abstracto ma- temtico; de la tcnica-trabajo pasa a la tcnica-ciencia ya la con- cepcin humanista histrica, sin la cual se sigue siendo especialista y no se llega a dirigente (especialista + poltico) " (p. 392). Gramsci piensa que el intelectual puede ser revolucionario si est orgnica- mente unido al pueblo. Ya en la periferia el pensamiento de Mao Tse-tung, "Reclutar gran nmero de intelectuales" (en Obras esco- gidas, II, pp. 311 ss.) declara que "sin la participacin de los intelec- tuales es imposible la victoria de la revolucin" (p. 311). Se ha visto que el imperialismo, lo primero que hace en las neocolonias es elimi- nar a los intelectuales; tal es el caso de Brasil, Chile, Zaire o Checoslo- vaquia. En especial, se persiguen las "ciencias humanas" critico-libe- radoras. El mejor "caballito de batalla" entonces, que tiene el centro. para su dominacin es el positivismo cientificista (vase Th. W. Ador- no y otros, La disputa del positivismo en la sociologa alemana, ed. cast., 1973) porque pretende gozar de una estructura epistemolgica exenta de toda interpolacin moral, poltica, humana: su pretendida "objetividad" se transforma en un arma "inocente".

    449) Vase "La dependencia tecnolgica", en H. Silva-H. Sonntag, op. cit., pp. 135 ss.

    450) De la misma manera el ego cogito cartesiano est en su origen como vaco de contenidos, siendo aparentemente su propio fundamen- to; para Newton tambin el espacio vaco o absoluto es el punto de partida de la fsica. De la misma manera, las ciencias econmicas par- ten de un "mercado vaco" que se va llenando de "mercancas" que se proponen a la venta del consumidor universal, ideal, puro.

    451) Vase Armand Mattelart, La comunicacin masiva en el proceso de liberacin, 1973, donde explica que "el objeto, el nuevo fetiche, enmascara la mistificacin de una clase que deja de blandir su utopa poltica de igualdad cvica entre los hombres, para proclamar una democracia pragmtica a travs del consumo y la produccin. Como lo proclama un aforismo de publicidad comercial: La TV para todos y todos para la marca X" (p. 43). Vase M. J. McLuhan-Quentin Fiore, Guerre et paix dans le village planetaire, trad. fran., 1970.

    452) Ivn Illich "Hacia una sociedad convivencial, p. 2/47. Para una bibliografa sobre el tema, Ibd., pp. 42/24-41.

    453) Rick Carlson, op. cit., p. 6/154. Este captulo se denomina "El fi- nal de la medicina", como transicin a "Una macro-medicina" (pp. 61182 y ss). Es interesante indicar que son viejos los particularmente "explotados" por la industria quimioterpica y clnico-hospitalaria, mediando el mdico, ya que en los EE. UU. en 1970 cada persona ma-

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  • yor de 65 aos gast 791 dlares (anual), y slo 296 de 19 a 65 aos alcanzaron esa cifra. El "viejo" (que en los pases del "centro" tiene altas jubilaciones) es el objeto preferido de la medicina (vase R. Carlson, op. cit., pp. 6/104 ss. ). Sera muy interesante tomar otros casos de "sistemas pedaggicos" como, por ejemplo, el transporte tal como se practica actualmente: todos ]os medios tradicionales y sumamente baratos, como la bicicleta, el caballo, etc., son suprimi- dos en beneficio del automvil, consumidor de petrleo tal como lo quieren las grandes empresas multinacionales (tanto de automviles como de extraccin y comercializacin del petrleo): vase I. Illich, Alternativas al transporte ("El americano tpico consagra ms de 1.500 horas por ao a su automvil: sentado dentro de l, en marcha o pa- rado, trabajando para pagarlo, para pagar la gasolina, las llantas, los peajes, el seguro, las infracciones, y los impuestos para las carreteras federales y los estacionamientos comunales"; pp. 44/9-10). Lo peor que acontece es que se nos hace creer a los pases "perifricos" que no gozamos de los beneficios de poseer un auto propio. Se ensea a comprar un auto y conducirlo, para ganar tiempo ("porque es oro"), pero al mismo tiempo, al agrandarse las ciudades crecen ms todava las dificultades. Al fin estamos ms lejos y usamos ms tiempo que en la Cristiandad colonial para llegar al trabajo cotidiano y vivir con nuestra familia.

    454) Vase en esta tica los 2-6 del cap. I (t. I, pp. 33 ss), 21-22 del cap. IV (t. II, pp. 22 ss.). y 46 del cap. VII, en este tomo (puede an verse el 58 del cap. IX).

    455) Carlos Fuentes. "Todos los gatos son pardos", en Los reinos origi- narios, 1971, p. 115.

    456) Con respecto a nociones tales como Estado imperial, Estado neoco- lonial, nacin, pas y en especial pueblo, vase en esta tica, cap. IX, 55-56.

    457) Hemos ya indicado el anlisis socio-psicoanaltico de Pierre Legen- dre, L'amour du censeur, sobre el derecho cannigo pontificio en la Edad Media, donde se muestra que es el origen del actual derecho administrativo occidental ("La burocracia como universo feliz y cul- pable", pp. 212 ss.). Es de sumo inters mostrar a las "instituciones" en relacin a la interpretacin freudiana de autocensura (Ueber-ich). Schumpeter explica que "las burocracias europeas son el producto de un largo desarrollo hasta que de ellas naci la poderosa maquina- ria con que hoy nos encontramos... Crece en todos los lugares, inde- pendientemente de los mtodos polticos que una nacin haya adop- tado" (En Capitalismo, socialismo y democracia, trad. cast. Madrid, 1968, citado por Henry Jacoby, La burocratizacin del mundo, p. 280). El manejo burocrtico de la pedagoga (como de todo lo que cae en sus manos, como lo muestra el mismo H. Kissinger en el captulo "Impacto de la estructura administrativa", en su obra American for- eign policy [trad. cast. Poltica exterior norteamericana, 1971, pp. 17 ss]) constituye al maestro en un "empleado" falto de toda creatividad y expuesto cotidianamente a los inspectores de una fra y lejana plani- ficacin. El maestro y el nio introyectan as la censura social de los programas y reglamentos, el Super-yo freudiano que los obliga con frreas exigencias pseudomorales. El "mecanismo burocrtico" es par- te esencial de la pedagoga dominadora.

    268

  • 458) Vase H. Marcuse, "Notas para una nueva definicin de cultura",

    en Ensayos sobre poltica y cultura, 1970, pp. 87 ss. Estamos sin embar- go en desacuerdo con Marcuse (y con la Escuela de Frankfurt) cuan- do se habla de "cultura superior", como lo mejor, por oposicin a la cultura de tendencia "poltica y popular predominante" (p.109). La "lite intelectual" queda mal definida, e igualmente la cultura popular.

    459) Historia de la Iglesia en Amrica latina, en la seccin que tiene por ttulo "La cultura latinoamericana" (p. 60). Sobre este tema pen- samos publicar un volumen con unas seis conferencias que hemos dictado en los ltimos aos sobre la cultura.

    460) Lase lo que explicamos en esta tica, cap. IX, 55, en el tomo III, 2.

    461) Vase un "estado de la cuestin" europea de la problemtica so- bre la ideologa en la obra conjunta (contribuyen Horkheimer, Mar- cuse, Tillich, Plessner, etc.) .Ideologienlehre und Wissenssoziologie, 1974, con bibliografa, editada por Hans-J. Lieber.

    462) Vase el 7 del cap. II de esta tica (t. I, pp. 65-69). 463) Vase M. Heidegger, Sein und Zeit, 35-38, pp. 167 ss. Heidegger

    nos describe el "ser cotidiano ( alltgliche Sein)" inautntico. El peligro est en que los europeos no llegan a distinguir entre cultura inautntica de masa y cultura popular autntica. La nica "salida" ser el trgico solipsismo crtico-elitista de los pocos sabios que se separan de la masa-pueblo por la crtica. Es una inadecuada solucin de la relacin intelectual-historia.

    464) H. Marcuse, Ensayos sobre poltica y cultura, p. 91. Marcuse, que ha indicado en muchas de sus obras la cuestin de la exterio- ridad, no sabe cmo iniciar desde la exterioridad la totalidad de su discurso filosfico. Slo la indica aqu o all pero no como origen de su pensar: He all su lmite! Desde la ideologa del Otro como Enemigo, parten los trabajos del "servicio de inteligencia americano" (Cfr. Vctor Marchetti-John Marks, CIA, 1974).

    465) Anbal Ponce, op. cit., p. 268. 466) H. Marcuse, El hombre unidimensional, ed. cast., p. 123. 467) Guillermo Gutirrez, Ciencia, cultura y dependencia, p. 33. Tra-

    bajo a tenerse muy en cuenta porque introduce ya muchas de las distinciones que hemos usado en esta corta exposicin sobre la cultura.

    468) Sobre la diferencia entre pro-yecto, proyecto y modelo, vase lo dicho en el cap. IX de esta tica, 58 (tomo III, 2). Acerca de los modelos polticos latinoamericanos sobre los que hablaremos a con- tinuacin, vase en dicho pargrafo el esquema 34 (en el mismo tomo 111, 2).

    469) Der Formalismus in der Ethik, p. 495. Sobre este tipo de planteo vase Eduard Spranger, Formas de vida (ed. cast., 1966), pp. 406-421: "El ideal personal". La axiologa no comprendi que el pro-yecto ontolgico funda la estructura ideal de valores (cfr. en esta tica, cap. II, 8, t. I, pp. 80 ss.).

    470) Vase la obrita de Siegfried Keil, Aggression und Mitmenschlich- keit, 1970.

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  • 471) Martin Buber, Reden ber Erziehung, 1964, p. 11. Vase la obra de

    Reinhold Mayer, Franz Rosenzweig: eine Philosophie der dialogisches Erfahrung, 1973.

    472) Mao Tse-tung, "Sobre la nueva democracia", XV, en Obras esco- gidas, t. II, p. 396. En esta corta obra Mao efecta un sinnmero de valiossimas distinciones para nuestra problemtica. Nos habla de "vieja" y "nueva" cultura (Ibd., p. 354), cultura "dominante" (p. 355), cultura "dada (como forma ideolgica)" (p. 354), cultura "im- perialista" (p. 384), cultura "semifeudal" (p. 384), culturas "reaccio- narias" (Ibd.), "revolucin cultural" (p. 387), "la cultura de nue- va democracia es la cultura antiimperialista y antifeudal de las am- plias masas populares" (p. 388), cultura "nacional" (p. 394), "nueva" cultura nacional (p. 395), nueva cultura "mundial" (p. 396), cultura nacional "revolucionaria" (Ibd.), cultura "revolucionaria" (p. 397), los "trabajadores revolucionarios de la cultura" (p. 397), "las masas populares (son) la fuente inagotable de nuestra cultura revoluciona- ria" (p. 398). Todas estas nociones, y muchas otras, deben ser orga- nizadas dentro de un discurso explcito, explicativo.

    473) Hctor Cmpora, Mensaje del presidente de la Nacin, al Congreso Nacional, 25 de mayo de 1973, Buenos Aires, p. 50. Se dice igualmente que "las etapas del proceso de liberacin del actual esquema de depen- dencia cultural, cientfica y tecnolgica, que instrumenta la situacin del sistema educativo y determinaremos, orgnicamente, los pasos para alcanzar una efectiva modernizacin de la escuela y la univer- sidad argentinas, puestas al servicio del pueblo. (Ibd., pp. 49-50).

    474) Reforma de la educacin peruana. Informe general, al comienzo p. 7. En el diagnstico de la situacin educacional se dice que todo lo indicado "se agrava ms si se tiene en cuenta que generalmente (el sistema pedaggico) ha estado orientado al mantenimiento del orden social y econmico establecido como consecuencia del subdesarrollo y de la dependencia" (Ibd., p. 35).

    475) Octavio Paz, El laberinto de la soledad, pp. 136 y 155. En la primera mitad del siglo xx, el pensamiento de un Jos Vasconcelos, La raza csmica, 1966, indicaba bajo el nombre de raza lo que en la actualidad (y en un sentido no ya biologista sino etno-antropolgico) llamaran pueblo. Es por ello que la "inteligencia" mexicana, por ejemplo, "se inclina hacia el pueblo, lo descubre y lo convierte en su elemento supe- rior. Emergen las artes populares, olvidadas durante siglos [...] " (O. Paz, op. cit., p. 136).

    476) En mi obra El catolicismo popular en Argentina, 5 Historia, 1970, p. 151, extrado de Juan Jess Bentez, "Cantares de la tradicin oral bonaerense", en Revista del Instituto Nacional de la Tradicin (Buenos Aires), I, 2 (1948) , pp. 258-294. Vanse ms de cien canciones y obras sobre las tradiciones populares en Argentina, en mi obra citada, pp. 167- 177, y un inicio del tratamiento de la cuestin entre pp. 17-166.

    477) 0. Paz, op. cit., p. 52. El temple festivo, tan mostrado por tantos autores, vase en pp. 42 ss.: "Somos un pueblo ritual [...] El arte de la Fiesta envilecido en casi todas partes, se conserva intacto entre nosotros" (Ibd., p. 42).

    478) Pedagoga del oprimido, p. 242. 479) Los condenados de la tierra, p. 193. En este captulo "Sobre la

    cultura nacional" (pp. 188 ss.), hay muchas indicaciones sumamente

    270

  • importantes, pero, sin embargo, en gran parte situadas en el contexto del pasaje de colonia a neocolonia, y no de sta a nacin libre en realidad, que es la situacin en que se encuentran los pases latino- americanos.

    480) Ibd., pp. 202-203. "La lucha por la cultura nacional es, en primer lugar, luchar por la liberacin de la nacin, matriz material a partir de la cual resulta posible la cultura. No hay un combate cultural que, se desarrolle paralelamente a la lucha popular" (p. 214). De esta ma- nera, el intelectual revolucionario plantear la cuestin de fondo: "Como es una negacin sistemtica del otro, una decisin furiosa de privar al otro de todo atributo de humanidad, el colonialismo empuja al pueblo dominado a plantearse constantemente la pregunta: Quin soy en realidad?" (p. 228). Esta respuesta terica debe aportarla el intelectual liberador, fecundante de la cultura liberadora.

    481) Reforma de la educacin peruana. Informe general, pp. 135-136. 482) Hctor Cmpora, Mensaje, cit. ant., p. 57. 483) Vase lo ya indicado en el cap. VI, 36 (t. II, pp. 163- 174). En

    esas pginas fue bosquejada toda la pedagoga, que ahora pensaremos a otro nivel.

    484) Tractatus Logico-Philosophicus, 1 y 1.1; 1973, pp. 34-35. Con pocas variaciones es lo que hemos explicado en los cap. I y II de esta tica. El "hecho" (Tatsache) no es exactamente el "ente" para nosotros, pero, en cambio", "la cosa" (Dinge) se acercara ms a lo que nosotros deno- minamos cosa-real.

    485) Ibid., 6.41; pp. 196-197. Es exactamente la conclusin a la que hemos llegado en el 20, del cap. IV de esta tica (t. II, p. 15).

    486) Para Kant, el ms all del saber es objeto de fe racional, de sabidura, es el "corpus mysticum de los entes racionales" (KrV, B 836, A 808). Vase mi obra Para una de-struccin de la historia de la tica, cap. III, 15, b.

    487) L. Wittgenstein, op. cit., 6.421, pp. 196-197. 488) Ibid., 6.423, pp. 198-199. 489) Ibd., 6.43. 490) Ibd., 6.522, pp. 202-203. 491) Ibd., 7. 492) Ibd., 6.45, pp. 200-201. 493) Ibd., 6.522, pp. 202-203. 494) Aplquese a la pedaggica lo que de manera analgica hemos dicho

    por semejanza en los 26-28, cap. V, de esta tica (t. II, pp. 66-89). 495) Max Horkheimer "Autoridad y familia en la poca actual", en

    Sobre el concepto del hombre, p. 124. Vase en pp. 128-130, una des- cripcin del thos de dominacin pedaggica: "El carcter autoritario se aferra rgidamente a valores convencionales [...] Odia todo lo que es dbil... Se opone violentamente a toda autocrtica... Piensa en forma de conceptos jerrquicos [...] Es pseudoconservador, vale decir, que se aviene al mantenimiento del statu quo [...] La religin le parece importante slo desde puntos de vista pragmticos [...]".

    496) Paulo Freire, Pedagoga del oprimido, p. 78.

    271

  • 497) Ibid., p. 77. Sobre la educacin bancaria, pp. 73 ss. 498) En la Edad Meda los vicios opuestos a la veracidad eran denomi-

    nados: mendacium, simulatio hypocrisis, jactantia e ironia. (Vase Toms de A., Summa II-II, q. 90-93.)

    499) Cuando se dice que "ratio-mendacii sumitur a formali falsitate: ex hoc scilicet quod alquis habet voluntatem falsum enuntiandi" (Idem, q. 90, a.l, resp,), no se plantea todava la cuestin actual de la ideologa como forma social o histrica de encubrimiento.

    500) Vase en esta tica 29-31, cap. V, t. II, pp. 89-128. En el esque- ma 26 la praxis de liberacin pedaggica se ha representado con la flecha d, que arranca como proceso desde el hijo-pueblo como opri- mido (C), pero esencial y positivamente desde el hijo-pueblo como exterioridad (D), y se dirige haca el pro-yecto pedaggico de lbe- racin (e). 501) Hemos citado este texto de Rousseau en el 49 con nota 394 (mile, pp. 27-28). Los textos que citamos a continuacin son extrados de las mismas pginas.

    502) Vase entre otras publicaciones J. Sauvageot-D. Cohn Bendit, La rvolte tudiante. Les animateurs parlent, 1968: "Quieren la revolu- cin, pero no pretender efectuarla en un partido. La sociedad capi- talsta es el enemigo. Los aparatos burocrticos el freno" (p. 11). Es una rebelin contra, pero no slo contra sino a favor de un pro- yecto que viven y com-prenden (como todo pro-yecto meta-fsico) pero que no pueden expresar: es lo nuevo, vencermosle con devo- cin quasi religiosa. Lo cierto es que Francia tembl entera y, de hecho, el gaullismo no pudo recuperarse. El segundo edipo, de situa- cin ertico-familiar (como rebelin contra un padre dbil y en crisis con el que es imposible la identificacin para el nivel poltico (contra un sistema burocrtico, nuevo padre dominador, pero hipcrita, en- mascarador, escindido, en crisis tambin). Vase Klaus Allerbeck, Soziologie radikaler Studentenbewegungen: eine vergleichende Unter- suchung in der Bundesrepublik Deutschland und den Vereinigten Staaten, 1973 (biblog., pp. 246-263). El trabajo ya citado de Alejandro Nieto, La ideologa revolucionaria de los estudiantes europeos, es muy completo, ya que se muestran las variedades nacionales del movimiento estudiantil internacional, el pasaje del inmovilismo a la renovacin, del reformismo a la revolucin, con sus supuestos ideolgicos funda- mentales (negacin de la neutralidad universalista de la ciencia, la enseanza, el estudiantado y la oposicin a la autoridad dominadora) . Puede concluirse que el movimiento estudiantil "no tiene por funcin el triunfo, (su funcin) no es la de sustituir a los partidos polticos proletarios, sino abrir como vanguardia una brecha en el sistema, por la que puedan entrar luego las dems fuerzas... Y como se trata de una nueva oposicin, y de una brecha indita, y se refiere a hom- bres nuevos, nada tiene de particular que empleen un idioma, una tcnica y unos smbolos nuevos" (p. 160). Es lo que se llama la "nueva izquierda".

    503) En China es donde nace el concepto de revolucin cultural. Para Mao Tse-tung, "El movimiento del 4 de mayo", en Obras escogidas, II, pp. 243 ss., la revolucin cultural comienza cuando "la clase obrera, las masas estudiantiles y la recin nacida burguesa nacional" propo- nen una nueva cultura antiimperialista y antifeudal (anti-confuciana,

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  • entonces), aunque todava burguesa (p. 243). Ser Slo en 1966 que Mao lanza a la juventud (los "guardias rojos") , apoyado por el ejrcito, a la "limpieza" del partido comunista chino que se le haba "ido de las manos". Fue una operacin tctica de recuperacin. Sin embargo, la "nueva izquierda china" fue ms lejos y lleg a criticar al mismo Mao. Sus miembros fueron enviados al campo, de donde no regresaron ni regresarn jams. No hubo en este caso tambin un filicidio? No se utiliz la juventud en un momento tctico pero se la conden estra- tgicamente?

    504) En el Africa negra se trata de la lucha contra la cultura metro- politana, principalmente francesa e inglesa, pero el movimiento juvenil ser ingenuo ante los peligros de la cultura nacional neocolonial. Vase Jean Pierre Ndiaye, La juventud africana frente al imperialismo, 1973. En esta obra se muestra cmo en Senegal hubo tambin, en mayo del 68, una verdadera revuelta juvenil, pero sta se repiti en 1969, mientras que no en Francia, por qu la diferencia? "Lo que la patro- nal francesa poda hacer, al contar siempre con la ventaja de la sobre- explotacin neocolonial, eso, Senghor no lo poda hacer" (pp.88-89). El poder neocolonial del estado dependiente no puede aportar las solu- ciones del "centro": son demasiado caras y por otra parte suponen la liberacin poltica y econmica. Por ello, en los pases perifricos los movimientos estudiantiles han continuado. Es decir, "la situacin econmica en los pases pobres tiende a empeorar, al tiempo que el estado general de conciencia y de educacin va creciendo" (Renate Zahar, Colonialismo y enajenacin. Contribucin a la teora poltica de Frantz Fanon, 1970, p. 122), de donde se deduce un recrudecimiento creciente de los conflictos estudiantiles en el Tercer Mundo. Por ello la guerra antirrevolucionaria del imperialismo tiende a cerrar las facul- tades crticas en las universidades perifricas: las de ciencias humanas, sociologa (poltica conflictual de la dependencia) y psicologa (descu- brimiento del segundo edipo y del Freud socio-cultural).

    505) Vase el estudio de Armand y Michele Mattelart, Juventud chilena: rebelda y conformismo a partir de una encuesta nica en su gnero. Llevada a cabo cientficamente entre jvenes estudiantes (de clase alta, media y baja), obreros, empleados, campesinos, marginales urba- nos y rurales, el estudio abre enormes posibilidades de reflexin filo- sfica en la pedaggica. Considrese el Cuadro de la pgina siguiente para Chile, 1969. El autor deduce que el joven universitario se sita como "privile- giado del ideal" (Ibd., p. 317), de all que "alimentan tanto sueos de realizacin personal como social" (Ibd.). Esta juventud "autocons- ciente" y todava libre ante el "sistema" es temible para la cultura patriarcal imperialista del centro y gerencial de la periferia. El filicidio lo realizan tanto los servicios de inteligencia (vase el plan para las universidades latinoamericanas ideado por la CIA) como las fuerzas de represin (tal el caso de Tlatelolco, pensado crticamente por Octa- vio Paz en Posdata: "Tlatelolco es la contrapartida, en trminos de sangre y de sacrificio, de la petrificacin del PRI", p. 149; el PRI, el partido oficial, el Estado neocolonial latinoamericano es el padre cas- trador del hijo, padre terrorfico). Sin advertirlo, el padre-Estado ase- sina a la juventud, al hijo, como venganza: venganza contra su padre tambin castrador, venganza de ser un reprimido en un sistema que lo frustra, imposibilidad de dejar ser al hijo como Otro, como libre,

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  • 274

  • como nuevo, como lo que l no pudo ser. Mattelart nos muestra que la juventud de empleados, en cambio, tiene una "doble tendencia esca- pista y realista" (pertenece por su oficio ms a la cultura de masa); al joven obrero "algunos podran considerarlo pragmatista" (p. 317). Es entonces necesario diferenciar las diversas juventudes. Entre ellas los campesinos, siendo los ms oprimidos, son los que tienen menos conciencia de su opresin. Esto nos permitir comprender la impor- tancia del maestro pro-feta crtico de la liberacin. Por otra parte, es normal que ante el sistema pedaggico el que pueda decir la palabra ms interpelante es el alumno-discpulo ms crtico, el universitario. Su crtica es la crtica del niito reprimido, del empleado burocrati- zado, del obrero funcionalizado.

    506) " [...] parentes e patria, a quibus et in qua et nati et nutriti sumus" (Toms de A., Summa, II-II, q. 101, a. 1, resp.). La cultura popular es al mismo tiempo la de los padres y la patria.

    507) Vase lo que hemos dicho sobre esta conversin, slo en su sentido ontolgico, en el 33, cap. VI (t. II, pp. 134 ss.); en su sentido meta- fsico en 37, pp. 175 ss.; y 39, pp. 193-195.

    508) Toms de A., Summa, II-II, q. 104, a. 4, resp. 509) " [...] alteri exponit per signa et sic ratio naturalis discipuli [en

    este caso el futuro maestro...] pervenit in cognitionem ignotorum" (Toms de A., De magistro, en De Veritate, q. 11, a. 1, resp. F; p. 226 a).

    510) "Creduntur enim absentia, sed videtur praesentia [...] unde ratio- nes credibilium sunt ignotate nobis" (Idem, De fide, en De Veritate, q. 14, resp., y ad 1; p. 298 a). Vase lo que hemos dicho de la fe antro- polgica en 31, cap. V (t.II, pp. 116-118 y nota 505, p. 241).

    511) El cara-a-cara es una situacin originaria de no-comunicacin- todava, que no debe confundrsela con la incomunicacin de los miem- bros de la Totalidad (Vase Carlos Castilla del Pino, La incomunica- cin, 1970, donde se exponen los modos de incomunicacin totalizada: incomunicacin en la cotidianidad, el aburrimiento, la rutina, el feti- chismo, reificacin, etc., pp. 69 ss). La "comunicacin" de la que hablamos es aquella que se alcanza superando analcticamente el pro- pio horizonte, para con-vergir con el Otro en un nuevo mbito del "nosotros". La juventud tiene dificultades de poseer con el mundo del sistema un mbito de autntica comunicacin.

    512) Nocin muy empleada por I. Illich en sus obras ya nombradas. Significa superar la mera "comunidad" (del poner algo en comn) por el vivir-con (con-vivir como supremo bien humano) : convivialidad.

    513) El filsofo argentino Osvaldo Ardiles viene trabajando esta nocin de gran fecundidad para la descripcin del ejercicio de la filosofa y del magisterio en general. El "militante" es alguien que inmerso en la praxis descubre la necesidad de una "teora" real. Habermas, citando a Lukcs, indica en Theorie und Praxis que "la organizacin es la forma de mediacin entre la teora y la praxis" (p. 39). Si esto es verdad societariamente; antes an la mediacin se produce en el "mili- tante" que est en la base de la organizacin y es su creador.

    514) El lder de la revolucin china nos propone un nuevo modelo de maestro: "La cultura revolucionaria es para las grandes masas popu- lares una poderosa arma de la revolucin... Los trabajadores revo- lucionarios de la cultura (sic) son comandantes en diferentes niveles

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  • de este frente cultural [...] Un trabajador revolucionario de la cultura que no vaya a las masas es un comandante sin tropas y no dispone de la potencia de fuego para abatir al enemigo. Para alcanzar este obje- tivo, la lengua escrita debe ser reformada bajo determinadas condi- ciones y nuestro lenguaje tiene que aproximarse al de las masas popu- lares, porque son ellas la fuente inagotable de nuestra cultura revo- lucionaria. Cultura nacional, cientfica y popular: tal es la cultura antiimperialista y antifeudal de las amplias masas populares" (Sobre la nueva democracia", en Obras escogidas, II, pp. 397-398). Es lo que nos deca Paulo Freire: "Slo en el encuentro del pueblo con el lide- razgo revolucionario, en la comunin de ambos, se constituye la teora" (Pedagoga del oprimido, p. 242). Sin esta "teora" el espontanesmo la demagogia o la contrarrevolucin desvan al pueblo de su pro-yecto de liberacin histrico. Es la posicin de Gramcsi, "el intelectual or- gnico".

    515) Toms expone la "verdad como virtud" dentro del tratado De jus- titia (Summa, II-II, q. 109). Indica que "la virtud de la fe es la que tiene por Objeto la verdad" (Ibd., a.l, obj.l), pero "la verdad puede ser tomada de dos modos: de un modo, cuando por la vedad algo se dice verdadero... La verdad se puede decir de otra manera, cuando alguien dice algo verdadero, por lo que alguien es llamado veraz; la tal verdad o veracidad es virtud" (Ibd., resp.). Y es parte de la jus- ticia porque el "acto de veracidad dice relacin al Otro (ad alterum) [...] en cuanto que un hombre se manifiesta al Otro (alteri manifes- tat) " (Ibd., a 3, resp.).

    516) El pensamiento tradicional exiga a los hijos pietas o amor filial al padre (Ibd., q. 1Ol: "[...] ad pietatem pertinet exhibere cultum parentibus et patriae"), poco y nada se dice de las virtudes del padre o maestro para con el hijo. Sin embargo; como el Otro es lo sagrado, pueden aplicarse en sentido estricto pero antropolgico relaciones con respecto a lo sagrado. Si hay un culto con los padres (los mos) y la patria (la ma) , cunto ms no habra con el Otro como otro? El maestro debe tener como una religin por el discpulo (religin antro- polgica) (cfr. Ibd., q. 81), por el "pobre". De la misma manera debe consagrarse a su servicio ("devotio dicitur a devovendo [...] Unde devotio est specialis actus voluntatis; Ibd., q. 82, a. 1, resp.). Esa devo- cin sagrada que el maestro tiene por sus discpulos le mueve a per- manente disponibilidad y al servicio sin claudicaciones a la veracidad hasta la muerte si fuera necesario. Esto explica la muerte de Scrates, y antropolgicamente la crucixin del rabi (maestro) de Galilea. Esencialmente el maestro no puede obligar por coaccin fsica al discpulo, sino por insinuaciones, por convencimiento; de all que deba pedirle, rogarle (Ibd., q.83), a fin de que aceptando nuestra splica "sea l mismo". Por otra parte, el maestro debe "poner" signos de su fidelidad, debe sacrificarse l mismo como testimonio (Ibd., q.85), debe saber ofrecerle su misma vida (Ibd., q.86), con voluntad firme que obliga para siempre (Ibd., q. 88). En su esencia el "pacto" anti- rousseauniano o anti-sarmientino es un juramento del maestro (Ibd., q. 89) a consagrarse a la ob-ediencia del discpulo para que se libere mediante su servicio crtico.

    517) Algunas de estas oposiciones vanse en la obra de Paulo Freire, Pedagoga del oprimido, pp. 159-244.

    518) Cfr., La educacin como prctica de la libertad, pp. 1.51-179, Apn-

    276

  • dice. Nos propone diez situaciones, que permite al hombre de pueblo, a travs de dibujos o fotos de su vida cotidiana, la del barrio, pueblo o lugar, descubrir las estructuras reales en las que vive pero que no haba advertido. De all surgen "las 17 palabras generadoras seleccio- nadas del universo vocabular" (p. 173) del educando. Ellas deben ser una sntesis de su vida, sea cultural, econmica, poltica, familiar; en ellas debe des-cubrirse como exterioridad dis-tinta. Desde su exterio- rioad comienza la liberacin.

    519) Vase lo dicho sobre los "sistemas" en el 51, como, por ejemplo, el "sistema escolar" o el "sistema de la salud".

    520) Vanse las obras citadas de Illich, en especial, Alternativas al mdico, y Une socit sans cole, en particular, el apartado "Caracters- ticas generales de las nuevas instituciones educativas" (pp. 128-171), donde se encontrarn normas para un replanteamiento de las nue- vas mediaciones desescolarizadas.

    521) Reforma de la educacin peruana. Informe general, p. 45. 522) Ibid., pp. 134-153. 523) Ibid., pp. 179 ss. En Amrica latina hay diversas experiencias que

    deben ser tenidas en cuenta: tal como la campaa de alfabetizacin en Cuba, el sistema educativo costarricense, los antiguos "institu- tos del trabajo" en Argentina (1948-1955), etctera.

    524) Toms indica que la pietas se ocupa de "exhibir culto a los padres y la patria" (op. cit., II-II, q. 101, a. 1, resp.).

    525) Nicols Guilln, El son entero, 1968, p. 66, en el poema "Cuando yo vine / a este mundo".

    526) "Todos los gatos son pardos", en Los reinos originarios, pp. 114-116. 527) El texto que a continuacin se propone, fue una conferencia dic-

    tada de viva voz en la IV Semana Acadmica de la Universidad del Salvador de Buenos Aires, el 16 de agosto de 1973, de all el estilo oral pobre en vocabulario que se deja ver. Sin embargo, como en otras oportunidades, creemos que puede ser til tal como se encuen- tra, aunque ms no sea para servir de "ayuda memoria" a los que participaron en dicha Semana de estudios.

    528) Sarmiento, Facundo, Losada, Buenos Aires, 1967, pp. 39 y 51. 529) Brevsima relacin de la destruccin, t. V, p. 142. 530) I Snodo de Santiago (AGI, Audiencia de Chile, 65). 531) Ed. Ateneo Filosfico de Crdoba, Crdoba., 1951, t. I, pp. 210 y ss. 532) Prefacio de Sartre al libro de Frantz Fanon, Los condenados de

    la tierra, FCE, Mxico, 1963, p. 7. Vase la obra de Memmi, Retrato de un colonizado.

    533) Lunfardo argentino: hacer pedazos una pieza de animal; oficio de carnicero.

    534) Este tema, sobre la ciencia, no pudo ser expuesto con suficiente extensin por falta de tiempo. Sobre dicho tema aparecer una pu- blicacin ms amplia.

    535) "El cristianismo, su plusvala simblica", en Cuadernos de la Realidad Nacional, Santiago, 12, 1972, pp. 154-180.

    536) Mxico, Siglo XXI, 1973, pp. 37-40.

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