González Romero, G. (2006) Innovación, redes y territorio ... · PDF file...

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    González Romero, G. (2006) Innovación, redes y terr itorio en Andalucía. Sevilla, Universidad de Sevilla y Consejería de Obras Públic as y Transportes.

    CCAAPPÍÍTTUULLOO 22..-- IINNNNOOVVAACCIIÓÓNN,, DDEESSAARRRROOLLLLOO YY TTEERRRRIITTOORRIIOO 2.1.-INNOVACIÓN Y NUEVAS LÓGICAS DE ARTICULACIÓN SO CIEOCONÓMICA Y ESPACIAL.-

    2.1.1.-Innovación y nuevas formas de organización s ocioeconómica.- Cada momento de la evolución de la historia del hombre ha venido marcado por

    una determinada caracterización tecnológica que le era propia. Si esto siempre fue así, el advenimiento del sistema capitalista acentuó ese proceso, de forma que las innovaciones y la tecnología se convierten en variables con un peso cada vez mayor en el sistema productivo. La noción de innovación ha sufrido una transformación conceptual que ha tenido lugar de forma paralela a los cambios que ha experimentado el sistema de generación de innovaciones en el sistema productivo. Así, para las principales escuelas de pensamiento económico la innovación fue considerada como un elemento exógeno al proceso productivo, por lo que no fue hasta mediados del siglo XX cuando se vinculó cambio tecnológico y desarrollo económico (Abramovitz, M., 1950; Solow, R., 1957). Esta nueva concepción supuso que de la visión schumpeteriana de la innovación como resultado de una acción individual pasara a ser entendida como un proceso más complejo, como una secuencia lineal y ordenada de etapas que iban desde la investigación y el desarrollo tecnológico hasta la obtención de resultados. En este sentido se explica que, a partir la segunda mitad del siglo XX, la estructura de generación de innovaciones y nuevas tecnologías sufriera un cambio sustancial al sistematizarse la actividad científica que, hasta entonces, había sido realizada por genios individuales; de esta forma, de la disociación entre generación de innovaciones y su aplicación técnica, se pasó a la formalización y sistematización de los procesos de investigación y desarrollo elaborados por las empresas y los Estados. Hubo que esperar a finales de la década de los setenta, para que comenzara a generalizarse un nuevo concepto de innovación, según el cual ésta no sólo procede de la investigación básica, sino que también se genera fruto de cambios acumulativos y adaptaciones; de esta forma, se acepta que la innovación pueda obtenerse fuera de las actividades estrictamente de investigación y desarrollo. (Nelson, R. y Winter, S., 1982; Rosenberg, R., 1982, Dosi, G., 1984; Pavitt, K., 1984; Kline, A. 1985; Freeman, Ch, 1987; Ayres R., 1994, Hall, P., 1994). En las últimas décadas, se ha enriquecido esta interpretación, insistiéndose en una visión sistémica del proceso de generación de innovaciones, según el cual en el mismo tienen lugar interrelaciones constantes entre las actividades directamente productivas, las ligadas a otras fases de la cadena de valor (marketing, distribución y comercialización) y los elementos de su entorno territorial. Esto

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    último supone que la innovación deja de estar relacionada, exclusivamente, con las capacidades individuales de las empresas para generar y poner en valor nuevos conocimientos, entendiéndose ahora a la innovación como un proceso colectivo antes que individual, que es consecuencia de las relaciones que se establecen entre los diferentes actores (empresas e instituciones) implicados en los procesos innovadores. En las últimas décadas, la introducción generalizada de innovaciones ha supuesto un cisma con el anterior modelo productivo y sistema tecnológico, desembocando en unos profundos cambios socioeconómicos (Pérez, C., 1986; Hall, P. y Preston, P., 1990). De esta manera, hoy día nos encontramos ante una nueva fase del capitalismo, la Tercera Revolución Industrial (Ominami, C. edit., 1986) donde, como en las anteriores, la tecnología se presenta como uno de los pilares sobre los que se asienta el desarrollo económico pero ahora, aún más si cabe, aquélla va a adquirir un papel todavía mayor. En esta nueva fase del capitalismo, la rapidez y profusión de aparición de nuevas tecnologías e innovaciones tienen tal peso que se han convertido en uno de sus rasgos distintivos, hasta tal punto que han condicionado las calificaciones con las que se ha denominado a esta etapa. Así, para algunos autores como M. Santos (1994) nos hallamos ante un capitalismo científico- técnico; y para otros como M. Castells (1995) nos encontramos frente a una sociedad informacional.

    La capacidad de innovación se presenta como una ventaja competitiva para las empresas y territorios que las acogen. Por un lado, las nuevas tecnologías constituyen la infraestructura sobre la que se sustenta la globalización económica, permitiendo la integración de los procesos económicos a nivel mundial, la flexibilidad de organización del sistema productivo, la aparición de nuevos productos, servicios, formas de producción y de relaciones laborales. Por otro, los sectores que las desarrollan (informática, telecomunicaciones, junto con otras industrias de alta tecnología como la robótica, ofimática, biotecnologías, nuevos materiales, o energías renovables) son aquéllos que están experimentando los más altos niveles de crecimiento, contribuyendo a dinamizar, en mayor medida, la economías de los ámbitos en los que se desarrollan (Castells, M. y Hall, P., 1994); de esta manera, se ha producido un cambio en la jerarquización de los sectores industriales, siendo los referidos los que ostentan las primeras posiciones. Pero, no sólo son los sectores industriales de nuevas tecnologías los motores del crecimiento económico en la actualidad, sino que también lo son aquéllos que han sabido introducirlas en sus procesos de producción. Por ello, en la mayor o menor capacidad de las empresas en generar e incorporar este tipo de producciones y de innovaciones se encuentra la clave de su éxito, del que dependerá su inserción de forma competitiva en la economía mundo. Es más, hay autores que sostienen que para que pueda tener lugar la asimilación de nuevas tecnologías por las empresas, éstas tienen que tener una mínima capacidad innovadora puesto que “... la innovación tecnológica…depende de los procesos tales como aprender con la práctica más que de los manuales de funcionamiento preparados al efecto” (Castells, M.y Hall, P., 1994, 24). Con relación a las formas generación y asimilación de innovación por las empresas se pueden diferenciar dos vías: desarrollo interno o difusión externa. Por lo que respecta al

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    desarrollo interno de innovaciones hay que señalar que, tradicionalmente, se ha limitado a las labores de investigación y desarrollo llevadas a cabo en departamentos creados ex profeso. Sin embargo, el alto grado de competencia y la celeridad en la aparición de nuevas demandas restringen las capacidades de las unidades convencionalmente establecidas para la generación de innovaciones en el tiempo requerido; de forma que, la colaboración entre diferentes elementos de la cadena productiva y entre productor- cliente, se destaca como una nueva forma de organizar la producción, llegándose a alterar el proceso tradicional de generación de nuevos productos o servicios, puesto que ahora éstos también se van a realizar según las directrices y las exigencias de los clientes. De esta manera, cada vez más las innovaciones van a ser fruto de las actividades informales y no sólo de las desarrolladas en las unidades formales, como puedan ser los departamentos de Investigación y Desarrollo. La segunda vía de acceso a la innovación es a partir de procesos de difusión externa, que van a tener una importancia crucial para las pequeñas y medianas empresas, los sectores maduros y los sistemas productivos periféricos, pues, ni unos ni otros disponen del capital financiero necesario, ni de los recursos humanos cualificados para generar nuevos conocimientos derivados de actividades de investigación y desarrollo tecnológico. Por tanto, su actividad innovadora se desarrolla gracias a la compra de tecnología externa y a la adaptación de innovaciones que se encuentran en el mercado, constituyéndose ésta en otra forma de innovar. En estos procesos de innovación resultan fundamentales las relaciones de cooperación entre empresas e instituciones; dado que gracias a las mismas se refuerzan las capacidades de innovación individuales de las firmas. De entre las labores desarrolladas por las instituciones cabe destacar las llevadas a cabo por los institutos tecnológicos y centros de transferencia que informan a las empresas sobre las novedades del mercado, los canales de acceso a la innovación y las posibilidades de financiación, además de asesorar sobre los procedimientos necesarios para adaptar las nuevas tecnologías. No todas las innovaciones tienen las mismas características, ni generan los mismos impactos sobre la empresa y el sistema productivo, así, en función de la intensidad del cambio que introducen o del proceso u objeto al que afectan, se pueden establecer diferentes clasificaciones de las innovaciones. En cuanto a la intensidad del cambio se diferencian las innovaciones radicales de las incrementales, adaptativas o acumulativas:

    � Por innovaciones radicales se entienden a aquéllas que aceleran “...el cambio tecnológico al tiempo que tiene lugar la aparición de nuevos procesos y productos que, al difundirse al conjunto del sistema, originan alteraciones de carácter estructural que identifican lo que algunos consideran como una revolución tecnológica” (Méndez, R.; Caravaca, I.